Cartas al otro lado del alambre

Capítulo 21

*Septiembre de 1946. 6:24pm. Calle Wyandotte 312, Windsor.*

Daiki tenía la mano en el aire.
Tres golpes. Suaves. Como si tuviera miedo de romper algo.

Adentro se oyó movimiento. Pasos.
La puerta se abrió.

Nia.

Delantal. Pelo recogido. Más delgada. Más fuerte.
Los ojos se le abrieron grandes. La boca se le quedó abierta.

"Daiki?" susurró. Como si no creyera.
"Nia" dijo él. Con la voz rota. "Soy yo."

Ninguno se movió por 3 segundos. Dos años en 3 segundos.

Y entonces Nia se echó a llorar.
No de tristeza. De alivio.
"Entra" dijo. "Entra rápido antes de que me dé un infarto."

Daiki entró. La casita olía a pan y a jabón. Chica. Limpia. Con fotos en la pared.
Y en la mecedora, dormido, un bebé.

Haruki.

Daiki se quedó parado. Mirándolo.
Pelo negro. Carita chiquita. Manitas cerradas.
Con su nariz. Con su boca.

"¿Es...?" no pudo terminar.
"Haruki Sato" dijo Nia, secándose la cara. "Nació en julio. En una tormenta. Le puse tu apellido."

Daiki se arrodilló junto a la mecedora. Con cuidado, como si el bebé fuera de cristal.
Le tocó un deditos. Haruki apretó su dedo dormido.

"Se parece a ti" susurró Daiki. "Tiene tus ojos cuando está despierto."
Nia se rió entre lágrimas. "Y tu terquedad. Llora fuerte."

Se quedaron así un rato. Los tres. En silencio.

Luego Nia lo jaló. Lo abrazó. Fuerte. Como la primera vez en Detroit.
"Te esperé" dijo en su oído. "Pensé que no ibas a llegar."
"Prometí" contestó Daiki, enterrando la cara en su pelo. "Johnson & Sato, ¿te acuerdas?"

Se separaron. Se miraron.
Daiki sacó del bolsillo la foto de la boda. La gastada. La arrugada.
Nia sacó del cajón el hilo rojo. Los dos.

"¿Entonces?" preguntó Nia.
"Entonces" dijo Daiki, arrodillándose otra vez. Esta vez frente a ella. "¿Me das otra oportunidad de casarme contigo? Pero ahora bien. Con anillo. Con flores. Y sin que nos separe la policía."

Nia lloró y se rió a la vez. Asintió.
"Si. Mil veces sí."

Haruki se despertó. Lloró.
Daiki lo cargó por primera vez. Temblando.
"Shhh, soy tu papá" le dijo. "Perdón por tardar."

Haruki lo miró. Y se calló.

Afuera, Windsor estaba tranquilo. Sin policías. Sin gritos.
Adentro, por fin, una familia completa.




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