Hola, Santiago.
Soy Alejandra Carolina, aunque a veces ya no sé quién soy para ti.
El tiempo ha pasado tanto que imaginó que muchas cosas cambiaron, incluso la forma en la que me recuerdas.
Cuando éramos pequeños yo era “Ale ”. Después, casi sin darme cuenta, me convertí en “ Carolina ”. Los años fueron cambiando mi nombre en tu voz, pero nunca cambiaron el lugar que ocupaste en mi corazón.
Porque para mí tú siempre fuiste mi niño. Mi Santi. Mi salvador. Mi pequeño Ángel de la guarda. Y, aunque la vida nos haya llevado por caminos distintos y hoy seamos dos personas que ya no caminan juntas, esa parte de mi historia nunca cambio.
Quiero empezar está carta pidiéndote perdón.
Perdón por haber usado tu imagen y tu recuerdo para construir una historia que solo existía dentro de mi cabeza. Sé que nunca lo supiste y quizá nunca imaginaste que, mientras tú seguías con tu vida, yo me refugiaba en el recuerdo del niño que un día me hizo sentir protegida.
No lo hice por maldad. Tampoco para hacerte daño. Lo hice porque había días en los que la soledad era tan grande que mi mente necesitó inventarse un lugar donde pudiera respirar. Necesitaba creer que todavía existía algo bueno, algo limpio, algo que no hubiera sido alcanzado por todo lo que vino después.
Y ese lugar terminaste siendo tú. Me refugie en el recuerdo del niño que me conoció antes de que la vida me cambiara. Antes de tantas heridas. Antes de que todo se volviera tan difícil de explicar. Tú fuiste una de las pocas personas que alcanzo a conocerme cuando todavía era simplemente Carolina.
Inventé conversaciones, momentos y posibilidades que nunca ocurrieron, no porque quisiera borrar la realidad, sino porque necesitaba una razón para seguir caminando. Mi imaginación hizo contigo lo que muchas veces hace el corazón cuando no encuentra donde descansar: construyó un refugio.
Tal vez nunca lo sepas, pero ese refugio me ayudó a sobrevivir.
Siempre habrá una parte de mi que te recuerde con un cariño imposible de reemplazar. No porque crea que nunca volveré a amar. Sé que puedo hacerlo. La vida siempre encuentra maneras de sorprendernos. Pero hay amores que solo existen una vez, porque nacen cuando todavía somos inocentes, cuando el corazón no conoce el miedo ni las despedidas.
El amor que sentí por ti fue así. Fue un amor limpio. Sin intereses. Sin máscaras. Un amor que simplemente apareció porque eras tú. Porque bastaba con saber que existías para que el mundo pareciera un lugar un poco más amable.
No sé si algún día alguien vuelva a despertar en mi un sentimiento tan profundo, tan transparente y tan verdadero como el que nació contigo. Quizá si. Quizá no. Pero, pase lo que pase, nadie podrá borrar lo que significó.
Hace tiempo alguien me dijo que yo también te gustaba. Incluso me contaron que inventabas tener novia para darme celos. Nunca sabré si eso fue verdad o sólo una historia que alguien quiso contarme. Pero, si realmente hubiera sido cierto y tú hubieras tenido el valor de decírmelo en aquel entonces, creo que me habría muerto de vergüenza...y, al mismo tiempo, el corazón me habría explotado de felicidad.
Supongo que el destino decidió escribir una historia diferente para los dos.
Y está bien.
Hay personas que llegan para quedarse, y otras que llegan para salvar una parte de nosotros sin siquiera darse cuenta. Tú perteneces a ese segundo grupo.
Quizá nunca supiste todo lo que hiciste por mi, pero tu presencia dejó una huella que el tiempo nunca consiguió borrar.
Por eso hoy solo quiero darte las gracias.
Gracias por haber sido mi niño Protector. Gracias por el cariño que un día me regalaste sin imaginar que yo lo guardaría durante tantos años. Gracias por convertirme, sin querer, en alguien que todavía creé que existen las personas buenas.
Dóndequiera que estés, deseo de todo corazón que la vida te sonria. Que nunca te falten oportunidades. Que encuentres personas que te quieran tan bonito como tú hiciste sentir a otros. Que Dios bendiga cada uno de tus pasos y abra todos los caminos que mereces recorrer.
Y si alguna vez, por casualidad llegas a pensar en mí, espero que me recuerdes con una sonrisa.
Yo siempre recordaré al niño que, sin saberlo, me enseñó que incluso en los momentos más oscuros puede existir alguien capaz de convertirse en un refugio.
Gracias por todo, Santiago. 🩵