Cantos de amor y dolor

Capítulo 1

La niña del templo

El eco de pasos apresurados interrumpió la calma del templo. Una joven de figura esbelta corría por los pasillos, esquivando con agilidad a monjes y novicias que apenas lograban apartarse a tiempo. Su largo cabello castaño se agitaba con cada movimiento mientras doblaba una esquina, sin prestar atención a las miradas de reproche que recibía. Finalmente, empujó con fuerza la pesada puerta de madera y se detuvo al ver a su amiga sentada junto a la ventana, con la mirada perdida en el patio interior.

—¡Elizabeth! ¿Otra vez te escondes aquí? ¿No me digas que los monjes te han regañado de nuevo? —preguntó la joven, apoyando las manos en las caderas.

Elizabeth giró lentamente el rostro y le dedicó una sonrisa pequeña, aunque en sus ojos oscuros se escondía una tristeza que su amiga, Helena, no tardó en notar.

—No es nada... —respondió en voz baja—. Solo quería estar sola un momento.

Helena suspiró y se dejó caer a su lado, cruzando los brazos. Habían crecido juntas desde que tenían memoria, y conocía bien a Elizabeth. Sabía que su silencio no era simple timidez; había algo más oculto en su mirada.

—Déjame adivinar, ¿te castigaron otra vez? —preguntó con el ceño fruncido—. ¿Qué hiciste esta vez? ¿Te escapaste de las lecciones o volviste a responderle mal a uno de los monjes?

Elizabeth soltó un suspiro y bajó la mirada. No quería hablar de eso, pero Helena la conocía demasiado bien como para dejarlo pasar.

—¿Otra vez fue por cantar? —preguntó Helena en un susurro, inclinándose un poco hacia ella.

Elizabeth se removió incómoda y jugueteó con los pliegues de su túnica.

—No... bueno, sí. Algo así —admitió al final.

Helena apretó los labios. Desde aquel incidente años atrás, Elizabeth había dejado de cantar, pero de vez en cuando su voz se escapaba sin que ella lo notara. Y cada vez que eso ocurría, siempre había algún monje que la miraba con recelo.

—No entiendo por qué hacen tanto escándalo por algo así. Solo era una canción —dijo Helena con molestia.

Elizabeth le dedicó una sonrisa triste. Sabía que su amiga nunca entendería realmente lo que pasaba.

—No importa. Ya falta poco para que entremos oficialmente al templo. Tal vez entonces dejen de vigilarme tanto —dijo Elizabeth, tratando de sonar optimista.

— Eso espero. Aunque si alguien vuelve a molestarte, yo misma le arrojaré un balde de agua en la cara para refrescarle las ideas—añadió Helena con una determinación exagerada, como si realmente estuviera planeando hacerlo.

Elizabeth no pudo evitar reír con más sinceridad esta vez. Helena siempre encontraba la manera de hacerla sentir mejor, sin importar cuán pesada se sintiera su alma.

Desde el exterior, el sonido grave de la campana del templo rompió la tranquilidad de la estancia. Elizabeth sintió un nudo en el pecho; el momento había llegado. Miró a Helena, y su amiga le devolvió una mirada confiada, como si quisiera recordarle que todo estaría bien.

—Será mejor que vayamos —dijo Elizabeth, poniéndose de pie.

—Sí, antes de que nos castiguen a las dos —bromeó Helena, siguiendo su ejemplo.

Las dos jóvenes salieron juntas de la habitación, avanzando por los pasillos con pasos apresurados. Entre risas y empujones juguetones, intentaban disipar la tensión que flotaba en el aire. Helena, con una sonrisa traviesa, le dio un leve empujón a Elizabeth, quien respondió con un codazo en las costillas.

—¡Oye! —protestó Helena, riendo—. Solo intento hacer que te relajes.

—Claro, claro —replicó Elizabeth con una sonrisa divertida—. Siempre encuentras formas creativas de demostrar tu cariño.

El murmullo de los monjes y novicias les llegaba a lo lejos mientras sorteaban los corredores, esquivando las miradas curiosas y las reprimendas veladas. Justo antes de cruzar la gran entrada que las llevaría al patio, Helena tomó la mano de Elizabeth y le dedicó una mirada firme y confiada.

—Todo estará bien —aseguró en voz baja.

Elizabeth apretó suavemente su mano en respuesta. No había forma de escapar ni de retroceder. Su destino las esperaba tras esos muros, y aunque aún ignoraban lo que les depararía el futuro, al menos lo enfrentarían juntas.



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En el texto hay: fantasia, romance tragico, sirena

Editado: 26.02.2025

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