Carolina

Treinta Días Para Empezar De Nuevo.

8 de Diciembre de 2025

9:00. P.m.

Hace unos días volví a la consulta con el Doctor Jairo Beltrán. No recuerdo la fecha exacta, él ya había salido de vacaciones y le respondieron que todavía seguía atendiendo. Si no me equivoco, fuimos un jueves.

Cuando llegamos, la recepcionista nos recibió con una noticia que me hizo sentir con un nudo en el estómago. Nos dijo que los cambios de receta únicamente se hacían los martes. En ese momento sentí como el ánimo se me vino abajo. Pensé que habíamos ido en vano y, por un instante, volvió a esa sensación que tanto detesto:

La de depender de mi mamá para resolver cosas que algún día quiero hacer completamente sola.

Mientras intentaba aceptar que tendríamos que regresar otro día, la recepcionista se levantó de su escritorio y desapareció unos minutos. Cuando volvió no dijo absolutamente nada solo nos pidió que esperáramos.

El silencio me puso nerviosa.

De pronto escuché mi nombre.

El doctor Jairo Beltrán me están llamando.

Entre al consultorio convencida de que me regañaria por haber ido sin cita para un cambio de receta, pero me equivoqué por completo. Me recibió con la misma calma y la misma paciencia con la que me había tratado desde la primera vez que lo conocí. Sonrió con tranquilidad y dijo que no pasaba nada, que entendía perfectamente que a veces las cosas se complican para los padres y que no había motivo para preocuparnos.

Sus palabras hicieron que el peso que llevaba sobre los hombros desaparecieran un poco.

Después reviso mi tratamiento. Hizo algunos ajustes y me entregó una nueva receta. Me indicó metilfenidato para treinta días... Y también dejo la sertralina. No pude evitar hacer una mueca por dentro.

Si soy sincera, esa era la medicina que ya no quería seguir tomando.

Aún así, salí del consultorio con otra duda rondando mi cabeza.

¿Por qué solo treinta Días?

Yo siempre había imaginado que un medicamento como ese se tomaba durante muchísimo tiempo, tal vez incluso toda la vida. No entendía la razón de ese límite, aunque decidí no darle demasiadas vueltas. Tal vez había una explicación que todavía no comprendía.

Hoy apenas voy en mi segundo o tercer día tomando el metilfenidato. Todavía no puedo decir que mi memoria haya mejorado ni que haya dejado de olvidar las cosas, pero si he notado algo diferente.

Me cuesta menos mantener la atención y mi mente ya no salta de un pensamiento a otro con tanta facilidad. Es una sensación extraña, como si alguien hubiera bajado el volumen del ruido que siempre ha vivido dentro de mi cabeza.

Sin embargo, también han aparecido los efectos secundarios.

Desde el primer momento sentí un zumbido intenso en uno de mis oídos, un sonido que parecía envolver todo a mi al rededor.

Después intentaba distraerme con cualquier cosa, pero apenas pasaban unos segundos y mi atención regresaba de golpe, como si alguien jalará un interruptor dentro de mi cerebro.

También llegaron las náuseas. Las manos comenzaron a sudarme.

Y, aunque intento mantener la calma, no puedo negar que todo eso me asusta un poco.

Al final, es un medicamento que actúa directamente sobre el cerebro.

A veces siento que es una pastilla demasiado fuerte para mí, pero también se que apenas estoy empezando. No quiero sacar conclusiones antes de tiempo ni dejar que el miedo decida por mi.

Quiero darle la oportunidad de demostrarme que puede ayudarme. Porque, en el fondo, eso es lo que más deseo.

Quiero poder concentrarme. Quiero dejar de depender tanto de los demás.

Quiero aprender a construir una vida en la que pueda valerme por mí misma.

Y aunque el miedo sigue sentado a mi lado, hoy también hay algo dentro de mi.

Esperanza.

Por primera vez en mucho tiempo, empiezo a creer que el camino que tengo enfrente comienza, poco a poco, a despejarse.




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