Christian y Korin se estaban dando un beso, pensando que nadie los vería.
Qué equivocados estaban...
Aquella personita que los descubrió se sorprendió tanto que olvidó lo que iba a hacer y lo mejor que se le pudo ocurrir fue salir huyendo, aunque obviamente sin hacer tanto escándalo, o eso creía.
Ese día de trabajo llegaron unas bolsas con la tira del agarre sobresalida, eso no estaba bien, porque las bolsas se deben entregar con cero fallas y pedacería discreta.
De haber sido poquitas bolsas, solo se habrían tirado a la basura, pero al ser casi las 1000 piezas, Christian, que es tan codo, obviamente no quiso tirarlas, así que le pidió a Adriana y a la Rizos quitarle el exceso de tira para poder empacarlas en el lote.
Adriana y la Rizos estaban trabajando con cúter, retirando el exceso, cuando de pronto entró Anaís a la bodega con una cara de espanto.
— ¡Adri!, ¡Adri!
— ¿Y ahora qué tienes?
— Es que vi algo que no debía ver.
— ¿Qué viste? ¡Oye! Estás hasta temblando.
De la oficina salió Cora con los teléfonos de los empleados y avisó que ya habían dado las 2 de la tarde para salir a comer.
— Ya vámonos a comer.
— Es que vi algo que no estaba bien. ¿Qué voy a hacer?
— ¿Qué viste?
— ¿Te digo allá afuera? O...
Se acercó a mi oído y me dijo lo que vio.
— "Esta Korin y el diseñador se estaban besando, hasta le estaba metiendo mano el viejo cerdo, allá atrás de la Virgen".
«¡Ave María Purísima! Mi hermana ya los descubrió y no fui yo quien se lo dijo».
— No me digas...
— ¡Sí! No manches y ahora ya no podré verlo igual. ¡Ay, no! Se me cayó un ídolo.
Entre sus nervios, Anaís terminó rompiendo la bolsa que estaba en sus manos.
— ¡Ani! ¡Estás viendo que nos falta material para completar el pedido y lo rompes!
"Aunque bueno, no puedo culpar a esta Anaís, yo también la primera vez que descubrí lo que estaba sucediendo entre Korin y Christian sentí demasiada repulsión y miedo al descubrir las depravaciones de un hombre tan influyente".
— A mí también se me cayó ese ídolo, yo era su admiradora, por la facha que tiene y por lo que dicen las revistas, piensas algo bueno de él, su esposa, sus hijos y sabiendo que también tiene este lugar, como para que esté haciendo eso.
— ¿Qué vamos a hacer, Adri? Debemos salirnos de aquí, ¿verdad? Tal vez me va a despedir.
— ¿Se dio cuenta de que los viste?
— No, eso creo, porque me escabullí entre el árbol, pero siento que hice ruido cuando salí corriendo.
— ¿Sí crees que te despida?
— ¡Ay! Esperemos que no.
— Ya que descubriste que es un cerdo... no hay vuelta atrás.
— Sí, por eso te digo que tal vez lo mejor es que nos vayamos de aquí.
— Habrá que decirle a mi mamá para ver qué nos dice.
Después de esa plática salimos a comer, pero mi hermana no dejaba de temblar, me dice que son los nervios, pero incluso cuando se terminó de fumar su cigarro siguió así.
— ¡Ay, Adri! Si nos despide nos vamos a quedar sin dinero.
— Trabajos hay muchos.
— Sí, pero piensa que no tan cercanos a nuestra casa como este.
— Solo queda esperar a ver qué va a pasar con nosotras o en especial conmigo.
— ¿Crees que ella esté de acuerdo?
— Será cuestión de preguntarle y no se enoje por dejarla sin su gasto.
— ¡No hablo de mi mamá! Hablo de Korin. ¿Tú crees que ella esté de acuerdo con lo que le está pasando? ¿Le gustará? Con eso de que es tendencia tener un sugar daddy.
— Tendrías que hablar con ella para que te quedes sin dudas.
No puedo decirle o acusar a Korin de cómo es realmente, porque al final es Anaís la que tiene que darse cuenta de cómo se comporta y piensa realmente Korin. Si yo se lo digo, va a pensar que tal vez solo estoy de cizañosa y criticona contra una posible víctima. ¿Pero dónde inicia y termina una víctima? ¿Cuándo una víctima deja de serlo?
Cuando regresamos a la bodega, después de comer, mi hermana siguió raseando y yo componiendo esas bolsas con tira de más junto a la Rizos.
En algún momento de la tarde me dirigí al baño y me encontré a Korin, quien estaba lavando los marcos para empezar a rasear la bolsa chica.
Esta situación me deja un déjà vu cada vez que estoy por entrar a un lugar sin hacer ruido.
Me prometí que no me volvería a pasar una situación incómoda, así que cuando entré chapoteé en el agua y Korin volteó asustada.
— ¡Ay, Adri! Me asustaste.
— Ya tiene tiempo que no nos espantamos así, aunque ahora no lo hice a propósito.
— Oye, qué bueno que te veo.
— ¿Por qué? ¿Qué querías decirme? ¿O me estabas buscando?
— Sí, es que he visto a tu hermana un poco rara. ¿Qué tiene?
"Como si no supieras... ¡Oye! Si me está haciendo esa pregunta es porque tal vez sí se dio cuenta de que la vieron".
— Ya sabes que siempre tiene muchos nervios encima. ¿Por qué? ¿Hay algo que te preocupe?
— No, nada, es que me sorprende que esté así toda rara.
Justo cuando estaba hablando con Korin, llegó mi hermana.
— Dice esta Araceli que si ya tienes listo el marco de la bolsa chica, para poder seguir raseando.
— ¡Ay, no! Anais, está bien pegada la pintura, ya ves que Sonia nunca los lavaba cuando terminaba de rasear y ahora para poder tallarlos se necesita dejarlos remojar, pero ahora nadie los dejó remojar, así que yo creo que me voy a tardar un poco más lavándolos.
— Deberás decirle eso a esta Araceli, porque ya me está presionando para que ya empiece a rasear, pero le estoy diciendo que todavía no tienes listo ese marco.
— Yo no sé nada de marcos ni de raseo, así que mejor me voy. Bye, bye.
— Bye, bye, Adri, al rato te veo, necesito seguir hablando contigo y también quiero dulces para la salida.
— Está bien, pero te recuerdo que ya subió mucho tu cuenta, ¿eh?
— No te preocupes, yo sí tengo dinero y te puedo pagar.