El consejo de Northfall llevaba horas reunido.
El mapa del bosque de Dulskógr ocupaba el centro de la mesa de piedra. Estaba incompleto, como todos. Zonas enteras aparecían marcadas solo con líneas cortadas y notas escritas por manos que ya no vivían. Más allá de esos límites, no había certeza.
—La última señal fue aquí —dijo el comandante Halvar, apoyando dos dedos sobre una ruta antigua—. Cerca del sendero comercial. Nuestros exploradores no regresaron. No hubo rastro de lucha.
—Eso ya lo sabemos —respondió uno de los consejeros—. Lo que no tenemos es una explicación.
—Sí la tenemos —intervino Torvald Ironsoul—. Un grupo rebelde bien organizado.
El rey permanecía de pie, inclinado sobre la mesa. No alzaba la voz, pero tampoco la suavizaba.
—No son saqueadores —continuó—. No actúan por necesidad. Se mueven con orden. Alguien los dirige.
—Dulskógr no es terreno para suposiciones —dijo otra consejera—. Es inestable. La magia allí no se comporta como debería.
—Por eso eligieron ese bosque —respondió Torvald—. Saben que dudaremos antes de entrar.
Un murmullo recorrió la mesa.
—Si enviamos un destacamento completo, los perderemos —dijo Halvar—. Y si no hacemos nada, el grupo seguirá creciendo.
Torvald guardó silencio unos segundos. Volvió a mirar el mapa, como si confirmara una decisión ya tomada.
—No enviaré un ejército —dijo finalmente—. Enviaré a alguien que no necesite que le digan qué hacer a cada paso.
El silencio fue inmediato.
—Enviaré a mi hija.
Las reacciones no se hicieron esperar.
—Majestad, no es prudente
—Es la heredera
—Dulskógr no ha sido explorado del todo
Torvald alzó la mano.
—Basta.
Esperó a que las voces se apagaran.
—Ashe no irá como símbolo —continuó—. Irá como autoridad. Si este grupo pretende desafiar a la corona, será la corona quien los enfrente.
—Si algo le sucede… —empezó uno de los consejeros— Northfall quedaría
—Northfall quedaría débil si la mantengo al margen —lo interrumpió Torvald—. No la crié para esconderse.
Las puertas del salón se abrieron.
Ashe entró sin apresurarse. No había escuchado toda la discusión, pero la atmósfera era suficiente. Las miradas se posaron en ella de inmediato.
No hizo una reverencia profunda. Se detuvo frente a la mesa y esperó.
Torvald la observó unos segundos antes de hablar.
—El consejo ha decidido enviarte a Dulskógr —dijo—. Hay un grupo rebelde operando dentro del bosque. Tu tarea es localizar su base, identificar a sus líderes y traer la información necesaria para eliminarlos.
Ashe sostuvo su mirada.
—¿Cuántos hombres? —preguntó.
—Los necesarios —respondió él—. No más.
Ashe asintió una vez.
—Partiré al alba.
Algunos miembros del consejo intercambiaron miradas inquietas.
—Hróthia —dijo una consejera—, no dudamos de su capacidad, pero Dulskógr no permite errores.
Ashe giró el rostro hacia ella con calma.
—No estoy aquí para tranquilizarlos —respondió—. Estoy aquí para cumplir la misión.
Hizo una breve pausa.
—Dulskógr no exige prudencia. Exige control.
El silencio volvió a instalarse.
Torvald observó a su hija con detenimiento. No vio duda en ella. Tampoco desafío. Solo determinación.
—No regreses sin resultados —ordenó—. Northfall no acepta fracasos.
Ashe no respondió de inmediato. Apenas curvó los labios en una sonrisa breve, contenida. No inclinó la cabeza. No pidió permiso.
Se giró y abandonó la sala.
No había amenaza en las palabras de su padre. Solo una confirmación de lo que siempre había sabido:
Que había sido preparada para cumplir, no para fallar.
Que el peso de su apellido no era una carga, sino una responsabilidad.
Y que, hasta ese momento, no tenía motivos para dudar de sí misma.
Los portones del castillo estaban abiertos y el patio interior se encontraba en plena actividad. Armaduras ajustadas, correas tensadas, espadas revisadas por costumbre más que por duda. No había gritos ni carreras. Cada movimiento respondía a una orden ya asumida.
Ashe observaba desde lo alto de la escalinata.
No intervenía. No era necesario.
—Siempre miras como si ya hubieras decidido cómo termina todo —dijo una voz a su lado.
Ashe no se movió.
—Si no lo hubiera decidido, no estaría al frente.