Black Ghost

Capítulo 24: Sobreprotector.

Llegamos a la fiesta y al bajar de la limusina, me siento como una celebridad… hasta que veo la mansión de Yolanda. Jardines inmensos, fuentes que parecen salidas de una película de época y tanta gente desconocida que casi me da vértigo. Veo jóvenes, adultos y hasta alguien que parecía sacado de un museo. Pero no importa, mi misión es encontrar a Yolanda, aunque a primera vista parece que se ha desvanecido como por arte de magia.

Decido entrar a la mansión, y vaya sorpresa. Todo está adornado con cosas tan antiguas que temo tocar algo y que se desmorone cual torre de Jenga. Mi casa es el total opuesto, con más pantallas y electrodomésticos que cualquier tienda de tecnología. Imagino que nuestros padres viven en realidades distintas, puesto que ellos eran graduados de la casa de Tecnología.

Entonces, como si fuera una película de princesas, veo a Yolanda descendiendo por una escalera doble, ¡sí, doble! Una a la izquierda y otra a la derecha, como si la casa quisiera lucirse aún más. Al lado de Yolanda está… ¡mi hermana! Ambas bajan juntas, como las reinas de la fiesta. Yolanda, con un vestido azul que hace juego con su pelo rosado, parece brillar. Mi hermana no se queda atrás con su vestido negro, aunque tengo que decir que para mí siempre será "mi hermana la morenita".

Mientras las observo, Evelyn se sonroja. Tal vez cree que la estoy mirando a ella, pero lo que ella no sabe es que mis pensamientos van en otra dirección… específicamente hacia su amiga.

Ellas se acercan y mi hermana, con una sonrisa traviesa, me presenta: —Yolanda, este es mi hermano, el famoso Alberto, del que tanto te he hablado.

—Un placer, Alberto. Evelyn me ha hablado tanto de ti que ya siento que te conozco —me dice, y yo, internamente, ya estoy en plan de escribirle una balada romántica.

Pero, claro, Evelyn no puede evitar añadir su toque especial:

—No te emociones, Yolanda. Mi hermano no es tan interesante como parece. A veces me sorprendo de que se acuerde de respirar por la nariz.

—Exageraciones, no le hagas caso. Solo soy un chico normal —respondo, mientras le lanzo una mirada de “¿en serio, Evelyn?” a mi hermana.

Genial. Evelyn me ha lanzado bajo la limusina en cuestión de segundos. Antes de que pueda responder, Yolanda suelta una anécdota que me deja en las nubes:

—Claro, claro, como esa vez que, según tu hermana, peleaste con un perro usando un palo de madera para salvarla. A este paso, me sentiré como si hubiese vivido tu infancia —me dice Yolanda, riendo.

Mi hermana, con un tono sarcástico, dice: —Ay, sí, y Alberto es el chico más responsable y maduro que jamás haya existido. En realidad, es perezoso, despistado y… si pudiera, lo cambiaría por otro hermano. Pero bueno, ya es lo que hay.

A estas alturas, me pregunto si realmente está enfadada conmigo o si simplemente disfruta hacerme quedar como un desastre andante.

—Un consejo, Alberto, cuídate de las chicas de aquí. Escuché que una vez una le hizo un baile de tubo a un chico nuevo y el pobre quedó tan obsesionado que nadie más podía hablarle sin que mencionara el “incidente”. ¡El pobre chico quedó completamente enamorado de ella!

Trato de reírme, aunque mi hermana, como si fuera una villana de película, responde: —¡¿Qué?! Si alguna chica se atreve a hacerle eso a mi querido hermano, ¡la corto en pedacitos y la lanzo al mar para alimentar a los tiburones!

Evelyn se pone colorada, y su expresión pasa de “hermana sobreprotectora” a “hermana versión '¡como alguien se atreva a acercarse a mi hermanito, verán!'”.

—Vamos, hermana, debe ser solo un rumor. ¿Quién haría algo así? —Le lanzo una mirada a Yolanda, intentando quitarle peso al tema—. Venga, ¡no exageres! A lo mejor esa historia es solo un rumor. Dudo que alguien haga algo así en la vida real.

Ella cambia la expresión de asesina psicópata a una sonrisa encantadora y dice: —Tienes razón, hermanito. Aunque no me importa con quién salgas, en serio espero que encuentres a alguien que te haga madurar. Solo te soporto porque eres mi hermano, y bueno, bromeaba con lo de los tiburones… Bueno, Yolanda vámonos a buscar chicos apuestos de verdad en esta fiesta.

Y, sin dejarme protestar, arrastra a Yolanda hacia una esquina de la fiesta, ignorándome. ¿Será que Evelyn realmente quiere sabotear cualquier oportunidad mía en el frente amoroso?

Claro, siempre dispuesta a “protegerme.” Si pudiera, probablemente pondría carteles en la mansión que dijeran: “Acérquese a mi hermano bajo su propio riesgo. Advertencia: hermana feroz en el área.”

Mientras intento calmar mi frustración. Más tarde, escucho unos gritos afuera. Al parecer, no soy el único en notarlo, porque todos en la fiesta nos giramos hacia el jardín. Salimos a toda prisa, y cuando llegamos, veo a… David, el rival de todos los tiempos, ¡arrodillado con una flor en la mano, declarando su amor por Yolanda a gritos!

Por dentro quiero gritarle “¿Quién te crees que eres?”, pero me contengo y espero que Yolanda le dé un “No, gracias” bien claro. Ella está ahí, con una expresión entre sorpresa y vergüenza, y yo no sé si está impresionada o si se muere de la risa. Pero antes de que ella pueda reaccionar, aparece Berek , el abuelo mítico de Yolanda, y le suelta a David un golpe de proporciones épicas. ¡David sale volando como si fuera una pelota de fútbol en la final del mundial!

Tengo que hacer un esfuerzo para no aplaudir. Berek acaba de hacerme el trabajo sucio, y no podría estar más agradecido. Pero, claro, el papá de David aparece furioso y desafía a Berek a un duelo. ¿Qué pasa con esta familia? ¿Piensan que estamos en el set de una película de acción?

Berek, impasible, responde:
—¿Tienes algún problema, o quieres terminar como tu hijo?

El papá de David cambia de idea en tiempo récord y se desvanece, cual mago en fuga a socorrer a su hijo. Yo trato de no reírme, pero por dentro siento que Berek acaba de ganar un punto en mi lista de héroes. Yolanda, sin embargo, parece menos contenta.



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En el texto hay: fatasia, cienciaficion, amordehermanos

Editado: 18.07.2025

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