Bosquejo de una Traición| Conspírame

Capítulo V. La hoguera donde quemó los pecados de Benjamín.

Había una vez…

Una bestia encerrada en el cuerpo de un hombre.

“Amnistía a todos los hombres arrepentidos” dijo Benedikt Lux-Golory Cox, solo dos horas después de que Lucio Rachmaninoff llamara “Traidores sin perdón” a todos los Lenicos.

La única condición para otorgarla fue la entrega voluntaria de todos los grandes nombres Lenicos. El Yham Ulises Phélypeaux fue el primero en levantarse y caminar al frente, su acción será siempre recordada con gran valor y, su muerte, con orgullo entre los sobrevivientes de su causa, si los hubo.

En total se llevaron a cabo 18 ejecuciones públicas en La Gran Plaza Aditi. Y cuando los líderes y principales Lenicos fueron ejecutados, y a los que quedaron les arrebataron el orgullo, la dignidad y la fe en su propia causa, les otorgaron la amnistía, como un regalo, como si ellos no se la hubieran ganado ya.

Antigua copia de: El Interprete.

Luna Ross.

Zaratio, Hangondel.

Invierno del año 1197 de la t.d.

Algo está mal en el cielo, ha sido así por un tiempo.

Se trata de las dos estrellas que orbitan cerca de la constelación Sadhe, son nuevas y extrañas, han aparecido contra todo pronóstico y cada noche se acercan un poco más, lamentablemente no colisionaran, sino que se integraran a Sadhe y, cuando eso pase, las cosas no volverán a ser las mismas.

–Hoy se ve más tenebroso que de costumbre. –Sul dice, una de sus pequeñas manos está entre las de Constanze. –¿No lo crees, mamá? –

La niña no se refiere al cielo, sino al bosque El Tirano.

Érase una vez ese bosque fue el más peligroso de todos, nadie daba un paso ahí sin pagar un precio. Fue habitado por criaturas espeluznantes y malvadas, ahí gobernaban fuerzas extrañas, muchos horrores quedaron grabados entre sus árboles, más luego perdió todo ese esplendor oscuro y se marchitó.

Ahora Constanze ya no está segura de que todo siga muerto.

Ha habido cambios, todos sutiles, pero reconocibles.

–Solo es la niebla, cariño. – responde.

No nieva en El Tirano, siempre que es invierno cae una densa niebla sobre el bosque, a veces es como si desapareciera por completo detrás de esa nube oscura.

Constanze ha pasado años resistiendo la tentación de ir y descubrir cuantos horrores de los que se le han achacado al bosque son ciertos y cuales no son más que especulación.

–Anoche escuché aullidos. – dice la niña, pero Constanze no escuchó nada, y ella es sensible a los ruidos, puede despertar a la menor perturbación. Además, aunque desde el balcón la distancia no parece gran cosa, son seis kilómetros los que separan a la Mansión Lowys del bosque, así que no es probable que, de haberlos habido, Sul los captara, no cuando su capacidad auditiva está dañada.

–¿Estás segura, cariño? –por otro lado, la niña no miente, nunca lo ha hecho y siempre ha temido a la decepción de Constanze, de modo que se mantiene sincera y obediente como una hija perfecta.

Simplemente puede que el sonido no haya venido exactamente de El Tirano, sino de un lugar más cercano.

–Sun también los escuchó, mamá. –

Constanze mira adentro, sobre la cama Sun está leyendo un libro.

El niño es esquivo, nunca ha llamado a Constanze mamá, suele dirigirse a ella por su nombre, sin embargo, Constanze cree que él la quiere, solo que se niega a admitirlo en voz alta.

–Vayamos adentro dulce Sul. – Constanze carga a la niña, no es pesada, solo tiene seis años y sus huesos son frágiles.

Ninguno de los niños tiene la altura suficiente, el peso adecuado o los sentidos completos. Pero Constanze ya no va por la vida pensando en ello cada segundo, ahora sabe cómo ignorar las deficiencias de Sun y Sul. Le tomó unos años dejar de estremecerse o hacer gestos inconscientes con su rostro al verlos o tocarlos, ya no retrocede, ahora solo quiere compensar la indiferencia que les mostró.

Todo es rojo en la habitación, la alfombra, las sabanas, las almohadas, las cortinas, las paredes, la ropa de Constanze y la puerta. Lo más divertido de todo ello es que durante su juventud nunca fue aficionada al color rojo. A Constanze le gustaba usar colores pastel, rosa, azul, amarillo y verde estaban entre sus favoritos, no creyó que cambiaría al casarse, y no lo hizo, hasta Sun y Sul.

Los niños la trastornaron, no importa lo poco maternal que eso suene, fue así.

–¿Es interesante, Sun? –Constanze le pregunta mientras deja a Sul en la cama, el libro le parece conocido, pero no puede ver la portada ni el nombre.

–Estoy tratando de conocerte, Constanze. –responde terriblemente formal para su edad.

Sun es dos años mayor que Sul, pero, aunque esos años no parezcan crear una brecha tan grande, lo hacen. Sun entiende cosas que Sul nunca podrá. Esa es una de las razones por la que no quiere a Constanze.

La ve con más claridad que Sul.

–¿Leyendo un libro? – dice mientras se quita los anillos y los guarda en una pequeña caja de madera en su tocador.

–Leyendo Tierra de Dos. –remarca el nombre del libro, como si eso debiera explicarlo todo.



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En el texto hay: traicion, amor, tragedia y poder

Editado: 14.03.2025

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