Regresamos a la imprenta donde todos los trabajadores cómplices volvemos sin falta.
Durante unas semanas se estuvo llevando a cabo una nueva modalidad con respecto a un material muy específico llamado carteritas.
Las carteritas son pequeños paquetitos que llevan por dentro botones e hilo.
Fueron diseñadas como un pequeño gesto de Christian Ferrer para hacer más llamativo su stock de ropa en la boutique y en diferentes tiendas de Blue Collection que hay en distintas plazas de la Ciudad de México.
Cada pantalón, blusa o camisa cuenta con ese diseño de carterita, junto con una nota de agradecimiento del diseñador a sus tantos consumidores.
La carterita se realizaba en la misma maquila, pero después de que empezaron a llegar más pedidos y se incrementaron nuevos materiales, Christian decidió repartirlos también entre las señoras que trabajan la bolsa por fuera.
Debido a que nosotros acá adentro ya no tenemos mucho tiempo, además de que a mis compañeras se les hacían muy complicadas de realizar.
Así fue como ahora me encuentro en esta situación.
El maestro Armando está hablando conmigo sobre si me quiero llevar carterita a mi casa y de paso si podría decirle a mi mamá que también intente hacerlas.
He decidido intentarlo, porque la verdad lo que también quiero es empezar a tener un poquito más de dinero.
Necesito comenzar a tener un ahorro para mudarme de mi casa, porque la idea de ser independiente no se me va a pasar.
No es mi etapa rebelde.
Más bien una decisión con estrategia.
…
Así estuvieron Danilo y Julián toda la semana repartiendo carterita con diferentes señoras, mientras yo me llevé a mi casa para comenzar a enseñarle a mi mamá.
El día que entregamos el primer montón de carteritas, Christian quedó satisfecho por el resultado, aunque solo con el de mi mamá y el mío.
Porque la carterita que fue repartida entre diferentes señoras llegó peor de lo que se imaginaban, venían manchadas de pegamento, rotas, despegadas y en muy mal estado.
Terminó siendo un fracaso repartir las carteritas, por lo menos Christian se alentó de ver que por parte de mi mamá y mía sí hubo buenos resultados.
Desde ese momento, Christian decidió empezar a repartirnos carterita constantemente y nosotras también lo aceptamos, porque era más sencilla de hacer que la bolsa, solo era cuestión de práctica.
Estábamos cómodas con la carterita y como es más pequeña que la bolsa ya no me cansaba tanto.
Lo que jamás me imaginé es que mi buena suerte podría llamar la atención de personas que solo buscaban que me fuera mal.
A esto me refiero a Araceli, que después de que se me acercó para hablar conmigo, pude comprobar que mis intuiciones no son paranoias.
— Desde hoy comenzarás a rasear.
— ¿Cómo por qué? Si el maestro Armando te dijo que no puedo.
— Para todo hay que tener evidencia.
— ¿No te basta con verme cargar todos los días mi inhalador? ¿Con ver que cuando me enfermo voy al hospital para traer expedientes médicos? ¿Nada te basta? ¿Qué es lo que necesitas para comprobar que no puedo rasear?
— Ya no pongas más excusas, hablé con el diseñador y lo vas a hacer, no te estoy preguntando.
Así fue como terminé así como estoy, con un cubrebocas que ni cubre nada y con Paola acomodando y registrando el marco que voy a usar para rasear.
Siendo honesta, estoy asustada, que te quedes sin aire no es divertido ni se siente bien, solo espero que no me pase nada, incluso si me tachan de mentirosa, prefiero eso a tener una crisis asmática, la sensación de ahogarse no es muy agradable.
Emiliano se acercó a mí y me dijo que él sería mi compañero para raseo.
Emiliano lleva más tiempo que yo en la maquila y se lleva bien con mi hermana Anaís, pero Araceli lo eligió como mi compañero porque tampoco se lleva bien con él y solo busca maneras para deshacerse de él.
Esta es la primera vez que cruzamos palabra desde que llegué, al trabajar en diferentes zonas no hubo razón como para hablarnos, además de que piensan que soy muy amargada o mamona aquí en la maquila.
Hasta este punto no fui la única que se enteró de lo que iba a hacer y fue así como mi hermana llegó rápido conmigo y vi su mirada de preocupación.
— ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás aquí en esta zona de raseo?
— Me dijo Araceli que ya llegó el momento de que yo rasee.
— Pero ella ya sabe que no puedes hacerlo, voy por el maestro Armando.
— ¡Ni te molestes! Ya hablé con él y tu hermana va a rasear quiera o no.
— Ya se te dijo que ella no puede, ¿por qué eres necia?
La situación comenzó a llamar la atención del trío del BC y de los compañeros que estaban trabajando.
— ¡Ni me miren así! Ustedes también piensan que es injusto que ella no rasee y gane lo mismo que todos ustedes.
Nadie dijo nada y mejor siguieron trabajando. Finalmente, si nadie dice nada de la situación de Korin, ¿cómo voy a esperar que digan algo sobre mi situación?
Todos son cómplices, incluyéndome, de tanta injusticia ejercida en esta maquila.
— Toma en cuenta que esta es tu manera de ganarte la carterita, Adriana.
— ¿Cómo que la manera de ganármela? Si la carterita se la están dando a mi mamá.
— ¡No seas chismosa! Yo sé muy bien que a ti también te dan carterita.
— Sí, pero la hacemos juntas.
— ¿Ves? A eso me refiero, si tú trabajas la carterita, pues qué mejor que lo hagas desde el inicio. ¡Qué fácil se te hace! Llevarte la carterita a tu casa ya suajada, revisada e impresa. ¡Ya no será así! Ahora tú serás quien la imprima, eso sí quieres seguir llevándola a tu casa.
Sin más que decir, Araceli se fue y mi hermana se fue detrás de ella peleando.
Mi hermana no es de las que se intimida o baja la mirada tan fácil, ella siempre lucha hasta que ya no hay nada más que hacer ni más por qué luchar.
Al final regresó desecha, porque no logró cambiar nada.