Blue Collection

Luz sobre la oscuridad

El año terminó y todos los empleados del BC regresaron al finalizar sus vacaciones, las cuales desafortunadamente no se sintieron por los pocos días autorizados.

Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? Según el diseñador, sus empleados deberían estar agradecidos de que por lo menos él sí les da vacaciones, a diferencia de otros empleos.

Llegó el lunes y todos volvieron a verse sus mismos rostros cansados, o incluso algunos seguían con una fuerte resaca. ¡Ja!

— ¡Hola, Rizos!

— ¡Hola, Paty! ¿Cómo te fue, Paty?

— Muy bien, Rizos, me da gusto verte, pero lo único malo es que no quería que nos volviéramos a ver en el trabajo.

— ¿Cómo así?

— Quería más días de vacaciones, quería dormir y descansar un poco más.

— No te culpo, yo quería lo mismo, pero Santa Claus ya no nos trae regalos.

— ¡Buenos días, chicas!

— ¡Hola, Alexa!

— ¡Hola, Adri!

— ¿Te la pasaste bien?

— ¡Sí! Comí mucha ensalada de manzana y visité la biblioteca Gandhi.

— Me parece muy bien, vente, necesito que todas se reúnan.

La mañana inició con una reunión para tratar de mejorar la convivencia este nuevo año, como si eso se pudiera, pero bueno, no hay que desalentar sus propósitos de año nuevo.

Todas, al reencontrarse con sus grupos de amistades, se contaban sus días de vacaciones o incluso traían regalos atrasados, pero lo que cuenta es la intención de acordarte de una persona que, a pesar de solo ser una relación laboral, ya tiene un lugar importante en tu vida como para gastar tu poco dinero o tiempo en dar un presente.

Todos regresaron muy vivaces y alegres por las fechas festivas y la convivencia con sus familiares o romances, a excepción de Korin...

Como hace unos meses atrás, Korin otra vez se miraba deprimida, ansiosa, cansada y podría decir molesta.

Su lamentable deterioro se debe a quien ya te imaginarás: su amante Christian.

Otra vez... Otra vez volviste a dejarme de lado y ni siquiera sé por qué. ¿Por qué me haces esto?

Desapareciste tú, desapareció mi mamá y ni hablar de mi padre o de mi hermana, que como siempre no volvieron a contestar sus teléfonos, y haber visitado a mis abuelos por Navidad no terminó muy bien.

Como siempre, lo único que conseguí al ir es escuchar reclamos, ataques y malos recuerdos de mi madre y, sobre todo, me queda claro que para ellos mi mamá y yo no somos más que malas hierbas.

¡Ay, no! ¡Una cosa, Christian! Y no pudiste estar aquí o por lo menos responder ese maldito teléfono.

— Hola, Korin.

Esa voz terminó por regresarme al presente que me está hiriendo mucho.

— Hola, Adri...

— ¿Te encuentras bien? Alexa dijo que fuéramos por un nuevo plumón y corrector.

— Sí, solo necesité más días de descanso.

— ¡¿Sí, verdad?! Yo también, con lo floja que soy, estos días no fueron nada.

— ¿Qué vamos a hacer?

— Revisar bolsa, por eso están entregando los plumones para poder comenzar.

— En un momento voy, gracias por decirme.

«Qué extraño, otra vez se ve muy apagada. ¿Será que volvieron a separarse? Ahora que lo recuerdo, según leí en la revista Famme Glory, la familia Ferrer Caramón ha estado fuera del ojo público, pero que no hay nada de qué preocuparse, porque acordaron tener una rueda de prensa dentro de dos semanas».

...

Así es, la familia Ferrer Caramón está fuera de los reflectores por temas familiares.

«¿La razón?»

Un nuevo integrante llegó a la familia y tanto los padres, sobre todo los abuelos, no han querido separarse de tan esperado bebé que por casi una semana se quedó bajo observación en los cuneros.

Afortunadamente, tanto Pamela como su bebé se encuentran bien y lograron llegar juntos a su hogar y ¡cierto! No hay que olvidarnos de su padre Santiago, que no se separó de ambos desde que este embarazo comenzó.

— Y toda la familia ha vuelto a casa.

— Gracias, cariño, perdón por hacerte cargar todo.

— Mi amor, no te preocupes, tú llevas nuestra vida en tus brazos.

— Mi amor, muchas gracias por no dejarnos.

— Siempre estaré para ustedes, vente, hay que llevar a nuestro hijo a su cuna.

— Desde que estoy en el hospital no he podido cargarlo lo suficiente y si... ¿Mejor vamos a la sala?

— Sí, solo déjame llevar las maletas a la habitación.

Santiago acompañó a Pamela con su hijo a la sala y se quitó su saco.

— Listo, quédense aquí en lo que yo llevo las maletas.

Santiago salió de la sala y Pamela otra vez miró detenidamente a su hijo, todavía estaba conmocionada, no podía creer que por fin lo traía en sus brazos y que logró nacer completamente sano, después de atravesar un embarazo tan complejo.

Pamela estaba sumergida en el encanto de su neonato que, cuando escuchó vibrar el teléfono de su esposo, lo contestó sin pensar o fijarse de quién era la llamada.

— Hola, ¿quién habla?

— Hola... ¿Santi?

Pamela sudó frío y apretó el teléfono al reconocer esa maldita voz que tanto la perturba.

— ¿Por qué le llamas a mi marido? Se supone que la producción está en pausa... ¿Santi? ¡Eres una igualada!

— ¡Oh! Señora Cara- digo Ferrer, disculpe si los interrumpí, pero no es verdad, la producción sigue y llamé a su esposo porque hay algo muy importante que debe saber y si se puede también aclarar.

— ¡No! Mi esposo no irá a ningún lado. ¿Qué no lo sabes? Su hijo... quiero decir, nuestro hijo ya nació y no hay ningún motivo con suficiente peso como para que su padre, ¡mi esposo!, nos deje por irse contigo.

— Lo siento, señora Ferrer, pero no es por mí, es por el bien de la producción de Santi, mire, el equipo de vestu- ¡No! ¡Él no se marchará de nuestro hogar! Así que olvídalo.

El bebé despertó y comenzó a llorar, haciendo que Pamela se pusiera nerviosa.

— Voy a colgar y no quiero que vuelvas a llamar a mi esposo.




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