Black Ghost

Capítulo 17: Brilla Labios.

Al entrar al dormitorio después de tomar el examen, me topo con Evelyn esperándome, con un vestido blanco tan elegante que casi parecía lista para un comercial de detergente. Además, llevaba un listón rojo que la hacía parecer la versión humana de un lazo de regalo. No sé cómo no me había dado cuenta antes, pero mi hermana es realmente hermosa, ¡mucho más de lo que he intentado negarme a mí mismo! Claro que pensar en eso ya de por sí se siente como un chiste raro.

—¿Qué pasa, Alberto? —dice con tono serio—. Tú nunca me llamas al celular, ni para saludarme siquiera, y hoy noté que estabas algo… inquieto, así que vine a ver si todo está bien.

Intento mirarla a los ojos, pero rápidamente cambio de dirección porque, honestamente, siento unas ideas un poco prohibidas que mejor dejo en la sección “cosas raras que jamás menciono”.

—Nada, hermana, no pasa nada —respondo, como quien intenta disimular una erupción volcánica emocional—. Solo estoy cansado del examen. ¿Qué tal tu día?

Evelyn frunce el ceño, con esa expresión suya que dice “no te creo, pero por ahora voy a seguirte la corriente”.

—Puedes contarme… Somos hermanos, ¿sabes? —dice, pero en su tono hay una especie de vibración entre la curiosidad y algo que no alcanzo a definir.

Obviamente, no puedo decirle en ese momento la verdad, que tengo en la cabeza una idea irracional de desenrollar su vestido como si fuera una alfombra roja. Así que opto por fingir un cansancio tan profundo que ya casi me duermo en la conversación.

—Pues eso, ha sido un examen largo y estoy algo agotado, nada más.

Ella suspira, y de repente me lanza una declaración que me toma por sorpresa:

—La verdad es que no he hecho mucho estos meses, para que te pudieras concentrar en tus estudios de magia. Pero te lo advierto, no me entusiasma la idea de verte en la Casa de Tecnología.

¿Perdón? No entiendo qué tiene de malo la Casa de Tecnología, ¿le hicieron alguna broma pesada o qué? Sin embargo, poco a poco me siento más y más confundido… y molesto, aunque no tengo muy claro si es porque no me apoya o porque no puedo quitarle ese elegante vestido. Uno de los dos, o los dos, o quién sabe.

—Escúchame bien, Evelyn —le digo en plan hermano mayor enfadado—. Que sepas que somos hermanos y te guste o no, tienes que apoyarme. No aceptaré que andes diciendo cosas tan absurdas como esa. ¡Mi objetivo es entrar a la Casa de Tecnología y punto!

Evelyn sonríe, pero de una forma que no logro entender si es que me quiere fastidiar o si tiene algún plan en mente. Siento que la conversación va girando a algo más extraño de lo esperado.

—No te enojes, solo digo la verdad… —me responde en tono suave, mientras que por dentro solo pienso en cómo mantener la calma.

Entonces, como si me estuviera lanzando una bomba, Evelyn se me acerca, con esos ojos llenos de no sé qué, y me pregunta sin rodeos:

—¿Por qué no nos besamos? Traigo el brillo de labios de naranja que tanto te gusta.

Es aquí cuando empiezo a sentir que la situación se sale de control. Primero, ¿cómo sabe ella que me gusta el brillo de labios de naranja? Y segundo, ¿por qué se le ocurrió justo ahora sugerir eso? La suerte no está de mi lado, claramente.

—Mira, Evelyn —intento decirle en tono diplomático—, es que no podemos hacer eso. Solo imagina que yo… no sé… me enamore de otra chica de la escuela. ¿Te imaginas el lío? No tiene sentido que empecemos algo que no va a terminar en un final feliz, ¿verdad?

Pero Evelyn no parece convencida.

—¿Me estás diciendo que tienes a otra en mente? —me pregunta, mirándome como si estuviera a punto de interrogarme en una sala con luces de neón parpadeantes—. ¿Es Haru? Porque es con la única que te veo hablando todo el tiempo…

—No, no, Haru es solo una amiga —respondo rápidamente—. Un momento… ¿acaso me estás vigilando?

Mi hermana sonríe como si acabara de ganar un juego que yo no sabía que estábamos jugando.

—Es que no me dejas otra opción, hermano —dice, mientras siento que la conversación está tomando un giro raro, como si estuviéramos en una novela mal escrita.

De pronto, me doy cuenta de que mi cuerpo no responde como debería, y mi mirada se dirige, sin remedio, hacia ella. No sé qué está pasando, pero es como si una fuerza magnética me atrajera. Al final, cierro los ojos y le doy un beso, algo que jamás pensé que haría. Pero antes de que esto se vuelva un capítulo sacado de una telenovela venezolana, reúno fuerzas y me alejo.

—¡Detente, Evelyn! —logro decir con más convicción de la que siento—. No podemos… ¡Somos hermanos!

Ella, como si nada, me mira con esa sonrisa suave y dice las palabras que suelen ser una pesadilla en situaciones así:

—Solo de sangre.

Antes de que lo piense dos veces, vuelve a besarme. Intento resistir, pero siento que la situación está fuera de control. Así que finalmente, en un último intento de razonamiento, digo:

—Por favor, vete ahora y prometo que hablaremos después.

—¿Me lo prometes? —pregunta, casi como quien negocia algo con el destino.

—Sí, sí, pero en serio, ahora tengo que enfocarme en el examen de Tecnología. Es importante para mí.

Ella se despide y me desea suerte, mientras yo me quedo ahí pensando: “¿Qué demonios acabo de hacer?”. Pero una cosa tengo clara: si paso el examen, voy a encontrar una manera de mantener las distancias y asegurarme de que este capítulo absurdo quede enterrado en el pasado.

Moraleja del día: A veces, los exámenes son la parte menos complicada de nuestras vidas.



#1872 en Fantasía
#327 en Magia
#274 en Ciencia ficción

En el texto hay: fatasia, cienciaficion, amordehermanos

Editado: 18.07.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.