Canciones al mar

Capítulo 4

Termino de ducharme en el nuevo hotel, en la bella ciudad de Sevilla. Veo el atardecer solo en mi habitación, a Candela le encantaría ver este amanecer y seguramente estaría toda la noche pintándolo. Como artista, la memoria fotográfica es un lujo, ya que ella solo debe verlo por unos minutos, y puede recreerlo de memoria, de forma casi exacta. Amo las pinturas de Candela, mi apartamento está lleno de ellas, y no me canso de verlos nunca. Incluso se siente raro no verlos todas las mañanas al despertarme.

Bajo al comedor del hotel después de vestirme. Todos están ya desayunando. Como es normal Arlene y Abril comen un poco separadas de nosotros. Intentamos, o bueno mis compañeros intentan que se sientan como en su casa, como si fueran parte de esta familia pero para ellas parece ser complicado adaptarse a esto.

– Esta noche tenemos que dar todo de nosotros.- sonríe Dani.- Pero esta mañana podemos hacer turismo, ¿dónde queréis ir?

– Yo os seguiré a donde me llevéis.- digo mirando mi teléfono.

Sonrío viendo las fotos de los mellizos de mi tío Brandon, no son mucho más pequeños que yo, a penas seis años. Ellos tienen dieciséis y por raro que parezca, porque pelean un montón entre ellos, lo hacen todo juntos. Me hacen recordar a mí y a Candela, solo que nosotros no somos mellizos, podríamos haberlo sido pero pues nos separan once meses.

– ¿Tomaste tus pastillas?- me pregunta nuestra representante.

– Todas, no debes preocuparte por nada.

No solo me he tomado las pastillas para el dolor de espalda, sino también las pastillas para la ansiedad. El psiquiatra las recomendó hace ya varios años y todos están pendientes de que me las tome. Debo reconocer que no quería tomarlas, pero mis ataques de ansiedad llegaban muchas veces al hospital, así que mejor tomarme pastillas que tener que ir al hospital casi siempre. Además, con el tema de la banda, no quería dejarlos tirados siempre que tuviese un ataque.

– Bien, así me gusta.- sonríe.

– He visto el nuevo cuadro de tu hermana, es una verdadera obra de arte.- asiento a lo que dice Konrad.- Si está a la venta, ¿puedes pedirle que me lo reserve?

– Konrad, se lo puedes pedir tu mismo.- ruedo los ojos.- Mi hermana no muerde, y si sigues esperando te lo quitaran.

– Pero… pero.

– No soy tu secretario, así que si lo quieres, se lo pides.- digo con fastidio. - Hablas con ella para coquetearle y no eres capaz de hablarle para que te guarde un cuadro.

– Bien, lo haré.

Me levanto de la mesa sin tomar desayuno, no tengo apetito. Salgo del hotel para ver si hay fanáticas a las que firmar cosas y me entretengo un buen rato con ellas hasta que Trina me llama para que vayamos a hacer un poco de turismo por la ciudad.

Echo algunas fotos para mandárselas a mamá, ella como siempre tiene tiempo de responderme. Amo a mi madre, sin ella no sé que sería de mí, si ella no me hubiese impulsado a seguir mis sueños no estaría aquí, eso es más que seguro. Todo el mundo se decepcionaba cuando decía que quería ser músico, todos decían que con mi mente debía de estudiar algo grande, pero ella no. Mamá siempre estuvo de mi lado, siempre.

– Es una bonita iglesia.

– Mezquita.- corrijo a Ana.

– ¿Mezquita?

– España estuvo ocupada por los árabes siete siglos, así que sí,una mezquita.

– ¿También por los romanos?- miro a Arlene y asiento.- Me gusta la historia.

– Genial.

Seguimos el recorrido, ellos hablan entre sí, incluso Arlene es participe de la conversación mientras que yo estoy perdido en mis pensamiento. Siempre que viajamos fuera de casa me ocurre, pienso mucho porque las echo de menos, también a mi padre. Además, hace tan solo un año que el abuelo de mi madre se enfermó mucho y pues, el hombre está bien pero podría volver a enfermarse. Y aunque todos respetan a mi madre, tengo miedo de que alguien quiera hacerle daño. No creo que a mamá, pero podría hacerle daño a mis tíos o a mis primos y mamá no toleraría eso, y esa mujer es completamente capaz de organizar una tercera guerra mundial si alguien se atreve a hacerle daño a su familia.

– Distraído otra vez.- me regaña Dani.- Todos echamos de menos a nuestras familia, bueno menos Vicens.- suspiro.- Me sigue pareciendo increíble que se disculpase.

– Lo hizo por su hermana y ella todavía cree que él lo hizo por impulso.

– ¿Por qué no se lo dice?

– Dani, no se han criado como hermanos. Sus padres los han criado mal, no saben ser hermanos y menos amigos, pero al menos Vicens intenta protegerla como nunca lo protegieron a él.

– También me sorprende que tú permitieses que se disculpase.

– ¿Y qué iba a hacer? Son sus decisiones Daniela, y yo no soy quien para interferir en ellas a no ser que afecten directamente a la banda.- me encojo de hombros.- Sino se hubiese disculpado, habría salido a defenderlo, siempre saldré a defenderos.

– Lo sabemos, por eso eres el líder.- niego con la cabeza.- Llama a Candela, llevas cinco días sin hablar con ella, la echas de menos.

Me alejo un poco de todos para no molestarlos mientras siguen hablando, creo que ahora están decidiendo a donde ir a comer, siempre pensando en lo mismo. Por mí comíamos en cualquier lugar, pero ellos tienen que discutir hasta para eso. Menos mal que Trina está acostumbrada a lidiar con lo mismo, tampoco le damos tanto trabajo. Solo Konrad ha tenido muchos escándalos de citas, el resto somos bastante tranquilos.

Espero tres tonos hasta que la cantarina voz de Candela se escucha por el otro lado. Saluda como siempre con mucha efusividad.

– Hola.- puedo escuchar su risa.

Hola Cande.- le respondo en francés.- ¿Cómo va todo por Alemania?

Tranquilo, tengo una exposición este fin de semana y mamá está acosando a Max.

¿Por qué?

Oh bueno, el ex de Max apareció.




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