Todo empezó por una estupidez.
Una red social. Una Noche cualquiera, mientras deslizaba el dedo por Facebook sin prestar demasiada atención, apareció él.
Nicolás Lome.
Su nombre me golpeó como un recuerdo borroso. Lo conocía... O al menos eso creía. Había sido parte de mi infancia, aunque apenas podía construir su rostro en mi memoria
Pero Algo dentro de mi , Algo impulsivo, o simplemente idiota decidió enviarle solicitud.
Y Él la aceptó.
Después vino el primer mensaje.
Luego otro.
Y otro más.
Facebook se convirtió en instagram. Instagram en WhatsApp. Y sin darme cuenta termine cayendo directo al fondo
Él no se acordaba de mi.
Yo sí.
Tal vez por eso me aferré tanto. Porque mientras él apenas descubría quién era yo, yo ya había construido una versión suya dentro de mi cabeza.
Una mucho más bonita de lo que realmente era.
Cuando empezó a buscarme todos los días, sentí algo peligroso: Emoción.
Le gustaba escribirme en las madrugadas.
Mandarme audios riéndose.
Preguntarme qué hacía, donde estaba, si ya había comido.
Y yo... Yo confundí atención con cariño.
Supongo que ahí empezó todo porque cuando insistió en vernos, yo ya estaba demasiado involucrada para decir que no.
Aunque quería hacerlo. Aunque una parte de mi gritaba que algo estaba mal.
Pero tenía miedo.
Miedo de que se enojará.
Miedo de que dejará de hablarme.
Miedo de no volver a sentirme importante para alguien.
Así que terminé haciendo la cosa más estúpida de toda mi vida:
Escaparme de mi casa para verlo.
Mi Mamá ya lo había notado desde el principio. Las mamás siempre saben.
-Ese Muchacho no me da buena espina -
-Me dijo una tarde mientras lavaba los platos- Te vas a enamorar y te va a hacer pedazos.
Y odié escuchar eso porque, en el fondo, Sabía que tenía razón.
Sabía que Nicolás tomaba demasiado.
Sabía que tenía fama de Meterse en problemas.
Sabía que no era alguien bueno para mí.
Pero aún así lo elegí a él.
Antes que a mí mamá.
Antes que mi tranquilidad.
Antes que a mí misma.
El 21 de julio de 2025 quedamos de vernos.
Invente una mentira ridícula sobre salir con una amiga que a pesar le pedí que me cubriera.
- Pero que descaro - Me temblaban tanto las manos mientras me arreglaba que apenas podía ponerme delineador.
Sentía el corazón golpeándome en el pecho como si intentará advertirme algo.
Todavía estaba a tiempo de arrepentirme.
Pero No lo hice.
En el camino me encontre a una de mis tías.
¿A dónde vas tan arreglada?
Pregunto sonriendo.
Y menti otra vez. Tan rápido que hasta me sorprendió.
-Voy a comer con una amiga.
Me creyó.
Claro que Me creyó.
Y yo seguí caminando directo hacia mi propio desastre.
Tres minutos después, él ya estaba ahí esperándome dentro de su coche.
Recuerdo perfectamente cómo me miró cuando subí. Cómo si ya hubiera ganado algo.
Yo quería decirle que mejor no. Quería abrir la puerta y salir corriendo.
Pero me quedé quieta.
Porque el miedo volvió a atraparme.
Miedo de hacerlo enojar.
Miedo de decepciónarlo.
Miedo de perderlo incluso antes de tenerlo.
Apague los datos de mi celular.
Nadie podía encontrarme.
Desapareci por unas horas... Cómo si mi vida no importara lo suficiente para dejar rastro.
Después me llevo a un motel. Estaba impregnado de alcohol y todo pasó demasiado rápido. Me desnudo y yo no fui capaz de detenerlo entro en mi cuerpo con demasiada fuerza que solté un gritó pero no recuerdo que haya sido un grito de placer No claro que no fue un grito de dolor recuerdo haberlo besado y fue increíble la combinación de Alcohol con menta que emanaba su cuerpo después de ahí perdí la noción tenía los ojos cerrados y cuando los abrí recuerdo haberlo mirado directamente a sus ojos a esos ojos o debería decir.
A esas malditas cuencas vacías
Frío, Confuso, brusco.
Nada se pareció a las historias bonitas que cuentan en las películas.
No hubo amor.
Ni ternura.
Ni magia.
Cuando se separó de mi cuerpo me miró las sábanas blancas estaban manchadas de sangre
Señal que ya había perdido mi virginidad.
Nicolas: eres virgen? Para haber sido una chica virgen la chupas increíble
- Asco
Solo silencio.
Cuando llegue a mi casa actúe como si nada hubiera pasado. Me senté en la mesa. Respondí preguntas. Fingi normalidad mientras sentía un nudo atorado en la garganta.
Quería llorar.
Quería gritar.
Quería regresar el tiempo y decirme a mi misma que no fuera.
Pero ya era demasiado tarde.
No he vuelto a hablar con Nicolás desde ese día.
No porque no quiera hacerlo. Si no porque se que si regreso... Me voy a perder otra vez.
Y lo peor de todo es que todavía lo quiero.
Lo quiero más de lo que me quiero a mi.
Eso es lo que más me duele. Mi terapeuta, Alicia, me dijo que hiciera contacto cero. Que lo bloqueará. Que aprendiera a soltarlo antes que terminará destruyendome por completo.
Y lo intento. De verdad lo intento. Pero algunas noches siento que me estoy ahogando. Cómo si él hubiera tomado algo mío y nunca me lo hubiera regresado.