Bitacoras de Victor

CAPITULO 3

La penumbra en la que me hallaba era tan densa que el aire se sentía espeso, acre, impregnado de un hedor metálico a óxido y humedad podrida. ¿Otra pesadilla más? El silencio arañaba los oídos.

Dando pasos torpes y amortiguados sobre la nada, me dirigí hacia la única silueta visible: una puerta de madera carcomida. Su picaporte de hierro, oxidado y helado como el hielo, crujió al ceder bajo mi peso.

Apenas abrí una rendija, el abismo al otro lado cobró vida.

De la oscuridad absoluta brotaron múltiples manos de un negro azabache, viscosas y descarnadas, que me atenazaron los hombros y el cuello con una fuerza descomunal. Quedé paralizado, incrustado contra el marco, mientras de las tinieblas emergía una figura dantesca.

Era imposible distinguir sus facciones humanas. Lo único que recortaba la penumbra era una máscara de metal grisáceo, abollada y macabra, conectada a un respirador lateral que emitía un silbido mecánico, asmático y constante: un jadeo muerto. Dos lentes circulares despedían un fulgor cenizo y tenue, iluminando débilmente la habitación con un brillo enfermo.

Sin emitir una sola palabra de advertencia, el ser dejó caer un garfio herrumbroso que descendió desde el interior de su manga. El arma no tenía brillo: en su punta mellada colgaban jirones de piel humana reseca y tiras de carne oscura aún adheridas al metal.

El ataque no fue humano; se movió con la velocidad de un rayo de sombra.

Un estallido de dolor inhumano me reventó el torso cuando el garfio se enterró hasta la empuñadura en mi estómago. Sentí el desgarro húmedo de mis entrañas retorciéndose sobre el metal. Al mirar hacia abajo, la sangre que brotaba a borbollones de la herida no era roja: era un fluido espeso, denso y viscoso, negro como el petróleo.

—Victor... espero que mi... te asesine... —bramó el sujeto.

Su voz me congeló los tuétanos: detrás de su tono rasposo resonaba otra voz superpuesta, una eco gutural y susurrante que retumbaba dentro de mi propio cráneo, como si dos entes hablaran al unísono a través de la misma garganta metálica.

—Le causaste demasiados problemas al Clan Asesino... La pusiste en peligro... ¡Casi hacés que la maten! ¡Y eso jamás te lo voy a perdonar!

Volvió a dar un tirón violento al garfio dentro de mi abdomen, desgarrándome por dentro. El dolor era insoportable, una tortura física salvaje que se sentía como si las garras de una bestia me estuvieran devorando las entrañas. Quise gritarle, exigirle respuestas o defenderte, pero de mi garganta solo brotaron bocanadas de fluido negro y quejidos ahogados de agonía.

—¡Pudiste huir!... ¡Pudiste esconderte de mí!... ¡Pero jamás vas a huir de las sombras! —exclamó con una furia demente, inclinándose sobre mi rostro mientras el respirador soltaba un bufo helado.

—¡Porque yo soy parte de ellas, y las sombras NUNCA van a dejar de perseguirte!

El garfio se hundió aún más profundo, la viscosidad negra me anegó los sentidos y la máscara gris fue lo último que registraron mis ojos antes de que la conciencia colapsara en la nada.

BITÁCORA DE CAMPO #006

IDENTIFICACIÓN Y ESTADO OPERATIVO

  • Operativo: Víctor Salazar — Rango: Alfil

  • Fecha: 28 de septiembre

  • Ubicación: Regimiento N°5

  • Objetivo: Evaluación de salud mental / Selección de personal de refuerzo para el Escuadrón Astas y el Escuadrón Plateado

Han pasado dos días desde la partida de Vanessa hacia Concepción. El vacío táctico que dejó en la formación es evidente, pero no hay espacio para la melancolía en el servicio. He vuelto a las pistas de adiestramiento intensivo junto a Patricio y Franco; ahora más que nunca, cargando con la promesa que le hice a Vanessa, entiendo que es mi deber estricto velar por sus vidas y mantener la cohesión del grupo.

Sin embargo, el verdadero frente de batalla lo estoy librando cuando cierro los ojos. Las pesadillas han vuelto con una violencia inaudita.

Esta última noche el horror se manifestó en forma de sombras infernales y una entidad totalmente nueva: aquel sujeto de rostro oculto tras una máscara metálica gris, equipado con un respirador asmático y armado con un garfio mellado por el uso. Todavía siento el dolor fantasma de esa hoja oxidada desgarrándome las entrañas y el fluido negro manchando el suelo.

Me hago la misma pregunta al despertar, una y otra vez: ¿qué relación tienen estos visiones? El sujeto de la primera pesadilla era apenas un pibe adolescente de ojos marrones; el de anoche era un hombre hecho y derecho, de entre 23 y 25 años, con una voz doble y distorsionada. Físicamente no compartían nada, pero ambos proyectaban la misma esencia: un odio visceral, puro e infinito dirigido exclusivamente hacia mi persona.

AREA DE RECLUTAMIENTO Y REFUERZOS

En el plano operativo, la necesidad de cubrir bajas es urgente. La cadena de mando nos ha autorizado a convocar nuevos integrantes. Actualmente, la plantilla activa del Escuadrón Astas ha quedado reducida a cinco efectivos: el Oficial Nicolás en el mando, yo en el rango de Alfil, Franco como Caballo, Daniel como Torre y Patricio en la posición de Peón. Paralelamente, el Escuadrón Plateado también recibirá refuerzos de personal veterano.

En la oficina de Nicolás revisamos la carpeta de candidatos. Hay cuatro legajos que destacan sobre el resto:

  1. Tomás(Candidato a Peón): Un prospecto joven pero sumamente astuto y brillante. Cuenta con antecedentes de instrucción militar previa y una disciplina destacable. Su hermano mayor, Cameron, se encuentra sirviendo en el Escuadrón Halcón, lo que garantiza una raíz doctrinaria firme.

  2. Carlos — Rango: Caballo (32 años): Un veterano curtido y el único sobreviviente de la catástrofe en La Bahía. Según el informe confidencial de inteligencia, su escuadrón entero fue aniquilado por un espécimen infectado de características desconocidas y altamente atípicas; él fue el único capaz de salir con vida. Su nivel de experiencia operativa en escenarios de masacre es invaluable para nosotros. Se encuentra actualmente sin unidad asignada y Nicolás ya emitió la orden de convocatoria formal. Esperamos su incorporación a la brevedad.




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