De vuelta en mi cuarto, apenas logro tirarme en la cama cuando mi celular suena y… sorpresa, es "Evelyn". Mi hermana. Justo lo que faltaba para redondear mi día estilo "piñata en el hospital".
—¿Qué tal la Capital 13, hermanita? —pregunto, intentando sonar casual, como si no me hubieran hecho una intervención quirúrgica sin anestesia.
—¡Increíble! —responde ella, feliz—. Desde aquí veo todas las estrellas, el cielo de la noche… Es tan hermoso. Es una lástima que no estés aquí; me habría encantado obligarte a venir, aunque fuera arrastrándote.
Ah, Evelyn, tan sutil como un ladrillo en una vitrina. Obviamente no puedo contarle lo que pasó, o estaría aquí montando guardia como una agente de la CIA.
—Sí, claro… Pero para ser tu "accesorio de lujo" ya tienes a Dery, el obediente de turno, ¿no?
—¡Ay, Alberto! —ríe—. Eres mi hermano, ¿qué voy a hacer contigo? A veces siento que me haces falta… y sabes, cuando encuentres una novia, creo que me pondré un poquito celosa.
—¿Celosa? Por favor… dile eso a Dery, que ese sí que se merece tu "dedicación". Yo soy solo el hermano.
Y aquí, señoras y señores, la conversación se desliza a lo extraño. Hay un silencio incómodo y, finalmente, ella vuelve a hablar, pero con un tono raro. Raro como "¿por qué me miras tan fijamente mientras duermo?"
—Alberto, ¿tú me quieres? ¿O te gustaría que fuera… diferente?
En serio, ¿qué está pasando? Me siento en la cama, sin saber si preocuparme o reír.
—¿Estás borracha o qué? Evelyn, si estás en la luna, mejor cuelga y anda a dormir.
Ella se ríe otra vez.
—¿No es cómico? Me "embriago" escuchándote, hermanito. Te imagino en esa escuela y, no sé, siento que soy una niña pequeña.
Y antes de que este monólogo de otro planeta se ponga peor, cuelgo. Me quedo mirando el techo, tratando de entender si esta llamada fue una prueba de paciencia o de salud mental. Pero ya no tengo energía para filosofar. Vuelve a llamar varias veces, pero la ignoro, porque eso ya es materia de otro día y otro dolor de cabeza.
Respiro hondo y cierro los ojos, con una única meta para mañana: primera hora, hablo con Yolanda y trato de encontrarle algún sentido a esta locura. Por ahora, dormir y, con suerte, alejarme del desastre de este primer día.