"Nos estamos comiendo
entre nosotras y él solo
nos mira desde arriba
apuntando con su bolígrafo
de plata quién se va
y quién se queda.
Solo sobrevive quien
lance la mordida más fuerte."
— Blue Collection
Regresamos al BC que, después de entregar el pedido de febrero, sus trabajadores pueden respirar en paz otra vez.
Estamos revisando externa 2, porque se necesitan tres cajas para mañana y cada caja es de 10,000 pzas.
— ¿Falta mucho, Adri?
— Sí, Carmen, solo llevamos una caja.
— Esto va para largo...
— Ni lo digas, Tere, porque también escuché que ya se presenta entre hoy y mañana la nueva jefa.
— Adriana por lo menos nos deja salir cuando queramos y no está tan encima de nosotras con el tiempo del baño.
— ¡Ay, Tere! Adriana está tan ocupada que me imagino que ni le preocupan esos detalles.
— Yo por eso no acepté ayudar a Alexa, porque imaginé que así me encontraría.
— Estresada y preocupada.
— Ni sé por qué lo hace.
— ¿Le pagarán más?
— Es probable, no creo que sea tan tonta como para hacer las cosas sin cobrar.
— Bueno, por lo menos no está como allá mis ojos.
Korin... Korin ahora es el hazmerreír del BC.
Descuidó su tinte de cabello, ya no tiene uñas de tanto morderlas y están considerando seriamente en apodarla "Chifu" porque de tan grandes ojeras parece panda, un panda rojo.
— No puedo creer que nos engañara.
— Se los dije, no le iba a durar tanto tiempo el gusto.
— Él solo la estaba utilizando.
— Era obvio que si no se ponía más lista esto iba a pasar tarde o temprano.
— Bueno, ¿qué tanto pensaban que podía conseguir? Si a la primera se entregó.
— Que agradezca que no salió embarazada.
— Pudo decirnos antes, para ayudarla, pero prefirió callar y aquí están las consecuencias.
— Que obviamente enfrentará sola.
— Nosotras no le dijimos que se metiera con él.
— Ella lo hizo porque quiso.
Así es, el trío del BC a pesar de sus "consejos" que le dieron a Korin, no se consideran responsables de lo que está ocurriendo.
Para ellas Korin tiene la madurez para tomar decisiones y en caso de que salgan mal también de pagar las consecuencias.
Korin está cayendo en un abismo y nadie está dispuesto a ayudarla y aquella persona que estaba dispuesta a brindarle su ayuda fue bateada por la misma Korin.
Esa fui yo y aunque dije que ya no me metería en este asunto, no pude evitarlo y lamentablemente lo que conseguí es que ella con tal dureza me dijera lo que yo ya me imaginaba.
«No es asunto tuyo», una frase que sin importar cuánto lo intenté no puedo grabarme.
Estaba revisando la etiqueta y Carmen se levantó para ir por otra tanda de etiquetas, aunque normalmente esas tandas no pueden cargarse por una sola persona.
— ¡Adri! ¿Me ayudas?
— Voy, Carmen.
Me levanté y fui por la etiqueta junto a Carmen.
Ambas levantamos la tanda para llevarla a la mesa de Carmen.
No sé por qué, pero al mirar a Korin, su mirada tan triste, sus ojos tan hinchados de tanto llorar, sin dormir y con un aura de desconcierto a su alrededor.
Siento tanto tu pena.
También aseguro que solo soy yo quien se siente así, porque al mirar a mi alrededor, solo veo sonrisas de burla, imitaciones de llanto y escucho muchos susurros... susurros con la única finalidad de hacer chistes o chismes sobre este tema tan hablado y a la vez "ocultado".
El BC sería tan aburrido si no fuera porque existe este entretenimiento, como una novela de todos los días, vivida en carne propia.
Eso lo escuché de una de mis compañeras y nunca lo voy a olvidar.
¿Entretenimiento? ¿Eso creen que es? ¿El dolor de Korin les resulta entretenido? A veces me pregunto quién es peor, ¿si Christian o quienes ven sus delitos como espectáculo?
Todo esto porque cuando ella está destrozada, todas se convierten en bufones.
Siempre me pierdo tanto en mis pensamientos, que en ocasiones me desoriento y olvido dónde estoy o lo que estaba haciendo.
— ¡ADRI!
Se supone que yo guiaba a Carmen y la guié... pero al suelo.
Carmen estaba caminando de reversa y no vio la caja de etiquetas, lo que provocó que chocara y cayera.
La caja no resistió el peso de Carmen y se rompió, tirando todo su contenido y a Carmen.
No solo eso, Carmen soltó la tanda y también se cayeron las etiquetas que estábamos transportando.
— ¡Mis etiquetas!
— ¡¿Y yo qué?! ¡Preocúpate por mí!
— ¡Lo mismo me gustaría que hicieras tú! ¡Ay, las etiquetas! ¡Se van a hacer feas por el piso tierroso! ¡Alexa se enojará!
— ¡Tú y tu Alexa! Chole, ya cásate con ella.
De repente tocaron la puerta y una chica cuya entrada a la imprenta jamás olvidaré.
Con una blusa de color rojo y cabello negro hasta la cintura entró a la imprenta.
— Buenas tardes, vine a ver a Alexa.
— Buenas tardes, yo la llamo.
Iba directo a la puerta, pero ella me detuvo sujetándome del brazo con suavidad.
— Oye, ¿aquí está trabajando un hombre que se llama Alexis?
— Sí, es el maestro Alexis. ¿También quieres que lo llame?
— No, no, así está bien.
Toqué la puerta y como siempre quien se asomó fue Cora.
— ¿Qué necesitas, Adri?
— Es que llegó esta chica y pregunta por Alexa.
Cora se asomó bien y miró a la señorita de inconfundible rojo.
❤️
Pero me resulta extraño, podría jurar que por un momento la mirada seria de Cora mostró cierta sorpresa o ¿será preocupación?
— Pasa, Alexa te está esperando.
— ¡Hola, Cora! ¡No sabía que seguías trabajando aquí!
— «¡¿La conoce?!»
— Sí... yo tampoco sabía que eras tú la entrevistada de esta tarde.