Caricias falsas

Capítulo 1

Capítulo 1.

Meses después.

Los primeros rayos del sol entraron por la ventana de la pequeña habitación en la que se había establecido los meses después de su huida. Miró con una sonrisa a su pequeña que aferraba a su unicornio y se levantó sin hacer ruido y fue al baño.

Después de hacer sus necesidades y asearse, se miró en el espejo. El reflejo que le devolvía el espejo, era totalmente diferente a la mujer había escapado. Ya el morado de su mejilla se había esfumado, al igual que el labio roto y también el color de su cabello. Antes era de un rubio exquisito y ahora lo tenía rojo como el fuego. También se lo cortó hasta los hombros. Aunque había amado tener el cabello largo, así como lo tenía ahora, se sentía menos pesada, o quizás era simplemente porque estaba tranquila.

Fue hasta la cocina y mientras preparaba el desayuno para ella y su hija, tardaba una canción que se le había pegado en la cafetería en la que trabajaba.

Una vez que terminó de colocar el desayuno en la mesa y la colación de su hija en su bolso, se dispuso a buscar a su hija, pero sus pequeños pasos le indicaron que ella se había levantado.

—Mi princesa, ya te levantaste. Ven, hice tus panqueques favoritos. —dijo Laura con una sonrisa antes de cargar a Karen en sus brazos y dejarla en su sillita—. Come.

Laura se sentó frente a ella y terminaron de desayunar en un cómodo silencio. Minutos después, Laura salía de su casa junto a su hija recién duchada, pero habían retrasados porque el baño les había demorado. Por supuesto, Karen abrazaba a su unicornio. Corrieron sujetas de sus manos por las calles y admirando los balcones coloridos con flores primaverales, saludando a todos que sacudían sus manos hacia ellas.

En esa temporada, en Scarlino, (Geosseto), el clima era espectacular, tanto que en cualquier día se podía ir a dar un paseo por su playa transparente, no hacía ni mucho calor, ni mucho frío.

Laura escuchaba atenta a su hija recitar los números en italiano, aunque se le estaba dificultando aprender el idioma, su hija era sumamente inteligente, aunque se equivocaba y repetía uno que otro numero mal, asentía ante los ojos brillantes de su pequeña.

Una vez en la guardería del pueblo, saludó cordialmente y se disculpó con por el retraso. La maestra de Karen sacudió su cabeza y se despidió de su pequeña con un beso en su mejilla antes de sacudir su mano y avanzar a la cafetería de la hija de Alma, la señora que le había ayudado a escapar y en la que trabajaba.

Aquella madrugada, cuando Alma le aseguró que la ayudaría a escapar, Laura no estaba segura de poder lograrlo sin ser descubierta por Dylan y sus hombres y menos como lo hizo. El marido de Alma había sido capitán de un crucero y como ya se había jubilado, había pedido pidió un favor a un colega que, sin preguntar nada, las llevó hasta italia, la Toscana específicamente. Obviamente, salir se la cabaña tampoco había sido fácil. Tuvieron que estar pendientes en la carretera hasta llegar al puerto. Laura y su Karen tuvieron que esconderse entre heno y pelucas para no ser descubiertas. Emma estaba segura de que Dylan tenía vigilados los aeropuertos, así que, cuando Alma le planteó su huida por el mar, asintió sin dudarlo, tampoco es como ai hubiera tenido otra opción.

El viaje duró una semana y Claudia, hija de Alma ya la esperaba con un pequeño departamento, un trabajo y una guardería en en el pueblo para Karen.

—Hola, Clau, llego tarde, lo siento, pero ya me pongo al día. —Saludó en Inglés a su jefa. Ella era sumamente preciosa, con su cabello atado en una coleta, dejando sus rizos sueltos y una sonrisa coqueta, sacudió su cabeza y pasó por su lado chocando su cadera con la de Laura.

—Tranquila, son apenas las siete de la mañana. Aún no viene nadie. Carla ya debe estar por llegar. Hazte cargo mientras tanto, Lau, voy a la consulta, Rick ya viene de camino, fue a dejar a Evelyn a la escuela.

Laura asintió mientras se colocaba el maldil.

—Cierto. Estoy segura de que te va a ir bien, ya no verás.

—Dios te oiga. Además, hemos estado haciendo la tarea todas las noches. Hemos sido muy constantes en ese aspecto —le guiñó un ojo a Laura que sacudió su cabeza con una sonrisa.

—Ya lo creo, chica.

Antes de que las mujeres se pusieran a chismear, Rick, el marido de Claudia hizo sonar el claxon y Claudia se despidió d laura con un beso en la mejilla.

Claudia y Rick estaban en un tratamiento de fertilidad. Añoraba un hijo y aunque tenían a Evelyn, quien era sobrina de Claudia, querían un hermanito para la pequeña de ocho años.

Cuando conoció la verdadera historia de Alma y su familia, comprendió por qué la habían ayudado como lo hicieron. Lucinda, la hija mayor de Alma que también tenía su misma edad, treinta y siete, había sido víctima de maltrato por parte de su marido, pero, a diferencia de ella, no hubo quien la ayudara. Su marido había terminado con su vida hace cinco años, dejando a Evelyn y su familia destrozados. Entonces, Claudia y su marido adoptaron a Evelyn y fueron a vivir a Italia.

Suspiró y fue hasta la bodega para sacar el café tostado. Secó los vasos y tazas, justo a tiempo para empezar a atender a loa clientes que empezaron a llegar. Pronto se unió Carla que comenzó que preparar rápidamente los pedidos mientras los altavoces de la cafetería reproducían canciones rítmicas y entre ellas la misma que se había quedado en su memoria de tanto que había estado escuchando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.