Korin entró a la bodega y encontró con la mirada a Natalia.
— Nati, necesito salir. ¿Me das permiso?
— Está bien, Korin, por esta ocasión te dejaré salir, pero ¿quién es ese hombre tan guapo? ¿Dónde te lo tenías tan escondido? ¿Es tu abuelito?
— Es muy difícil... es muy largo de explicar mi situación, pero es que sí necesito hablar con él.
— De acuerdo, puedes irte, pero mañana me cuentas a detalle de qué hablaron. ¡Uf! ¡Qué hombre tan atractivo! Suertuda.
Christian y yo terminamos hace poco y aun así me pone tan celosa saber que mujeres como Natalia se sienten atraídas por él.
Aunque yo me olvide de él y lo dejé, sé muy bien que él se encontrará a cualquier muchachita, otra vez, no será tan difícil para él, con ese físico y con las «ayudas extras» que puede dar, cualquiera caería rendida ante él, pero estoy segura de algo: nunca nadie lo amará, no como yo lo hago.
Tomé mi mochila y salí de la bodega con rapidez y cuando salí Christian ya me estaba esperando en su auto.
Se me hace un poco extraño que ahora no sea Doroteo quien conduzca, a lo mejor quiere que esta situación sea lo más privada posible.
Subí al auto y Christian conducía por las calles, entraba por callejones y salió a la autopista.
Christian estiró su brazo hasta el asiento de atrás y lo que sacó fue un ramo de flores de color melocotón, él sabe que es mi color favorito.
Al momento de entregarme las flores, Christian tomó mi mano por unos segundos.
—Te llevaré a un lugar especial, lo que inició con amor debe terminar con amor.
Al escuchar esas palabras, en especial la de «terminar», se me hizo un nudo en la garganta.
¿Estoy decidida a terminar? ¿Sí lo estoy? La otra vez pude terminar con él por medio de mensaje, pero ahora que lo tengo de frente sé que me resultará muy difícil decirle adiós, le diré adiós, pero con muchas lágrimas en mis mejillas.
Es inevitable.
Era lo que no quería, que él me viera llorando, que él se diera cuenta de que terminarlo me duele, me duele tanto que lloraré y lloraré, he llorado tanto a solas en mi cuarto, pero ahora lo voy a hacer frente a él.
Llegamos a una pequeña cafetería, la verdad no es nada lujosa, aunque eso no me importa, yo no estoy con él por el dinero.
Al momento de sentarnos, Christian fue quien sacó una silla para mí, fue tan caballeroso... es por esas pequeñas acciones que me siento tan atraída hacia él, es un caballero muy conservado, muy atractivo... Natalia tiene razón, soy suertuda, ya no por mucho tiempo.
— Gracias por las flores, me encanta su color. ¿Te acordaste de que es mi color favorito?
— Hay detalles tuyos que yo no olvidaré, te extrañaré, Korin.
«Me acaba de dar el tiro de gracia con esas palabras...»
— Yo también te extrañaré —me abalancé hacia él y lo abracé, él correspondió ese abrazo con cariño—. Me encantaría quedarme a tu lado, pero ya no soporto ser tu sombra, ser tu secreto...
Estaba llorando y todos los que estaban dentro de la cafetería, incluso los meseros, estaban mirándonos.
Christian tocó mi hombro con delicadeza en un intento por consolarme, pero ya es tarde, yo cuando comienzo a llorar ya no puedo parar.
—Tranquila, tenemos mucho que hablar, hay que pedir algo, ¿no lo crees?
Christian hizo una seña para que un mesero se acercara.
Al hacer nuestro encargo y cuando fuimos atendidos, fue el momento justo para seguir platicando porque ya nadie nos iba a interrumpir.
— Ahora que vamos a terminar necesito dejarte unos asuntos claros.
— ¿Asuntos?
— Sí, lo que quiero decir es... ya sabes... lo que pasaría si los medios se enteraran de esta relación, es por eso que necesito saber si tú...
— Si lo que quieres saber es si voy a ir de chismosa a decirle a todo mundo lo que hicimos... no tengas cuidado, no lo voy a hacer, no sería capaz de echar a perder tu carrera, que tanto te costó conseguir y hacer crecer. Yo no soy una mala persona.
— Es por eso que te amé, que te amo, porque hay tantas mujeres malas en este mundo y tuve la suerte de conocer un ángel.
Las lágrimas no dejaban de caer por mi rostro, sentía su calor y cómo brotaban de mi rostro, creo que hasta están cayendo en el café, pero no me importa.
Me gustaría que no terminara nada de esto. ¿Será que él aceptará otra vez mi amor? ¿A pesar de lo que hice? De no esperarlo, de desconfiar de él, a pesar de que me ama tanto, lo justo es que yo me aleje, ¿verdad?
A él de nada le sirve estar con una niña con tantas inseguridades como yo, soy tan joven y él merece a alguien más madura, más mujer que yo.
¿Habrá alguien que lo ame de la misma manera que yo? ¿Él logrará ser feliz con alguien más?
Christian sacó un documento de su maletín.
— Este es un documento, necesito que lo firmes, es un documento de confidencialidad, ya los conoces.
— No confías en mí.
— No confío en tu madre.
— ¿Mi mamá sabe de esto? ¿Te está amenazando?
— Claro que no, pero no puedo correr riesgos. ¿Has sido cuidadosa? ¿Y si lo descubre?
Es verdad, tengo tantas cartas, mensajes —en otro teléfono viejo—. ¿Y si mi mamá ve todo eso? Hasta ahora no lo creo, porque no me dijo nada. ¿Qué pasaría si eso ocurre?
— Te lo voy a leer, pon atención, por favor.
— Yo puedo leerlo.
— ¡Ay, mi vida! Yo sé que no te gusta leer, te aburre.
Es verdad, además qué buena oportunidad de escuchar su voz por una última vez con atención, con esa misma sensación que solo él me provoca, esa admiración que siempre he sentido por él, por cualquier cosa que hace.
Christian sujetó el documento y comenzó a leer.
Cada palabra que decía me dolía tanto.
— Habrá discreción sobre esta situación... no se mencionará nada de lo ocurrido y Korin ya no volverá a acercarse a Christian, Korin no volverá a llamar a Christian, Korin no volverá a ver a Christian, Korin debe olvidarse de Christian, pero Christian jamás olvidará a Korin. ¡Perdón! Eso lo agregué yo... volviendo al asunto.