Buscando en el Pasado

Capítulo VIII

Capítulo VIII

 

Bar

11:55 p.m.

 

Mara se integró rápidamente a la historia de Anthony y la escucha con atención. Le generó curiosidad y es una distracción para dejar de pensar en la organización criminal que la quiere muerta y en su decepcionante día de investigación para encontrar a su ahijada.

—Los dejé solos ahí porque quedarnos más tiempo no era parte del trato —suelta José interrumpiendo a Anthony—. Y menos para emborracharse y consumir porquerías.

—¿Y cómo regresaste al pueblo si no tenías vehículo? —cuestiona Anthony.

—Se lo respondí cientos de veces a la policía, ¡caminando! Estoy acostumbrado a hacerlo, no soy rico de cuna como tú, Inglés.

Mara enseguida detecta que hay algo de fricción entre esos dos, supone que por lo que está por ocurrir en la trama de la historia. Tiene algo de información sobre casi todos. La camarera y el barman deben ser locales obviamente, al igual que José, el guía; de Anthony sabe un poco más porque este ha hablado mucho; pero no sabe nada de los sujetos bien vestidos que lo acompañan en la mesa. Estos le generan mucha intriga.  

—Mi vida o de dónde vengo no tiene nada que ver con que tu salida de la escena sea muy cuestionable —argumenta Anthony—. No conozco a ninguna persona que caminaría tanta distancia a esas horas de la madrugada y sola.

Hugo y Andrés intervienen para pedirles a Anthony y José que dejen las discusiones, que se centren en lo importante porque se hace muy tarde. Mara aprovecha para intervenir.

—¿A qué se dedican ustedes, señores? Están muy bien vestidos e imagino que la lujosa camioneta blanca que está afuera les pertenece —interroga.

Los bien vestidos se miran entre sí y luego a Mara. Para Anthony que ya se los había preguntado, que ahora lo haga una detective lo parece más que interesante. Hugo bebe un poco de su cerveza y responde.

—El barman nos hizo la misma pregunta; la camarera nos hizo la misma pregunta, aunque no me quejaría si ella me lo pregunta cien veces más; nuestro estimado Inglés también nos lo preguntó; y ahora tú lo haces. Así que responderemos lo mismo, vinimos por negocios. Vendimos equipos y suministros médicos, cobramos y mañana nos vamos.

En ese instante, una pequeña idea entra en la cabeza de Mara y rápidamente se va transformando en toda una hipótesis criminal.

—De acuerdo. ¿Y cuánto tiempo llevan aquí?

—Como dos días, preciosa señorita. Somos empresarios —suelta Andrés repentinamente, llevado por los tragos.

—Ya veo… —musita Mara.

—Pero ya mañana nos debemos regresar para la capital.

—Sí, ya nos mandaron a llamar —vuelve a interrumpir Andrés—. La verdad es que estábamos hartos de estar en este pueblo, y no lo tomen a mal. Es que es muy aburrido, no hay nada que hacer.

Todos en el bar prestan atención a la conversación, notando que la detective se trae algo entre manos. Mara mueve su vaso circularmente sobre la mesa mientras lo observa fijamente y termina de pensar.

—¿Seguimos con la historia? —pregunta Hugo con algo de impaciencia—. De verdad me gustaría terminarla, si no, nos iremos a descansar.

Anthony no le hace caso, su atención está en la detective. Quien está lista para atacar.

—Por casualidad, ¿vendieron los equipos e insumos médicos, a la clínica de los Belmonte? —pregunta sin dejar de mirar su trago.

—¿Conoce otra clínica por estos lados? —cuestiona Hugo.

—No, solo quería corroborar. Entonces imagino que los visitaron en su finca. Digo, era un negocio tan grande, debieron celebrarlo en privado y no hay otro lugar en el pueblo en donde hacerlo.

—¡Claro que fuimos! —exclama Andrés—. Don Augusto Belmonte es un gran anfitrión, nos dio una atención de primera.

—Pasamos un par de horas en la propiedad finiquitando asuntos relacionados con el negocio. Nada fuera de lo común —agrega Hugo.

—No lo pongo en duda, Andrés —dice la detective y levanta la mirada para clavárselas a ambos—. ¿Qué saben sobre la desaparición la joven Sandra Pinto?

Anthony no se esperaba aquella impactante información. “¿Otra mujer desaparecida?”, se pregunta. El barman también les hace comentarios a José y a la camarera sobre el tema. Por su parte, Hugo le mantiene la mirada fija a la detective y sonríe.

—No me está gustando su tonito, detective, ni la dirección en la que parece ir esta conversación.

—Ese no es mi problema, señor. Solo hago mi trabajo. ¿Dónde estaban a las ocho de la noche, antes de ayer?

Andrés termina alterándose y se levanta de la mesa. Anthony se sorprende, no lo esperaba del hasta ahora más tranquilo de los presentes.

—Estábamos en la finca a esa hora, es verdad. Tomábamos whisky con el señor Augusto y comíamos mucha carne en vara. ¿Es un crimen? Entonces llévenos presos. Sino déjenos terminar la historia de mi amigo Anthony.




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