Bitacoras de Victor

CAPITULO 2

BITÁCORA DE CAMPO #002

IDENTIFICACIÓN Y REGISTRO TÁCTICO

  • Operativo: Víctor Salazar — Rango: Alfil
  • Unidad de Transporte: Aeronave táctica Spartan (Matrícula W.S. Industries)
  • Estado Personal: Fatiga física alta / Ingesta de potenciador biológico en curso
  • Efectivos a Bordo: Escuadrón Astas + Sobrevivientes civiles de la incursión en Colón

El rugido de las turbinas del Spartan retumba en la estructura del fuselaje mientras ganamos altitud sobre la línea de costa. Apenas nos estabilizamos en el aire, intenté establecer enlace de radiofrecuencia con el Comando de Regimiento, buscando ponerme en contacto directo con el Comandante Drake.

Sé perfectamente que a ese hombre no le va a gustar en absoluto el reporte que llevo conmigo: fracasamos en la misión principal. No pudimos asegurar ni ubicar a Thiago Marconi dentro del perímetro escolar. Drake es una figura envuelta en un halo de absoluto misterio; llevo años sirviendo bajo su mando e intentando descifrar el verdadero alcance de su influencia en la cadena directiva, sin lograr jamás penetrar su coraza.

Siento los músculos tensos y una agitación inusual en el pecho. ¿Habré bajado mi rendimiento físico durante los últimos meses de entrenamiento?, me cuestiono mientras observo el temblor involuntario de mis manos. Para contrarrestar la fatiga acumulada tras el combate en la escuela, echo mano de mi botiquín y tomo un potenciador militar: una cápsula energizante de grado táctico formulada para acelerar el torrente sanguíneo, agudizar los reflejos e inyectar una descarga inmediata de fuerza física y adrenalina.

La aeronave en la que volamos es un Spartan, una proeza de ingeniería desarrollada por W.S. Industries (World System), el conglomerado tecnológico que abastece a las fuerzas armadas con equipamiento de última generación. Entre sus desarrollos más ambiciosos se encuentran los prototipos de exoesqueletos combativos. La industria trabaja a marcha forzada para evolucionar este mecanismo hacia una armadura metálica integral que selle por completo al soldado, capaz de absorber impactos de alto calibre e incluso fragmentación de proyectiles pesados.

Por doctrina, el uso de esta tecnología está reservado exclusivamente para los operadores de mayor jerarquía: los rangos de Rey y Dama. El Oficial Nicolás no porta su unidad por una decisión estrictamente personal y pragmática, prefiriendo la movilidad ligera. En toda la división, la presencia de estos trajes es extremadamente escasa; habré visto a lo sumo a dos efectivos equipados con el exoesqueleto en el campo, siendo el Comandante Drake uno de ellos. Son dispositivos sumamente costosos, requieren un conocimiento técnico avanzado para su calibración y su reparación en el frente es un dolor de cabeza logístico.

Grabo estas notas utilizando la grabadora de voz integrada en mi telecomunicador táctico. No se trata solo de un hábito de disciplina personal: los altos mandos imponen la entrega obligatoria de estos registros para compilar inteligencia sobre la propagación y sintomatología de "El Infeccioso", manteniendo al mismo tiempo un control riguroso sobre las funciones operativas de cada oficial.

El vuelo se mantiene extrañamente tranquilo tras el infierno que dejamos atrás en Colón. Sin embargo, en el compartimento de carga, el ambiente entre los civiles es tenso y sofocante. Los sobrevivientes no paran de moverse, aterrados e inquietos, exigiendo respuestas sobre nuestro destino final y preguntando desesperadamente si sus familias lograrán llegar a los refugios.

Saben que el mundo exterior se está desmoronando, y mis respuestas no van a ser las que quieren escuchar.

Me acomodé en la banca metálica para observar al resto del escuadrón. Daniel, que solía ser el motor de las bromas y el tipo más ruidoso del grupo, llevaba un rato largo en silencio, con la mirada perdida en las planchas de remaches del suelo. Un comportamiento tan serio en él resultaba antinatural.

—Daniel, estuviste demasiado callado hoy. ¿Se puede saber qué te pasa? —le pregunté, intrigado por su cambio de actitud.

—Es que estuve muy concentrado... pensando —respondió, dejando salir un suspiro pesado mientras se pasaba las manos por la cara—. Estaba enfocado en darles una mano a ustedes y sacar a los civiles del colegio. Ahora que la adrenalina bajó un poco, me siento más aliviado, pero...

—¿Y qué opinás de este día tan encantador? —intervine en un tono mordaz y sarcástico para intentar aflojar la tensión.

—Bueno... fue duro —contestó Daniel, apretando los puños con una rabia contenida que le hacía temblar los nudillos—. Esos engendros aparecieron de la nada. En cuestión de minutos todo se salió de control. Me enferma pensar que la ciudad de Colón se desmoronó bajo nuestra guardia... Pensar que la perdimos por nuestra culpa me frustra bastante.

—Oigan... ¿saben a dónde nos llevan? —interrumpió Emma en un murmullo tímido, alzando la vista desde el fondo del compartimento de carga.

—Nos dirigimos a un refugio militar —le contestó Vanessa con voz suave, tomando la iniciativa para calmarla—. Vas a estar a salvo ahí.

—¿Un refugio?... ¿Y qué va a pasar con mi familia y mis amigos? —preguntó la chica, con la angustia marcada a fuego en los ojos—. Ellos todavía están en Colón...

—No te preocupes, piba —intervino Patricio con firmeza, dándole una palmada tranquilizadora en el hombro—. El mando está enviando unidades de extracción para rescatar a todos los sobrevivientes que quedaron en la zona.

—Está bien... —susurró Emma, recostando la cabeza contra la estructura del fuselaje, aparentemente consolada por las palabras del novato.

Daniel la observó un segundo y luego soltó una advertencia helada:




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