Canciones al mar

Capítulo 11

En el avión de vuelta a Alemania me siento al lado de Einar, todavía puedo sentir el beso de hace dos días, y no puedo sacarlo de mi mente. Él me sonríe como hace siempre, siempre tiene una sonrisa para mí, según Daniela. Ella dice que él no acostumbra a sonreír tanto pero que desde que me conoció lo hace con frecuencia. Me gusta saber que lo hago sonreír, me gusta tener ese poder en él.

¿En qué piensas? – llama mi atención con su profunda voz.

¿En ti?

¿Me lo preguntas? – se ríe. – Estamos seguros de que yo no tengo ni idea de si piensas o no en mí. Podemos estar seguros de que yo pienso bastante en ti. – me sonríe antes de dejar un beso en mi mejilla.

Se separa de mí y vuelve a mirar su teléfono. Lleva un par de días mirando con frecuencia el teléfono, como si estuviese preocupado por algo o por alguien. Como si estuviese esperando un mensaje que parece que nunca llega.

¿Todo bien?

Lo sabré cuando llegue a Alemania. – suspira. – Cande no me contesta y eso es muy raro, ella siempre contesta mis mensajes.

Bueno, esperemos que todo vaya bien. – él asiente antes de volver a mirar su teléfono.

No sé como se siente que tu hermano conteste siempre tus mensajes, aunque Vicens y yo ya tenemos mejor relación eso no significa que seamos los más unidos y por tanto no hablamos mucho por mensaje pero supongo que todo es cuestión de tiempo. Si seguimos desarrollando nuestra relación fraternal podría llegar algo parecido a lo que tienen Einar y Candela. Su relación de hermanos es envidiable.

Te has vuelto a perder en tus pensamientos. – se ríe. – ¿Pensando de nuevo en mí?

Si y no, pensando en la bonita relación que tienes con tu hermana mayor.

Si, tenemos una bonita relación pero en un tiempo también fue tensa. – se encoje de hombros. – Aunque la amo, así que no puedo estar mucho tiempo enfadado con ella.

Eso es adorable.

Puede que sí. – bosteza con sueño, lo que tiene viajar de madrugada. – Creo que voy a dormir hasta que aterricemos.

Voy a hacer lo mismo.

Me despierto cuando siento una ligera caricia en mi mejilla, al abrir los ojos me encuentro con la sonrisa de Einar. No sé si es efecto del sueño o de mi mente pero sus ojos azules son más intensos ahora que antes de que me durmiese. Creo que es mi cabeza y sus ojos siguen siendo del mismo tono azul fuerte de siempre. Tiene un color de ojos envidiable. Son muy bonitos.

¿Algo pasa con mis ojos?

Son bonitos.

Muchas gracias bella durmiente, ahora levanta que ya hemos llegado.

Einar me tiende su mano y con un poco de timidez la tomo. Si nos hacen fotos la gente podría malinterpretarlo pero creo que a él eso le importa poco y menos. Él me sonríe mientras salimos directos a la furgoneta en el que están el resto ya. He visto varios flashes de cámaras pero ninguna pregunta sobre nosotros agarrados de la mano.

Estáis agarrados de las manos. – puntualiza Konrad.

Lo sabemos. – rueda los ojos Einar. – ¿Te molesta Arlene?

¿Eh? No. – digo aún un poco asombrada.

¿Desayunamos en mi apartamento?

Si porque de seguro tu madre ha dejado algo. – todos ríen con las palabras de Sonia.

Mi representante se ha ido en su propio coche, me ha mandado un mensaje diciendo que tenía algunas cosas que tenía que arreglar en la empresa. Ella no es solo mi representante, sino que es la jefa de otros muchos representantes así que es normal que siempre esté llena trabajo.

¿Por qué me miras? – le pregunto a mi hermano.

Estoy buscando el parecido entre vosotros dos. – nos dice a Einar y a mí. – No encuentro lógica y Einar siempre necesita lógica.

A veces la lógica está de más.

Si, nos has atontado a nuestro líder. – confirma Daniela. – Ya era hora. – todos ríen.

Llegamos. – nos avisa el conductor.

Todos salimos, por suerte aquí no hay periodistas, no sé si porque hay una orden de alejamiento o porque no saben donde vive Einar, algo bastante complicado porque los periodistas siempre saben donde viven los famosos. Son irritantes la mayor parte del tiempo, no son capaces de respetar ni siquiera la privacidad de tu casa. La gente dice, debes aguantar porque eres famosa. Ya bueno, una cosa es aguantar el acoso constante en tu vida, como para también aguantarlo en tu casa.

Al llegar al apartamento la luz de la sala de estar está encendida. Todos nos quedamos parados al ver a Eleanor en el sofá individual. Parece que la mujer haya envejecido varios años.

¿Por qué no contestabas el teléfono? – su voz suena ronca, y por sus ojos diría que ha estado llorando hace poco.

No creí que fuese importante ya que llegábamos hoy.

¿Ella es más importante que tu familia? – me señala. – No te lo tomes a mal, me alegro de que al fin mi hijo tenga a alguien pero parece haberse olvidado de su familia.

No me he olvidado mamá. – intenta calmarla pero con su mirada Eleanor lo hace quedarse en su sitio. – He intentado hablar con Candela.

¿No te ha preocupado que no te conteste? – él asiente y puedo empezar a notar su dolor.

No se dicen nada pero no es necesario, está claro el porque Eleanor insistía en hablar por teléfono con su hijo. Está conectado con el hecho de que su hermana mayor no le haya contestado los mensajes, y eso quiere decir que algo malo ha pasado.




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