<<Nosotros ya tenemos un rey, Abdiel>> solía decir su padre. Y cuando él preguntaba: ¿Dónde está?, la respuesta era siempre la misma: al otro lado de los mil mares.
<<Y un día vendrá>> añadía, <<entonces seremos libres y recompensados>>
En algún lugar del mundo.
En una fecha desconocida.
Jelenbek, Ginebra.
Invierno del año 1197 de la t.d.
Paola es una presencia opresiva, Sabine se encoge ligeramente al lado de ella. Pasó una noche de pesadillas, cada una más escalofriante que la anterior. Desde la nata caliente quemando su rostro hasta la leche escurriendo de su corazón como si fuera sangre, y Paola, por supuesto, riendo desde un cuadro en cada pared.
Ahora incluso verla de reojo le eriza la piel, pero nadie repara en ello. La tía Yasabel le está dando prioridad a uno de los vestidos de la señora Viviana, colocando encaje verde en las mangas cortas, mientras Paola con retazos de tela color melón se está confeccionando una falda.
La propia Sabine debería estar concentrada en los botones que está cociendo a una camisa, pero no puede a pesar del miedo dejar de vigilar a su prima, es absurdo, pero imagina que, si descuida a Paola entonces la encontrara a su lado en solo un parpadear sosteniendo las mismas tijeras con las que ahora corta tela.
–Quiero ir a ver a Eward. –dice. Se endereza y pone un mechón de cabello detrás de su oreja, mira a la tía Yasabel mientras habla. Sabine retuerce la camisa que sostiene entre sus dedos. –Estas tijeras necesitan filo. –explica, como si una buena razón fuera suficiente para dejarla salir de casa.
Sabine espera la negación, pero la tía Yasabel baja su costura con duda.
–Son solo diez minutos de caminata. –Paola se mueve hasta estar detrás de la silla de su mamá, tiene una sonrisa encantadora en la cara, Sabine sabe que más tarde le dolerán las mejillas por la forma en que fuerza esa reluciente sonrisa. –Además usaré un gorro y no hablare con nadie, excepto si me saludan, seria raro ignorar a alguien que está siendo amable, más no creare conversaciones de simples cortesías, lo prometo. – entonces rodea el cuello de tía Yasabel y junta sus mejillas. –¿Por favor? –
Y tanta amabilidad suena extraña en voz de Paola, Sabine no puede recordar cuando fue la última vez que la escuchó decir por favor, seguramente debió ser cuando eran mucho más jóvenes, prácticamente niñas, no en ningún momento desde su regreso.
Bueno, a menos que cuentes aquella vez, pero Sabine no lo hace, porque Paola en realidad no sentía las palabras. Si, dijo por favor, pero solo porque fue obligada a hacerlo. Así que no, Sabine no contara esa vez, tampoco quiere recordarla, no fue un buen momento para ninguna de las dos.
–Afuera hace mucho frio, cariño. –comienza a decir la tía Yasabel, Sabine se endereza al escuchar la suave negativa. –Podrías enfermarte, todavía estas muy delgada, no creo que sea prudente salir, tal vez después de que el invierno pase. –
Paola frunce los labios por un momento, totalmente inconforme con la respuesta.
–Estoy mejor que antes. –dice, y es verdad, hay más carne en sus huesos y su clavícula no parece tan afilada, se ve más saludable que cuando llegó, pero sigue sin ser como antes. Paola no era gorda, pero siempre fue más curvilínea que Sabine. La tía Yasabel parece esperar que la forma de Paola sea la de cuando tenía quince años, pero por la manera en que la ropa de Sabine no le queda, no es probable que vaya a verse más saludable que ahora.
Y el invierno comenzó hace tres semanas, todavía hay más de dos lunas por delante antes de que termine. Es una trampa el esperar, tal vez después la tía Yasabel pida que salga cuando la primavera termine y así sucesivamente, hasta que simplemente Paola no lo soporte.
Sabine no quiere imaginar cómo es una rebelión de Paola ahora que es adulta.
–Quiero ir. –insiste, suena más como un aviso. –Me portare bien. –
La tía Yasabel suspira, Sabine la acompaña en silencio.
–No es prudente. –repite. –Tu prima llevara las tijeras para que Eward las afile. –
Y los ojos de Paola miran inmediatamente a Sabine, como si ella misma hubiera propuesto la idea. Paola se endereza y suelta a su mamá, aunque mantiene las manos en el respaldo de la silla.
–Iré con ella. –
Sabine quiere negar, no quiere caminar entre la nieve con Paola, además hay pedazos del camino totalmente solos, se siente como si no pudiera respirar solo de imaginarse en soledad con ella.
Cosas muy feas sucedieron la última vez que estuvieron solas y alejadas de los demás, Sabine quiere sacudirse las manos solo al pensarlo, recuerda el fuerte agarre que Paola le infligió, como le encajó las uñas hasta sangrar, el dolor duró días y la sensación años.
–No, Sabine será más rápida si va sola. El pueblo ya no es como antes, Paola. –
–Encontré el camino hasta aquí a pesar de los nueve años, podría encontrar el camino a cualquier otro lugar. Pero está bien, aun no es el momento, madre. – y esa es una retirada de lo más forzada. –Pero que vaya ahora, quiero terminar mi falda mañana. –