Bosquejo de una Traición| Conspírame

Capítulo I. Pero es aterrador, ¿no lo crees? Moriría si lo tuviera en frente.

Había una vez...

Una historia que todos querían escuchar.

¿De misión sin avisar? Rebeca Recamier Redgrave, la Dirigente de La Salve y su Agente Philippe Faulkner, parecen haber desaparecido sin dejar el menor rastro. "Tras los estraperlistas de MonMayor", dijo Jared Zephyrine cuando tras dos días de silencio La Salve fue, literalmente, invadida por información.

Hasta el momento y tras cinco días sin verle a ninguno de los dos, se ponen en duda las palabras del Agente Zephyrine y los rumores de que un equipo de rastreo se ha desplegado en el Bosque Rojo, han cobrado fuerza, dejando la mayor incógnita del momento, ¿a quién darle las gracias por desaparecer a Recamier?

El Interprete.

Sergei Kusti.

Jelenbek, Ginebra.

Invierno del año 1197 de la t.d.

Paola regresó y Sabine se estremece cada vez que lo recuerda.

La mirada de esos ojos verde oscuro ha comenzado a provocarle pesadillas, volcando recuerdos de una infancia desdichada donde Paola es siempre quien narra sus desgracias en cada acto.

Lo que es patético si ella es realista. Paola ya no es más grande ni más fuerte. Los años arreglaron las desventajas que entre ellas una vez florecieron; Sabine ya no es tan delgada que podría romperse si la empujan, tampoco tiene ya que saltar forzándose a sí misma de puntillas para alcanzar lo que Paola ha puesto fuera de su alcance. Y definitivamente ya no es menos inteligente que su prima.

El tiempo favoreció a Sabine de una forma en que no lo hizo con Paola, tal vez su prima sigue siendo más bonita, con esos ojos grandes y verdes, las pestañas largas y esas mejillas rosadas que la hacen ver encantadora, pero su belleza no cubre nada más, no se extiende a nada más, por dentro Paola parece un desierto, está llena de polvo y soledad, con plantas espinudas enredadas en su columna, lo que sea que le paso en los años que estuvo desaparecida fue suficiente para marchitarla.

Por supuesto, Sabine no lanzara una plegaria por tal cambio, a pesar de lo sucedido en los años mientras crecían juntas, Sabine nunca quiso que le pasara nada malo. Son familia al final, nada cambia el hecho de que comparten sangre y techo, lazos como esos es mejor aceptarlos que luchar edades contra ellos.

Sabine lo hizo, incluso lloró la desaparición de Paola, la sintió en ella misma, cuando Paola se fue, algo de la propia Sabine partió con ella.

Ahora se sientan juntas en el mismo sofá y bordan servilletas como si nada hubiera pasado, no hay nueve años sin respuestas entre ellas, tienen quince otra vez y Paola no está a punto de irse por un largo tiempo.

- ¿Cariño, que es eso? - la tía Yasabel se inclina para ver bien el dibujo de Paola, Sabine pretende no haber estado haciendo lo mismo.

-No lo sé. -responde mientras sigue bordando con hilo gris oscuro los cuernos de la criatura. -Pero es aterrador, ¿no lo crees? Moriría si lo tuviera en frente. -el aire ausente con el que se expresa eriza la piel de Sabine.

La tía Yasabel, por supuesto, está preocupada, la hija que recuperó es apenas la apariencia de la que perdió, pero lo oculta bien, le sonríe a Paola como si entendiera las razones de su comportamiento y le acaricia el cabello con ternura.

Ninguna de las servilletas que Paola ha bordado se han puesto a la venta, quien sabe qué pasaría si alguien viera esos bordados, algunas personas se desmayarían y otras se darían la vuelta para no volver. La tía Yasabel las tiene escondidas en un cajón del ropero en su recamara, Sabine la vio guárdalas ahí un día.

Desde la misma criatura espeluznante con cuernos curvados hacia atrás, alas de murciélago, garras oscuras y mirada iracunda, hasta casas aterradoras llenas de telarañas y con sangre escurriendo por las ventanas, Paola solo dibuja figuras escalofriantes y luego las borda con tranquilidad, como si no se diera cuenta de las cosas horribles a las que les está dando color.

Sabine intentó una vez darle una de sus propias servilletas, pero Paola la tiró y la piso.

-No quiero nada tuyo. -declaró, luego volvió a sentarse a su lado, como si no acabara de ser horriblemente grosera y desconsiderada, Sabine no ha intentado ningún otro acercamiento desde entonces.

Pero cuando la campanilla de la tienda suena, la tía Yasabel recoge apresuradamente los bordados de Paola y hace que Sabine los cargue.

-Yo atenderé a la señora Viviana. -dice. -Quédense en el cuarto de atrás. -

Definitivamente es la señora Viviana, es la única persona que fija una hora y llega a otra, regularmente más pronto de lo acordado. Y Paola no es un espectáculo para presumir en público, Sabine debe quedarse en el cuarto de los hilos con ella cuando alguien llega. La tía Yasabel no confía en que dejar a Paola sola sea seguro, así que es deber de Sabine cuidarla, o al menos contenerla detrás de la puerta hasta que los clientes se vayan.

-Párate, cariño. -dice la tía Yasabel mientras toma de las manos Paola y la levanta. A su prima no le entusiasma ser encerrada, se pone de mal humor cuando la esconden. -Ve con Sabine, comeremos arroz después, ¿de acuerdo? -

Por alguna razón a Paola le gusta comer arroz, podría construir sus tres comidas del día en arroz, no importa como este cocinado, le gusta. Así que asiente cuando la tía Yasabel lo propone y sigue a Sabine al cuarto de atrás, ello no evita que arrastre los pies con inconformidad.



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En el texto hay: traicion, amor, tragedia y poder

Editado: 14.03.2025

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