Cada Segundo Cuenta

CAPÍTULO SIETE

Capítulo siete.

Estoy sin palabras, mi mente repasando varios escenarios para nada buenos que me ponen los pelos de punta, pero no me quiero imaginar como estará el de Liz.

Al llegar a casa, la alegría que había adquirido en el camino desapareció para ser reemplazado por miedo nuevamente. Me contó entre llantos y jadeos todo lo que Mario le había dicho por teléfono. La amenazó por haberlo denunciado y hacer que entre a prisión aclarándole que se arrepentiría, eso dejó a Liz completamente asustada y no la culpo, yo también me asusté y así el dolor de cabeza pasó a otro plano.

—Tenemos que hacer algo porque todo este tema se está saliendo de control de nuevo, te está amenazando y eso es grave, Liz.

—No puedo hacer nada, Alicia, tú hermano no está acá para que me ayude otra vez y yo no puedo hablar de eso con mi madre y sabes porqué...— se tapó la cara con las manos, —Lo peor es que no me llegó ninguna notificación de su salida, como es posible que lo hayan dejado libre sin siquiera avisarme, ahora él está afuera buscando la oportunidad para que venga a mi.

Cerré los ojos y suspiré, si no hay alguien que intervenga en esto la situación se puede empeorar, podría ocurrir lo peor y es mejor evitar eso.

—Tenemos que decirle a tu mamá, Liz.

—Alicia, ya te dije que—

—Lo que me dolería es que a ti te pasará algo malo —no le dejo terminar, la miro directo a los ojos —. No puedes pasarte la vida ocultándole la verdad. Tu madre así como yo, te apoyará con lo que sea, no lo dudes y tampoco tengas miedo que ella te protegerá, porque eres su hija y te ama como nadie en el mundo.

Consideré el mejor consejo que le puedo dar, porque a pesar de todo lo que ella y su madre pasaron, sé que la ayudará y actuará lo más rápido para que Mario no la haga daño.

Ella llora desconsoladamente balbuceando y yo me quedo a su lado, apoyándola porque es lo que necesita ahora.

Hay momentos en nuestra vida donde nos equivocamos y está bien, porque tus errores no te detienen, lo hacen tus temores y si dejas que eso te domine pierdes tu esencia, tu brillo.

Pocos son los valientes que aceptan sus errores y buscan formas de mejorar. Porque es muy fácil rendirse y decir 'no' ante la posibilidad de hacer un cambio.

Ya más tranquila, Liz me dice que si hablará con su madre y le contará toda la verdad. Hablaba el miedo que habitaba en ella y tan solo necesitaba ese empujón de la realidad para que pudiera agarrar valor y poder contárselo a su madre. Sé que lo hará porque más allá de la abrumadora confesión que hará, le pedirá apoyo a su madre y ella no se negará.

Cuando terminamos de cenar con mi madre, subimos de nuevo mi recamara y nos preparamos para dormir ya que mañana ella se enfrentará a su madre y necesitará fuerza tanto física como mental.

No quise involucrar a mi mamá y menos Liz, ambas tienen un gran cariño hacia la otra que mi amiga no quiere que la imagen que mi madre tiene de Liz, cambie.

—Ahora es tu turno, Alicia. Porque estuviste rara después de que yo regresara de recoger mis cosas.

Y así comenzó todo, Liz no se pudo aguantar más y me estuvo interrogando con una pregunta tras otra. Le conté todo lo que quiso saber antes de dormir, y el tema en específico: Josh.

—Eso si es extraño, él es extraño pero aún así a diferencia de ti, me cayó bien. —masculla, Liz.

—Ey, él no me cae mal.

Hice un puchero. Liz se rio y solo rodó los ojos mientras se acomodaba en la cama que por suerte, era una cama grande así que cabíamos las dos.

—Como sea, ahora ya es tu amigo, supongo...

Un amigo, genial, aunque la rareza de su petición tan insistente aún me deja pensando sobre el porqué estaba tan interesado en serlo. Él no me conoce tanto y viceversa para llegar tan abruptamente a ofrecerme su amistad. Algo más había entre esa petición, sin embargo, la punzada en mi cabeza me impidió prestar tanta atención a sus palabras y la pastilla estaba me estaba dando sueño por lo que me quedé dormida.
    
  
(...)
 
 

—Alicia, mira esto...

Me acerqué y me mostró una imagen que estaba en su teléfono. Era una publicidad de la página de la escuela. Decía que dentro de dos semanas sería el primer campeonato escolar de básquet. Aunque nuestra escuela apenas estaba empezando con las delegaciones deportivas, en cada campeonato que se enfrentaban lograban ganar, así que la escuela empezó a invertir más en los deportistas aunque solo eran de básquet y fútbol.

Se veía el compromiso de todos con los equipos en ambas delegaciones por ello, informaban a toda la escuela de sus partidos por la página de la preparatoria. A parte Liz animaba con las porristas en cada juego para los equipos por lo que sabía el porqué todos los alumnos estaban tan emocionados por el ansiado día.

—Con tan solo decirme que animarás en el juego era suficiente, no hacerme ver el anuncio. —dije a Liz.

Ella bufa, —Será el día ideal para lograr mi objetivo. —se cruza de brazos —¿Quién crees que es el capitán del equipo?

Capitán del equipo...

Oh, así que eso era. Simulé concentrarme en mi lectura intentando ocultar mi sonrisa mientras mi mente intuía lo que iba a pasar.

—¿El mejor del equipo? —me hice la loca, ella se me acercó y puso ojitos de cachorro inclinando su cabeza para un costado, —Oh no, no iré, sabes que no entiendo nada.— dije, ella hacía pucheros mientras agitaba sus pestañas creando un efecto que no me podía resistir y ella lo sabía —¡Argh! Está bien, iremos.

—¡Si! Eres la mejor amiga del mundo.

Reí.

No tiene caso hacerme la dura pero me divertía fingir desinterés, porque igual iba a ir aunque no entendía mucho de básquet, pero igual lograba aprobar educación física por compromiso.

Después de una larga charla con su madre, entre lágrimas y abrazos, como lo había imaginado las cosas salieron bien por un lado, por el otro; ambas fueron a levantar la demanda por amenaza que Mario había comenzado. Estaba claro que ahora Liz debía estar más protegida que nunca hasta que puedan localizarlo y enfrentarlo en tribunales otra vez. La seguridad con la que me contó mi amiga, me llenó de alegría y aunque pasar nuevamente por todos los procesos legales fue agotador para ella, no era nada que no se pueda solucionar descansando.




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