La mañana comenzó con muchísimo trabajo y lo único que puedo admitir es que estoy cansada o, más bien, ya estoy harta...
En la reunión con la que iniciamos el año, Alexa nos informó que ella dentro de poco dejará el puesto de jefa de taller.
Esa decisión la tomó debido al exceso de trabajo: o se dedica a nuestros sueldos o a vigilarnos y, como alguna vez se lo dije, todas las responsabilidades impuestas en ella ya la estaban rebasando y eso no es nada sano.
También nos comentó que dentro de poco tiempo llegará la nueva jefa, pero por el momento María y yo pasamos a ser responsables de nuestras compañeras en lo que se integra el reemplazo de Alexa.
Esta semana fue un caos y no creo ser la única que la sintió de ese modo.
— Necesito más cajas, Patricia.
— Yo estoy cerrando, solo déjame terminar las de la Rizos y te ayudo, Adri.
— Gracias.
— No te preocupes y tranquila, ya es sábado.
— Sí, pero solo el sábado y domingo se pasan como agua, en cambio estos días sentí que no se terminaban.
— Tú tranquila, ya el lunes llega un nuevo encargado, ¿o no? Creo que eso dijo Alexa.
— Sí, eso dijo, solo espero que en cuanto llegue yo pueda dejar todas estas responsabilidades.
— ¡Ya no te preocupes, Adri! ¿Qué? ¿Ya te caemos mal?
— Personalmente no, Rizos, pero en cuestión de trabajo ni hablar o, bueno, no lo digo por todos.
— No, Adri, ¿qué pasó? Ya lastimaste el que no tengo.
— Dije que no hablaba de todos.
— Si te refieres a Korin, yo sí te creo.
Miré a Korin y otra vez estaba llorando sobre la bolsa.
— Se ve tan ridícula llorando por un vejestorio.
— ¿Y qué me dices de Jordan?
— No me balconees, Bere.
— Entonces no hables de Korin cuando tú has pasado por lo mismo.
— Aquí viene su defensora o ¿debería decir sus tres interesadas?
— ¡Ora! ¿Yo qué, Rizos?
— Ustedes tres, Carmen, solo la defienden porque tienen beneficios de ella. ¿Ya olvidaron cuánto la criticaban también?
— ¿Celosa, Lizeth?
— Ahí van otra vez...
Korin ni se percata de la situación a su alrededor y solo se imagina mil maneras de desaparecer... lamentablemente eso es imposible.
— "Él no volverá".
— ¿Qué cosa?
— Nada, Tere.
— ¡YA!
— ¡Oye, Adriana! Tampoco nos grites.
— Perdón por eso, pero ya dejen de discutir. ¿Por qué se pelean todo el tiempo? Entiendo que están cansadas y que también hace un calor del demonio y eso nos vuelve locas, pero creo yo que no llegan a nada discutiendo y peor entre ustedes que se miran las caras todos los días y la mayor parte del día. ¿No sería mejor... que trataran de convivir en paz? Y no digo que de la nada se vuelvan amigas, pero sí que disminuyeran sus provocaciones y ataques.
— Mira, Adri, nosotras no estábamos haciendo nada y fue la Rizos quien empezó con sus indirectas otra vez.
— ¡No! ¡Tú no tenías por qué mencionar a Jordan! No ves que...
La Rizos comenzó a llorar.
— ¡Ay, no! La mustia.
— ¡QUE TE PARTIRÁ TU MADRE!
— ¡No! ¡Aquí no, Rizos!
— Ya lo sé, Adri, te voy a esperar afuera, maldita perra.
La Rizos se regresó a su lugar y a Berenice se la llevaron Teresa y Carmen.
— Vente, Bere, no vale la pena.
En este punto ya estoy a punto de explotar. ¿Ven a lo que me refiero? Este tipo de situaciones son de todos los días.
No sé si sea por el calor que causa el techo de lámina que duplica la temperatura todas las tardes.
O el hecho de que la mayoría de nosotras somos una bomba de hormonas y progesterona, porque no todas somos adultas y mientras algunas ya están saliendo de la adolescencia otras van entrando y es un ciclo que no se termina.
Eso pasa cuando te dedicas a contratar puros menores de edad que ni siquiera entienden cómo funcionan sus cuerpos o a gestionar sus muy desequilibradas emociones.
También no puede pasar desapercibido el hecho de que aquí nadie sabe cómo guardar un secreto, ni conoce la lealtad.
Al entrar aquí, los primeros días piensas que todos son tus amigos y, como si fueras la última Coca del desierto, te conviertes en un libro abierto y solo te dedicas a contar toda tu existencia como si recrearas las memorias de una geisha.
Y al igual que a la desafortunada Sayuri, tus compañeros se convierten en un Arthur que no dudan en compartir en tiempo real todas tus vivencias, pérdidas y miedos con el fulano de aquí o la fulana de allá, sin mencionar que también se encargan de distorsionar toda la información para hacerla ver más escandalosa y los prejuicios no se hagan esperar.
Cuando digo que no conocen la lealtad me refiero a que sí pueden ser tus amigos por un tiempo, sin embargo, en cuanto dejan de serlo, no dudarán ni sentirán remordimiento para esparcir tus intimidades con el único propósito de lastimarte, avergonzarte y lo peor de todo es que creen que ese comportamiento traidor se remediará con una simple disculpa.
¿Cómo pretenden reparar una reputación arruinada?
¿Cómo creen que lograrán recuperar una confianza traicionada?
¿Por qué seguirán pensando que una amistad rota se recupera con el olvido?
Solo reafirmo que el BC saca lo peor de algunos.
Porque personas rotas solo saben romper a otras y eso no se acaba hasta que decides irte y, bueno, si es que no lograron romperte o más bien corromperte del todo, porque entonces tú también vas a romper a otras personas sin intentar sanar lo que no pudiste protegerte.
— ¿Dónde está María?
— Salió a la camioneta.
Danilo y Julián fueron a recoger material y al regresar a la imprenta todas nosotras los ayudamos a descargar el material dentro de la bodega, sin embargo, María no regresó a la fábrica cuando terminamos de descargar.
Entiendo que Danilo y María se sientan a gusto compartiendo su tiempo juntos, pero me resultaría perfecto que lo hagan a la hora del descanso, porque se supone que ambas debemos hacernos cargo de vigilar y recopilar los datos de las bolsas.