Nelly dejó caer con calma la línea de caramelo, pero el café salpicó la taza, y la línea que pretendía ser una hoja de otoño se volvió alguna figura salida de una alucinación.
-Nelly- dijo su madre-. Deja de jugar, y apúrate, o llegarás tarde.
-Mamá, te quería hacer el café, pero…
-Hija, te corrieron de barista. Lo tuyo es doblar papel.
-Papiroflexia, mamá, y manualidades.
-Eso- contestó su mamá, apenas mojándose los labios del amargo café.
-Lástima que solo se hacer cosas por las que nadie paga.
-No digas eso, hija- su mamá le arregló el cuello de la camisa-. ¿Planchaste eso?
-Se ve bien.
-¡Claro que no, Nelly!- respondió su madre, de súbito molesta-. Entiende que vas a una oficina. Sube ahora mismo y…espera ¿a qué horas entras?
Nelly giró su cuello con lentitud como si esperara encontrarse a una entidad maléfica agarrada del techo, pero no, vio algo mucho peor: el reloj.
-Mamá…
-Nelly ¿otra vez?
Nelly esquivó a su madre, particularmente sus ojos. Se subió a la bicicleta, y pedaleó con fuerza para no llegar tarde.
En la oficina, Minjun limpiaba con una toalla húmeda una esquina del escritorio. En el cesto estaba el resto de los trapos húmedos con los que había conseguido dejar sus aditamentos más cercanos pulcros.
Se inclinó hasta quedar a la altura del escritorio. Desnivelado. Increíble lo que había aceptado con tal de alejarse de ella, y aún así, Jessica lo seguía a todos lados. Juraba que la escuchaba más cerca que sus propios pensamientos.
Nelly se sentó en su escritorio. Ingresó su imagen en el checador un segundo antes de que empezara su horario. Minjun no se veía por ningún lado, así que pensó que era un buen momento para desayunar. Se metió un pedazo de galleta a la boca, pero, en eso, las persianas a su lado se abrieron de golpe, y del otro lado encontró a Minjun, arremangado hasta los codos, polvoriento y más furioso de lo normal.
-Nelly- dijo Minjun saliendo de la oficina.
-Min…-Nelly trató de hablar, pero tenía la boca llena. Se escupió la galleta machacada en la mano, la tiró sobre unas hojas en el escritorio, y extendió la mano para saludar a Minjun-. Jefe, disculpe ¿cómo está?
Minjun le devolvió el saludo. Sintió en sus manos los grumos de galletas y un poco de humedad. Luego, miró su camiseta doblada en formas infinitas, y como en lugar de zapatos formales llevaba tenis blancos con dos corazones sobrepuestos, uno negro y otro rosa, dibujados con marcadores.
Nelly se torció los dedos con nerviosismo. Minjun parecía estarse conteniendo mientras la recorría de pies a cabeza con molestia.
-Nelly, pase inmediatamente a mi oficina.
-Claro que sí, jefe.
Minjun entró después de ella, y le señaló la oficina, que parecía el interior de una telaraña por el polvo y el desorden.
-¿Qué ve?
-Su oficina, jefe.
-Ah, interesante reflexión- respondió Minjun torciendo los ojos- ¿Qué más ve?
-Está muy sucia, hay mucho polvo, y mire, le dejaron varios insectos muertos en el fondo del cesto-sonriendo, agregó-. En lugar de canasta de frutas de bienvenida, le dejaron una con proteína ¿eh?
Minjun claramente no estaba para bromas.
-Lo siento, jefe.
-¿Qué tiene que decirme del escritorio?
Nelly observó el escritorio. Sintió una punzada de desmotivación al no encontrar la montaña que había dibujado en el polvo un día antes.
-Jefe ¿se dio cuenta que en el escritorio…?
-¿Que qué, Nelly?-interrumpió Minjun con voz firme- ¿Qué no hizo el más mínimo esfuerzo por dejarme limpio el escritorio? ¿Qué le enviaron un correo avisando que debía llegar media hora antes que yo, y claramente lo ignoró?
-Lo siento, no lo revisé- dijo Nelly, nerviosa.
-¿Que si me di cuenta que mi café no está listo?- continuó Minjun-¿o que no me tiene listas las hojas con el orden del día? ¿o acaso que es su responsabilidad organizar las solicitudes en la mesa, y tampoco lo hizo? El segundo día, Nelly, y usted actúa con la misma desfachatez de alguien a quien acaban de despedir, y probablemente eso debería de hacer.
Nelly llevaba medio minuto con la mirada baja. Cuando por fin la levantó, esquivo los ojos de Minjun; aún recordaba cuando, en la preparatoria, tras un desplante similar, Nelly había terminado arrojándole un vaso de agua en la cara.
Pero, ahora, era imposible hacerlo. Hasta sus manos recordaban el peso de los préstamos impagables, y todo su cuerpo se hundió ante la realidad de tener que doblar su orgullo para sobrevivir.
Mientras Minjun le recordaba las tareas que debían haber estado listas, Nelly miró por la ventana de la oficina. Entre las persianas distinguía a Logan afuera de su oficina, con las manos en la cintura y las cejas alzadas, furioso. Minjun cerró la puerta de la oficina.
-¿Me está prestando atención?- dijo Minjun- ¿U otra vez está perdida en sus pensamientos, como ayer?
-No, jefe, sí lo estoy escuchando- respondió, sabiendo que sus palabras le iban a dar vueltas toda la noche-. Le pido una disculpa, trataré de mejorar.
-No, no va a “tratar”- Minjun dio un paso hacia ella-. Lo va a hacer, o personalmente voy a pedir que la corran.
-Jefe, tengo deudas.
Minjun alzó la mano para pedirle silencio.
-Su vida privada no es de mi incumbencia. Ahora, Nelly, voy a levantar el escritorio, y necesito que me ayude. Ponga esa bola de papel en la pata de abajo. Se tambalea, y así yo no puedo trabajar.
Minjun levantó el escritorio; era mucho más fuerte de lo que parecía. Pero, Nelly se quedó inspeccionando el amasijo de papeles con el que pretendía arreglar el escritorio.
-Nelly- dijo Minjun con tono irritado.
-Jefe, esta bola no le va a funcionar.
-Póngala y ya.
-Jefe, permítame- Nelly tomó un cuaderno, y arrancó una hoja. A un lado, estaban varios sobres con cartas, todos con la misma dirección en ellas.
-Nelly, la estoy esperando.