Y es que yo nunca escribiré de un buen amor ni que lo tuviera, porque lo que te marca no es el amor, sino el dolor, y siempre escribimos de lo que nos marca.
Y es que aunque los labios del que era bueno besaban bien, siempre recordaré los del malo que hizo que cada paso con él doliera cien.
Y es que aunque no perdone al que se burló de mí, recordaré por siempre al que me hizo feliz.