Oye, Jude, no tengas miedo
21 Dekémvriou — 08:05 a. m.
Solo han pasado dos días desde que todo empezó.
O termino.
Hace dos días mis maletas estaban hechas para irme de vacaciones a una isla. Hace dos días la vida tenía sentido o, por lo menos, lo tenía para los demás. Yo siempre fui la nota discordante. Pero incluso en eso había cierto sentido de normalidad.
Ahora estoy en un pequeño vehículo blindado que sigue a uno que conduce la persona más peligrosa que he conocido nunca.
La persona viva, en realidad, porque incluso eso ha cambiado.
Dos sospechosamente pacíficas horas de atravesar carreteras vacías, excepto por algún que otro vehículo abandonado, y más de cien páginas de la ex reina de Elfhame lloriqueando por su horrible destino de ser exiliada al mundo al que pertenece, pobrecita, no han conseguido tranquilizarme.
Todavía siento la ansiedad enroscándose en mi pecho. El temor de que en cualquier momento el suelo se abra para dejar salir a un montón de demonios que vengan a por mí.
Era una pesadilla que solía tener de niña después de las historias que nos contaba mi theío. Mis padres me abrazaban y calmaban, prometiéndome que eso jamás pasaría.
Es increíble cómo mienten los padres. Empiezan con lo del duende de los dientes y nunca paran.
Cuando llegamos a un puente de carretera, me sorprende notar a través de la niebla que hay una gran cantidad de vehículos abandonados. He visto varios a lo largo del camino, pero ver tantos en el mismo punto no me da buena espina.
Si no fuera lo suficientemente inquietante, la niebla parece espesarse a medida que avanzamos.
Me inclino hacia el parabrisas intentando ver dentro de uno de los vehículos y...
Todo el vello de mi cuerpo se eriza.
Quizás estoy desarrollando mi propio sentido arácnido.
Saliendo de, literalmente, la nada. Algo impacta el vehículo con tal fuerza que es empujado del puente y la carretera.
Se estampa contra la carretera de abajo.
Desde fuera debió haber sido espectacular. Como una película de acción. Para mí no dura más que un segundo: el mundo se pone del revés, mi estómago da un vuelco y mi cabeza palpita.
Es como cuando cierras un momento los ojos y te quedas dormida. Pero te despiertas de golpe, desorientada y con la percepción del tiempo alterada.
Desgraciadamente, el vehículo cayó de frente sobre la calzada. El parabrisas está blindado, por lo que está intacto. Mi cabeza no corrió la misma suerte. A pesar del cinturón que sujeta mi cuerpo al asiento, debo haberme golpeado con fuerza, teniendo en cuenta el dolor que siento.
Mi cara está apretada contra el cristal, dándome una increíble visión borrosa del pavimento fotovoltaico.
Será un milagro si solo tengo moretones y no algo roto. Tendré suerte si lo roto no es mi cráneo.
Mi estómago se revuelve o eso creo, hasta que me doy cuenta de que lo que se mueve está fuera de mi estómago y me hace cosquillas con su pelaje.
La pequeña diva ha tenido más suerte que yo.
Meterse bajo mi chaqueta le ha sido útil, ya que la colocación de las tiras del cinturón ha mantenido su refugio a salvo, aunque debe haberse llevado un susto. Todavía estaba dormida cuando todo pasó.
Intento orientarme, pero me resulta difícil escuchar mis pensamientos por encima del rugido en mi cabeza.
¿Debería intentar salir por mi cuenta o esperar a que él venga por mí? Se supone que no debes moverte si te golpeas la cabeza, pero no es como si pudiera llamar a una ambulancia. Tampoco sé qué conocimientos médicos tenga Zarek, así que ni siquiera tengo claro si eso importa.
Dadas las circunstancias actuales del mundo, morir de un golpe en la cabeza quizás sea una muerte tonta, pero es una no tan dolorosa. Soy una persona pragmática.
Lástima que haya alguien ahí arriba que no quiere que muera. Tal vez sean los dioses, luchando entre ellos por decidir mi destino, y no soy nada más que el peón en su tablero de juego.
En el momento en que decido rendirme y esperar a que Zarek o Tánatos venga a por mí, me doy cuenta de que el rugido no viene precisamente de mi cabeza.
No puedo verlo, pero puedo oírlo. Escucho a eso, no, ya no es eso. Escucho al nekrofágoi rondando el vehículo como un depredador a su presa.
Ruge mientras con sus afiladas garras rasguña el metal, intentando atravesarlo para llegar a mí.
¿Dónde demonios está Zarek? ¿Sabrá siquiera que mi vehículo cayó a la carretera? ¿Le importará? ¿Se arriesgará a luchar con esta cosa para salvarme?
No lo sé. La realidad es que no puedo contar con él ni con nadie para protegerme.
Estoy sola hasta que encuentre a mi theío y quiero hacerme una bola y llorar porque honestamente soy una inútil que no sabe cuidar de nada ni de nadie. Especialmente de mí misma.
Peeeero tengo una muy baja tolerancia al dolor y la perspectiva de que me coman cruda activa al máximo mi instinto de supervivencia.
Desabrocho el cinturón de seguridad, sosteniéndome sobre mis manos y rodillas para no estrellarme contra el cristal y aplastar a Ada.
Espero a que el nekrofágoi se mueva al lado izquierdo del vehículo y me posiciono sujetando a Ada con fuerza. Tengo una sola oportunidad y espero que, si no lo es para mí, por lo menos sea suficiente para ella.
Cuando estoy segura de que está junto a la puerta diédrica, empujo con fuerza, golpeándolo con ella al abrirla. Escucho cómo su cuerpo se estrella contra el pavimento, pero no le dedico ni una mirada. Corro directamente hacia el bosque.
Y corro y corro.
Hasta que mis pulmones suplican aire y mi visión está completamente nublada.
Me apoyo en el tronco de un árbol. Mi respiración suena rota y silbante.
Bajo la cremallera de la chaqueta para dejar salir a Ada. Salta al suelo y me observa con sus lindos ojillos como si estuviera evaluando mi estado.
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Editado: 16.10.2026