Blue Collection

Reemplazo

Como siempre voy corriendo al trabajo, soy incapaz de levantarme más temprano. Dicen que es falta de disciplina; yo opino lo contrario. Todos tenemos defectos y virtudes, y madrugar no es mi mayor habilidad.

En cuanto entré a la imprenta, vi a Sonia hablando con el maestro Armando y solo puedo decirles que ese día descubrí el poder de las palabras...

Sonia ya no entró a la imprenta, solo vi cómo dio la vuelta y se marchó. Pasó a mi lado sin voltear a verme y no la culpo, porque tuve algo de culpa.

...

Hace unos días Sonia y Teresa rompieron el récord de impresión de hojas. Imprimieron las cinco mil antes de la hora de comer y todos se asombraron por esa velocidad, sobre todo Araceli, que no dejó de jactarse de lo bien que están funcionando sus dinámicas, tanto que logró hacer que un equipo trabajara más rápido.

Lo que no se imaginaban es que, cuando comencé a revisar esas dichosas hojas, lo único que saqué fueron malas, malas y más malas. Mal impresas, chorreadas, sin presión, etc.

De cinco mil hojas, ochocientas se fueron a la basura, una cantidad nunca antes vista, lo que provocó la furia del diseñador —quien es un tacaño— y le dolió tanto en el codo ese desperdicio de material que no lo pensó dos veces y le exigió a Araceli que una cabeza debía rodar o el monstruo no estaría tranquilo.

Araceli no lo pensó dos veces y tomó la decisión de despedir a la rival más débil, o más bien a alguien que ni siquiera es rival de nada, solo un blanco perfecto para mis punzantes compañeras.

Como toda cobarde, Araceli no dio la cara y prefirió conspirar junto a Christian para hacer que Don Armando le dijera a Sonia lo que esos tiranos con supuesto valor no fueron capaces de hacer.

...

Sonia ni entró a recoger sus cosas, solo ajustó su cubrebocas y salió de la imprenta sin mirar a nadie. Sentí mucha culpa, porque fueron mis cuentas las que Araceli usó para despedirla.

Yo no creí que la fueran a despedir. ¿Por qué? Los errores nos hacen humanos, pero en ocasiones olvido que en el BC no existe la humanidad y lo único que encontrarás es a un grupo de caníbales, comiéndose unos a otros con tal de destacar ante los ojos de un diablo vestido de santo.

Sonia se fue y Patricia no siguió sus pasos. Tendrá sus razones y no la juzgo, porque la carencia es cabrona y no nos permite tomar decisiones libres, porque las consecuencias son imposibles de ignorar. ¿Eres capaz de ignorar los crujidos del hambre?

...

Así como unas se iban, otras entraban.

Mi hermana Anais salió de la oficina del diseñador con su pluma... la misma pluma que yo recibí hace unos meses.

—¡Mira, Adri!
—Ah... ¿ya te la dio? ¿Leíste el contrato?
—Sí, ¡ja! Como si alguien lo conociera en este lugar.
—De hecho no. Si nosotras no hubiéramos vivido en el mar, no habríamos tenido tiempo de leer sobre temas tan superficiales como la moda o, en tu caso, la danza.
—No te agüites, saldremos de aquí, solo debemos ser pacientes.
—Sobre el... tengo que decirte algo.
—¿Qué?
—Mira, lo que pasa es que...
—¡Adri, el diseñador quiere las cuentas de tu libreta!
—Te digo en la casa.

Entré a la oficina y el diseñador ya me estaba esperando.
—Pasa, Adri, toma asiento.

...

Los días siguieron pasando y en la maquila la ausencia de Korin comenzaba a notarse. No por buena trabajadora, no por ser una gran amiga. La razón es el temperamento de Christian.

Tiene una cercanía cada vez más notoria con mis compañeras que convivimos con él al trabajar, pero hay un detalle importante: nosotras no somos Korin.

Luciana va y viene junto a Pamela, quien por ahora está teniendo problemas en su matrimonio por culpa de sus celos enfermizos.

...

Pamela y Luciana llegaron al set de grabación de la novela Lágrimas de Xochitl. Pamela lucía un bellísimo traje Chanel y en brazos llevaba a su hermoso hijo Gabriel. La llegada de la esposa del director Medina alertó a todo el elenco y comenzaron a laborar sin perder detalle del libreto.

Nunca se imaginaron que el director Medina estaría furioso.

Hace unos días, o más bien semanas, que nació el pequeño Gabriel y el matrimonio Ferrer Medina no se separó por estar atentos a las necesidades de su hijo recién nacido.

Lo que Santiago no sabía era que Ana Perea estuvo llamando una y otra vez, pero no por las razones que imaginarás. Ana Perea era la encargada del equipo en lo que el director regresaba y todas sus llamadas eran para avisarle a Santiago de errores técnicos y pedirle permiso para hacer y tomar decisiones en su nombre, pero todos sus llamados no fueron escuchados por Santiago, porque Pamela no lo permitió y nunca le avisó a su esposo que su equipo necesitaba la ayuda de su director.

Obviamente, al llegar al set, Santiago se enteró de todo lo que él no pudo resolver y, cuando Ana le dijo que todas las llamadas le fueron negadas, su molestia no se pudo evitar.

—Santiago, ¿no vas a venir a la maquila?
—No, Pamela, ahora lo que tengo que hacer es resolver todos los errores de los que era ignorante, gracias a tus celos. Otra vez tus celos, Pamela.
—Mis celos no existirían si tú no me dieras motivos.
—¡¿Otra vez me culpas a mí?!
—¿No debería? Ana Perea sigue aquí y la volviste la encargada de producción. ¿No que no son cercanos?
—¡A ver, ya basta! Estoy harto. ¿Cuántas veces deberé decirte que ella y yo crecimos juntos? Nunca la vería de otra manera y si confié la producción en Ana es solo porque sé que ella jamás me jugaría chueco y créeme que, en este medio, encontrar ese tipo de confianza es imposible. Y ahora me doy cuenta de que ni en el matrimonio se puede confiar.
—¡Lo has dicho! ¡Por fin! Y aunque me cueste admitirlo, ¡tienes razón! No podemos confiar en nosotros.
—¡Ah, no! No me mezcles, porque aquí la única que acaba de romper esa confianza fuiste tú.
—Tú lo hiciste antes. Me habías prometido que Ana ya no iba a estar cerca de nosotros y ¿qué fue lo que pasó? Ella se atrevió a llamar el día que regresamos del hospital, o sea, ni siquiera tiene vergüenza y tú tampoco. ¡Le diste tu número de teléfono otra vez! La última vez que estuvimos a punto de romper nuestro compromiso, la condición para regresar fue que no tuviera ningún dato tuyo y he sido muy paciente. Acepté que ella ahora sea tu protagonista a pesar de los problemas que tuvimos por su culpa antes de casarnos, pero que hablen por teléfono es demasiado.
—¿Yo prometí? ¿Te refieres a esa vez que rompí el compromiso porque le arrojaste un café hirviendo a Ana? Te recuerdo que esa vez rompí el compromiso y no hubiéramos vuelto de no ser porque tu madre me citó en Coffee Land para decirme que estabas esperando un hijo mío... Regresamos porque estabas embarazada, lamentablemente ese bebé no llegó y tú y yo ya nos habíamos casado para ese entonces.
—¿Te arrepientes de haberte casado conmigo?
—...



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En el texto hay: ficción realista, abuso laboral, grooming

Editado: 06.10.2026

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