Christian y Berenice se dieron un beso. Fue en ese momento donde Christian pensó que otra vez se había salido con la suya. Estaba tan equivocado...
Ese beso no duró ni siquiera minutos, porque Berenice inmediatamente se hizo a un lado.
Christian, al ver su reacción, se sintió confundido. Era la primera vez que una mujer le cortaba un beso de esa manera tan seca.
— ¿Qué ocurre, Bere?.
— ¡Órale! Eso yo debería preguntarle a usted, diseñador.
— ¿Te gustaría intercambiar nuestros números?.
— A ver, en primer lugar, ¿qué está buscando?.
— Eres lo suficientemente inteligente como para saberlo, ¿o me equivoco?.
— Está bien, si es lo que yo creo, dejémonos de rodeos, diseñador.
— Estoy de acuerdo contigo, así que si entiendes lo que quiero... — se acerca otra vez a su rostro — no te importa que yo...
Berenice volvió a moverse y esta vez se levantó de la silla.
— Espere, sí me importa.
Christian comenzó a fastidiarse y tomó su conocida postura dominante.
— Ahora yo también entiendo, Bere, ¿tienes condiciones?
— Obviamente, diseñador, mis besos no son gratis, mis besos cuestan y ahora que nos vamos entendiendo espero que no le molesten mis condiciones, pero es que yo sí sé lo que valgo.
Con molestia, Christian estaba por terminar esa locura, pero no podía negar que tanto Berenice como las otras integrantes del trío de BC eran las más deseables de la maquila.
Lo que este hombre no comprendía es el alcance y la inteligencia que estas tres mujeres alcanzaban. No solo irradian belleza, sino que también eran demasiado conscientes de lo que podían conseguir si se lo proponían.
Y como podrás imaginar, ese tipo de mujeres son las que menos probabilidad tienen de caer ante un hombre como Christian, porque hombres como él solo sentirán atracción por la vulnerabilidad e ignorancia de una joven ingenua.
Soy consciente de que estoy pisando un campo minado, pero desde hace tiempo que estas tres muchachas captaron mi atención y ahora con la ausencia de Korin no tengo más alternativa, o puede que sí la tenga, pero yo nunca le rogaría a Korin que vuelva.
— Vaya, eras más lista de lo que imaginé, Bere, me dejaste sorprendido.
— Usted lo ha dicho y si quiere que esto termine no tengo problema con irme ya.—
Estoy siendo demasiado soberbia, a este paso puede que en lugar de que me pida que regrese a trabajar me pedirá que abandone la maquila... ya que, para eso tengo a mi militar.
— ¿De cuánto estamos hablando?
Berenice se sorprendió ante esas palabras y no dejó pasar la oportunidad.
Era ese mismo comportamiento que el trío de BC quería que Korin aprendiera, lamentablemente no fue así.
Berenice piensa en dinero y accesorios, mientras Korin se enamoró sin ambición y solo consiguió quedarse con las manos vacías.
— Si lo que quiere es un beso... deme 500.
¿Qué? Ni eso cuesta una escort. ¿Qué estoy haciendo? Esto es una locura, yo que podría tener a cualquier mujer estoy negociando con una empleada.
— ¿Así que 500? ¿Solo por un beso? ¿De verdad crees que vales tanto, Bere?
— Así es, diseñador, y aunque me imagino que usted puede tener a cualquiera a su merced, no podrá negarme que en su mundo es un dar y recibir, porque las mujeres con las que usted trata no son tan accesibles como sus empleadas de esta maquila, porque allá estamos hablando de mujeres educadas, con familias y apellido que usted no puede alcanzar, o de no ser así, ¿por qué busca satisfacer sus deseos en nosotras?
Christian, por primera vez, sintió una punzada en el estómago y aunque estaba listo para despedir a Berenice, no podía hacerlo sin antes asumir alguna responsabilidad que Luciana pueda creer.
— No entiendo de qué hablas, Berenice, por primera vez intento acercarme a una de ustedes y me encuentro con esto, eras quien tenía oportunidad y lo acabas de arruinar.
— ¿Seguro de que soy la primera?
Christian, con esas palabras, comprendió todo. Berenice lo sabe, pero ¿qué tanto sabe?
«Si sigo así, esta arpía armará un alboroto y ahora es de lo que más debo cuidarme».
— Así que 500... hecho, pero vas a hacer lo que yo te diga.
— Haré lo que usted esté dispuesto a pagar y no tenga miedo, mientras más billetes cieguen mi vista yo no estoy dispuesta a contar nada.
Christian se acercó a Berenice y ella, con una sonrisa maliciosa, aceptó cualquier acercamiento.
En la oficina del diseñador ocurren situaciones que, aunque los demás empleados se imaginan de qué se trata, no se atreven a averiguar más de cerca.
...
Al dar las 2:00 p. m., los empleados salieron a comer y Berenice llamó la atención por sus gastos...
Le invitó tortas a Teresa y a Carmen, mientras que con Adriana llegó a despilfarrar en su tienda de dulces.
«Me siento tan feliz de que apenas sea martes y gracias a Berenice se me terminaron dos cajas de chocolates».
Si tan solo en esos años me hubiera imaginado por qué, de la nada, mis compañeras tenían "épocas de abundancia".
Como siempre, la hora de comer se fue como agua y los empleados regresaron a trabajar.
De estar afuera de la maquila recibiendo el aire fresco, en una hora debían regresar a respirar ese ambiente que los intoxicaba lentamente.
El trío de BC estaba soñado y ahora sí se sentían tan superiores que no tardaron en volverse insoportables con comentarios e indirectas que sus compañeras encontraban más ridículos que insultantes.
Cuando las enviaron a racear ya no hubo nadie que las escuchara, porque lamentablemente así como disfrutaron de la buena suerte de Berenice, tan rápido como sus narices entraron en contacto con los químicos del racero terminaron desechando la deliciosa torta que Berenice les invitó.
Al final de cuentas, no era tan sano comer algo tan exquisito mientras tus dedos manchaban ese alimento de pintura.