Cuando terminamos de trabajar y llegamos a nuestra casa, Anaís y yo estábamos listas para decirle todo a nuestra mamá.
Soy un manojo de nervios porque, a pesar de que yo conocí esta verdad desde hace mucho tiempo, ahora no sé cómo vaya a reaccionar mi mamá cuando se entere.
En el pasado muchas veces me replanteé esa situación sin llegar a nada y hoy estoy a punto de descubrirlo. ¿Qué va a pasar? ¿Será que nos pedirá que dejemos de trabajar allí? Tal vez ella nos pueda dar mejores consejos para ayudar a Korin, ¿o no?
Anaís calentó la cena y cuando todas nos sentamos a comer, por fin Anaís y yo tuvimos el valor suficiente para hablar.
— Oye, ma, te tenemos que contar algo.
— ¿Ahora qué? ¿Otra vez sigues peleando con esa encargada?
— No, bueno, ahora eso no es, sí peleo con ella casi todos los días, pero hoy pasó algo más fuerte que ella.
— A ver, díganme, ¿qué pasó?
— Que el diseñador es un cerdo.
— ¿Por qué?
— ¿Conociste a Korin?
— ¿Korin... la chica que casi se cae el otro día, la de cabello rojizo?
— Sí, esa misma, hoy descubrí que está con el diseñador.
— ¿Y qué tiene? Ya está grande y sabe lo que hace.
— ¿Cómo crees, si solo tiene 15?
— No manches, si se ve bien grande.
— Recuerdo que cuando la conocí ella intentó hacerme una broma con su edad, al igual que Carmen, y me preguntó de qué edad se veía y ahí voy yo a decirle que la veía como de 20 y se enojó porque no tiene 20, tiene 15 y entró a trabajar allí, me quiero imaginar más chica, porque dicen que ya lleva mucho tiempo ahí adentro de la maquila.
— Bueno, en fin, mientras el diseñador no les haga algo a ustedes, no se metan.
— ¿Qué? ¿Así nomás?
— A ver, ¿qué quieren hacer? ¿Ya han hablado con ella? ¿Les pidió ayuda o les dijo algo?
— Yo hablé con ella y me dijo que estaba bien.
— ¿Qué más quieres que te diga? Si ya te dijo que está bien, déjala ser, lo mejor es que ustedes no se metan en ese tipo de situaciones porque siempre el que quiere ayudar termina mal.
— ¿Y si eso lo dijo porque está amenazada?
— Con lo que me dijo hoy, lo dudo mucho.
— No puedes ayudar a alguien que no quiere ser ayudado, entiéndelo.
— Aunque tal vez yo pierda mi trabajo, Korin me dio a entender que ella y el diseñador sí me vieron, que los descubrí.
— ¿Te dijo algo ese señor?
— No me ha dicho nada.
— Si él no te dice nada, entonces tú no le vayas a mencionar el tema y déjalo pasar.
Con esto confirmo que he visto muchas series de ficción. Normalmente en las escenas de películas que he visto, la mamá dice cosas como "no voy a permitir esto", "no sean parte del problema" y ahora descubro que mi realidad es sobrevivir aunque todo se desborde a mi alrededor.
¿Por qué pensé que algo sería diferente? Si aquí lo que más me han enseñado es que debo ser indiferente, que debo sobrevivir y, sobre todo, que la única cosa o persona que debe importarme soy yo y mis intereses. ¿Por qué creí que en esta situación con Korin sería diferente?
— ¿Mañana qué van a querer de comer?
— ¿Vas a ir? Ya tiene mucho tiempo que no nos llevas de comer.
— Tengo curiosidad, quiero ver y conocer más de cerca a Korin.
— ¿Vas a hablar con ella?
— Obvio no, lo que quiero es ver qué tipo de muchachita es.
— Pues es la misma que conociste hace mucho tiempo, cuando Anaís entró a trabajar en la máquina y fue la primera vez que nos llevaste de comer.
Chale, cuando mi hermana entró a trabajar a la maquila en su primer día y los siguientes, mi mamá se presentó y llevó mucha comida para que comiéramos y cuando yo entré a trabajar allí y no tenía ni un peso para comprarme algo de comer, tuve la suerte de que a mi papá me lo encontré afuera de la maquila mientras estaba vagando en los alrededores en lo que se pasaba la hora de comer. Dice mi mamá que no es favoritista y que no tiene preferencias, pero a veces comete actos que me hacen dudar lo contrario.
— ¿Quieren que les lleve algo caldoso o algo frito?
— ¡Ay, mejor algo frito! Porque tú eres de las que hace caldo cuando estamos a quién sabe cuántos grados de calor.
— ¿Qué pasaría si te despiden, Anaís?
— ¡Ay, no! Mejor no digas nada, porque de por sí siento que me voy a meter en problemas, no solo va a ser el que me despida, tal vez me diga otra cosa como lo hizo Korin hoy.
— Además, necesito hablar con ustedes... voy a necesitar que me aumenten el gasto.
— ¿Por qué? Estás viendo que con lo que te damos y pedimos fiado en la tienda, no nos alcanza mucho o, bueno, en realidad ni nos sobra casi nada del sueldo.
— ¡No se hagan! Ustedes también que son bien gastalonas, pero lo que quiero decirles es que ¿se acuerdan de Emilia?
— ¿La tamalera?
— Sí, es la misma, es la que conocí cuando yo era telefonista.
— Sí, ¿por qué?
— Ninguna puede renunciar a su trabajo y tampoco pueden dejar de darme gasto cada semana, porque Emilia sacó un préstamo a mi nombre y ya no me está dando para pagar las semanas.
— ¿Le sacaste un préstamo en Compartamos? No, en Progresar.
— Sí, ella me dijo que me iba a ir pagando cada semana los pagos, pero ya no lo ha hecho y estas últimas semanas las he estado pagando yo con lo que ustedes me dan de gasto, así que por eso necesito que no dejen de darme.
— ¡Con razón! Luego cuando llegamos no hay nada de comer, todavía dijéramos te has gastado el gasto en algo tuyo o comprándote cosas para darte gusto, pero resulta que no. ¿Por qué tenías que hacer eso?
— Ella me pidió prestado y yo no tenía dinero, entonces me comentó lo de Progresar y pues no me negué porque era mi amiga, es mi amiga.
— Una amiga no te hace eso, ve el problema en el que estamos ahora, si no terminas de pagar, ¿qué va a pasar? ¿Van a venir a la casa a cobrarse con lo que tenemos?
— Ya no me falta mucho, lo que necesito es que ustedes me aumenten de su sueldo, porque como ya lo dijeron ustedes, no hay comida y con lo que yo hago de bolsa no me alcanza.