Cuando salí del hospital regresé al BC a seguir trabajando, porque mi contrato sigue vigente.
Debo planear una manera de salir.
Al final, lo único que me dijo mi madre es que habíamos logrado nuestro cometido y se comprobó que no mentía con respecto al asma.
¿El peligro se terminó?
Al salir del hospital, Araceli y Alexa hablaron conmigo y me aseguraron que yo ya no volvería a rasear porque esto que pasó no podía volver a repetirse.
¿Hubo una disculpa?
¡Qué divertido! Eso habría sido bueno, sin embargo, eso no sucedió.
Nadie se disculpó, nadie dijo nada ni volvimos a tocar el tema.
Solo que se "implementaron" medidas preventivas a raíz de mi caso y eso fue todo.
Ahora que estoy de vuelta, mi crisis es económica, porque en estas dos semanas de ausencia no pude surtir mis dulces y mi hermana no pudo cobrar todo lo que me debían mis compañeros que tengo anotados en mis listas.
Los que me debían se hicieron patos y no buscaron a mi hermana para pagarle, la honestidad no existe en esta maquila y si quieres que negocios como el mío prosperen debes estar detrás de ellos cobrando.
Así que por el momento no tengo para volver a surtir mis dulces, teóricamente estoy en la quiebra.
Afortunadamente tuve la suerte de que uno de mis tíos me permitió vender parte de su joyería y con eso tengo la esperanza de sacar algo de dinero para volver a empezar y surtir mis dulces para recuperar lo perdido.
Cabe mencionar que mi casillero estaba casi vacío, eso significa que mientras no estuve me estuvieron sacando los dulces, pero ¿a quién acuso? ¿A quién le cobro? Nadie me va a decir quién lo hizo y eso lo sé sin necesidad de preguntar, porque ya me ha pasado.
Llegó la hora de desayunar y aproveché para repartir toda la joyería y mientras mis compañeras la veían, algunas empezaron a comprarla y afortunadamente todo lo que me dio mi tío lo terminé de vender.
Quien llamó mi atención fue Korin, porque en cuanto ella vio un corazón azul de plata inmediatamente se abalanzó entre la multitud para tomarlo.
— ¡Yo quiero este, Adri!
— Está bien, ese cuesta $250. ¿Me lo vas a pagar esta semana? ¿O cómo le vamos a hacer?
— Sí, este... ¿te lo puedo ir pagando en pagos?
— No, Adri, entonces mejor véndemelo a mí, yo te lo pago en dos pagos y no te hago esperar tanto.
Korin y Paola siempre tienen riñas y esta vez no fue la excepción pelearse por un collar.
Korin soltó el collar y se fue rápidamente al baño, cuando salió junto con una gran sonrisa me imaginaba lo que iba a pasar.
— Te lo pago ahora mismo, Adriana.
— ¿Ahora?
— Sí, tengo el dinero. ¿Sí me lo vas a vender a mí? ¿O ya se lo diste a Paola?
— No, Paola aún no se lo lleva porque salió a comprar algo allá con el Campeche. Si quieres te lo entrego y ya hablo con ella cuando regrese.
— Está bien, espérame tantito, no me tardo.
Korin entró a la oficina y salió con dinero. ¿Quién se lo habrá dado?
— Aquí tienes y muchas gracias.
Korin como siempre se salió con la suya, ya todas nos dimos cuenta que durante todo este tiempo la relación de Christian y Korin ha marchado perfectamente.
Ahora ella siente que todo va a ir bien y que todo le saldrá tal y como ella lo imagina y más por situaciones como esta, en donde ella habla y lo que ella dice se hace.
En este punto de su relación estrepitosa, Korin siente que ha ganado.
¿Qué ha ganado realmente?
Ella aún no se da cuenta que solo es un peón en este tablero de ajedrez.
Una pieza tan pequeña que en cualquier momento puede perder el juego.
Si tan solo supiera lo grande que podría ser, si no se dejara hacer pequeña por Christian Ferrer.
Al terminar de trabajar todos nos fuimos a nuestra casa y confieso que algunas cosas han cambiado, como por ejemplo mi hermana comenzó a agarrar la costumbre de irse con el trío del BC y no directamente a su casa.
Durante estas semanas, Anaís se dio cuenta de que tiene muchas cosas en común con Carmen, Bere y Tere.
A las cuatro les encantan las fiestas con excesos, por eso ya es de cada sábado cuando cobramos nuestro sueldo que las cuatro se ponen de acuerdo para salir a tomar o a dar la vuelta, pasear o tener citas con algún chico.
Ahora que regresé del hospital, Anaís también me dejó en claro que ya no nos vamos a ir juntas, porque ella ya decidió con quién quedarse y la verdad si el trío del BC la complace y la divierte, pues yo ya ¿qué puedo hacer? Tampoco puedo tenerla atada a mi lado, eso no sería justo...
Tampoco es como que Anaís y yo seamos unidas todo el tiempo, yo ya sabía que al igual que en la escuela iba a llegar el momento en el que Anaís tendría a sus amistades y yo me vuelvo un cero a la izquierda.
No me victimizo ni la envidio, porque no es que yo desee tener lo mismo que Anaís.
Mi hermana es sociable y muy simpática, en cambio yo soy reservada, otaku y una gran lectora que no soporta los excesos, de hecho tal y como lo dijo el trío del BC hace tiempo le tengo miedo a vivir la vida, pero es que a mí los excesos, fiestas o los chicos no se me hacen la vida entera, siento que hay más cosas por hacer, pero en el BC no existen personas que lo entiendan y por eso prefieren dejarme en mi esquina.
…
Con el dinero que me dio Korin tenía la oportunidad de volver a surtir mi mercancía, pero he decidido no hacerlo.
El dinero que me dio Korin ya no lo usé para dulces y mejor decidí tomar la decisión de salir de la maquila, en lugar de gastarlo.
Mejor lo junto con el dinero que tengo ahorrado de la carterita.
Es sábado y solo trabajamos mediodía, en mi casa se ha vuelto costumbre que compre algo de comer y lo lleve a casa, porque mi mamá no cocina los fines de semana.
Es una regla impuesta y las consecuencias al romperlas las conozco demasiado bien.
Pasé al banco a retirar dinero y en una situación muy curiosa me sentí extraña.