Carolina

Después Del Brillo.

18 Febrero 2026.

Hay algo que cambió en mí y tarde demasiado en darme cuenta. Cada vez que empiezo a conocer a alguien, me aburro.

No es ese aburrimiento ligero que aparece cuando una conversación se alarga demasiado o cuando las personas simplemente dejan de tener temas en común. Es un aburrimiento inmediato, pesado, casi inevitable. Como si mi mente ya conociera el final antes de escuchar la primera palabra.

Todo empieza igual.

“Hola, ¿Cómo estás?”

“¿Que haces?”

“¿Cómo te llamas?”

“¿Que te gusta?”

“¿Cuál es tu color favorito?”

Y, mientras respondo, siento como algo dentro de mi se apaga poco a poco.

Antes no era así. O quizá si, pero nunca lo había notado.

Con Santiago era diferente. Las conversaciones no necesitaban esfuerzo. No parecían una entrevista ni un intercambio de preguntas aprendidas de memoria.

Simplemente existían. Yo podía ser yo sin pensar demasiado en cada respuesta, sin medir mis palabras ni preocuparme por parecer interesante. No tenía que fingir curiosidad porque realmente la sentía. Había Silencios que no incomodaban y momentos que no necesitaban explicación. Había presencia.

Después llegó Nicolás Lome.

Con él tampoco fue igual que con Santiago, pero tampoco fue vacío Había algo distinto. Una chispa.

Las conversaciones fluían con naturalidad y, sin darme cuenta, el brillo regreso a mis ojos. Durante un tiempo sentí que algo dentro de mi despertaba otra vez.

Me tomo tiempo confiar, pero cuando finalmente lo hice todo apareció acomodarse por un instante.

Hasta que fue él mismo quien apagó aquello que había encendido.

No ocurrió de golpe.

Fue más parecido a una lámpara que empieza a parpadear una y otra vez hasta que, un día cualquiera, deja de iluminar.

Desde entonces vivo con una sensación extraña.

Ya no logro sentir nada por nadie.

No amor.

No cariño.

Ni siquiera esa costumbre que a veces nace cuando alguien permanece el tiempo suficiente.

Solo conversaciones vacías.

Hace poco empecé a hablar con un chico de Facebook. Ni siquiera llevábamos un día conversando cuando ya sentía el mismo cansancio de siempre. No creo que sea culpa suya. Tampoco creo que sea completamente mía.

Simplemente no pasa nada. Mi mamá dice que es falta de química.

Parece ausencia de emoción.

Recuerdo cuando esperaba con nervios el mensaje de alguien especial. Cuando cualquier notificación podía cambiarme el día. Cuando sonreía sin motivo al ver aparecer un nombre en la pantalla y mi cabeza encontraba mil razones para seguir pensando en esa persona.

Ahora ya no sucede.

Después de Nicolás, mis ojos quedaron grises.

Fríos.

Sin brillo.

Cada vez que alguien intenta acercarse ocurre exactamente lo mismo: las mismas preguntas, las mismas respuestas, el mismo interés que intento fingir por educación. Y tarde o temprano mi desinterés termina notándose. No porque quiera ser grosera, sino porque simplemente ya no encuentro nada que sostenga la conversación.

Estoy cansada.

No de la vida; no me malinterpretes.

Estoy cansada del inicio.

Del ritual interminable de conocer personas.

De fingir curiosidad.

De explicar quién soy una y otra vez como si fuera un formulario humano que alguien llena antes de decidir si vale la pena continuar.

A veces pienso que muchos hombres ya no saben cómo despertar el interés de una mujer.

O quizá no sea eso.

Quizá soy yo quien ha escuchado demasiadas veces el mismo guión.

Las mismas preguntas. Las mismas frases. Las mismas intenciones escondidas detrás de nombres diferentes.

Después de Nicolás algo cambio dentro de mi.

No es exactamente tristeza.

Es un silencio emocional.

No duele.

Pero tampoco vibra.

Y eso, de alguna manera, pesa más.

Porque siento que es inútil volver a intentarlo. Ya conozco el recorrido:

Conversación, rutina, aburrimiento. Entonces empiezo a querer irme incluso antes de llegar.

No huyo de las personas.

Huyo de la repetición.

Antes veía personas.

Ahora solo veo patrones.

Y, por más que intento encontrar a la chica que alguna vez se emocionaba por conocer a alguien, no logro alcanzarla.

Sigue existiendo en algún lugar, pero ya no responde cuando la llamó.

Después de Nicolás Lome, no he logrado volver a sentir nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.