El sonido de la puerta abriéndose hizo que levantará la mirada de inmediato.
¿Tía? Pregunté apenas escuché sus pasos.
Ella acababa de regresar de puebla.
Pero algo estaba mal.
Lo supe desde el instante que vi sus ojos.
Esos ojitos cansados... Húmedos... Apagados.
Cómo si hubiera llorado todo el camino de regreso.
Dejo lentamente su bolso sobre la silla. Y sonrió apenas un poco, una sonrisa tan falsa que me rompió el pecho.
~
-¿Cómo te fue? Pregunté intentando sonar tranquila.
Ella guardo silencio unos segundos.
Después suspiro.
-Bien, hija... Muy bien.
Mentira.
Sentí un nudo horrible en el estómago.
Me acerque despacio mientras ella se sentaba.
-¿Que paso?
Nada.
Ella nunca me cuenta nada personal porque piensa que me puede afectar emocionalmente.
Pero soy más fuerte de lo que ella cree.
~
Le dijo a mi mamá que su suegro había fallecido dentro de la camioneta mientras regresaban de la playa. Que todo fue caótico. Triste. Doloroso.
Y mientras hablaba... Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Yo solo la miraba en silencio.
Cuando alguien que amas está roto...
Y no sabes cómo salvarlo.
~
-Juan estuvo muy distante conmigo...
Dijo limpiándose una lágrima rápidamente.
-y una sobrina de él comenzó a coquetear le enfrente de mi.
-¿Qué? Sentí la rabia subir por mi garganta.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
-Terminamos discutiendo otra vez...
Bajo la mirada.
-Y su familia sigue haciendome sentir incómoda... Cómo si yo nunca fuera suficiente.
~
Apreté mis manos con fuerza.
No me importan las discusiones.
No me importaba puebla.
No me importaba la familia de su esposo.
Lo único que me importaba... Era verla llorar.
Porque si existe algo que me destruye... Son esos ojitos aguados.
Verla triste me hace sentir inútil.
Como si él mundo estuviera atacando a la única persona que realmente me ama.
Ella volvió a hablar con voz quebrada.
~
-A veces quisiera dejar todo... Pero si me separó me quedaría sola... No tuve hijos...
~
Eso me partió completamente.
Intervine rápidamente en la conversación aunque no debi haberlo hecho.
Me acerque.
~
No digas eso...
Ella bajo aún más la cabeza.
Y entonces la abrace.
La abrace tan fuerte como si quisiera meter todo mi amor dentro de ella.
Como si pudiera protegerla del dolor con mis propios brazos.
-Me tienes a mi... Le dije.
Ella se quedó callada unos segundos.
Después me abrazo de vuelta.
-Gracias, hija.
~
Hija.
Dios.
Cómo no amar a alguien que me mira con tanto cariño.
Apoyé mi cabeza sobre su hombro mientras intentaba contener las lágrimas.
Porque desde los quince años me prometí algo.
Protegerla.
Protegerla de cualquiera que quisiera lastimarla.
Ella no lo sabe... Pero se convirtió en mi fuerza.
En mi lugar seguro.
En mi “ Pilita ”, como siempre le digo.
Y odió cuando se va a puebla.
Odió esos días dónde la casa se siente vacía.
Odió quedarme pensando si volverá llorando otra vez.
Porque siempre regresa lastimada.
Siempre.
La separé un poco de mi para mirarla.
~
-Algun día voy a darte todo lo bonito que mereces -Le dije.
Ella sonrió apenas.
-No necesito nada material.
Negué rápido.
-Si lo necesitas. Porque eres la única persona que cree en mi... Y todo lo bueno que consiga será para ti.
~
Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
Pero está vez... No eran lágrimas tristes.
Y honestamente...
Si pudiera pasarme la vida protegiéndola de todo lo que le duele...
Lo haría.