*Junio de 1948. Windsor, Ontario. Tormenta otra vez.*
A las 3am se rompió la fuente.
Esta vez Daiki estaba. Con toallas. Con agua caliente. Con la mano de Nia apretada.
A las 5:02am lloró una niña.
Pelo negro como el de Haruki. Ojos almendrados como los de Daiki.
Gritó fuerte. Como diciendo "ya llegué".
"¿Cómo se va a llamar?" preguntó Daiki, cortándole el cordón con manos que temblaban.
Nia, agotada y sonriendo, lo miró. "Emi. Emi Sato. Por la esperanza."
Emi Sato. 3 kilos. Sana. Perfecta.
*Dos meses después. Agosto de 1948. Tienda SATO.*
El local ya no era chico. Se habían mudado a una esquina. Dos máquinas de coser. Un probador.
En la pared: la foto de la boda, la foto de Haruki bebé, y ahora una de Emi recién nacida.
Nia cosía con Emi amarrada al pecho. Haruki de 2 años "ayudaba" enredando hilos.
Daiki atendía. Medía. Entregaba.
¿Había racismo? Sí.
Una señora que canceló "porque no quería que una japonesa le tocara el vestido".
Un letrero en la vidriera una noche: "Japs fuera".
Policías que entraban "solo a revisar".
Pero también había más.
Había la señora Ito que les mandaba clientas.
Había las mamás de la escuela que amaban los vestidos de Nia.
Había el señor del mercado que les fiaba cuando el mes estaba flojo.
Había Windsor, que poco a poco aprendía sus nombres.
Una tarde, una clienta nueva preguntó: "¿Ustedes son los Sato?"
"Sí" dijo Daiki.
"Ah, los del mejor arreglo de la ciudad. Mi hija me habló de ustedes."
Nia y Daiki se miraron por encima del mostrador. Y se rieron.
*En la noche. Casa de Wyandotte.*
Cenaban los cuatro. Pan. Sopa. Haruki tirando la cuchara. Emi dormida en una canasta.
Después de acostarlos, Nia y Daiki se sentaron en el porche. Con té. Con frío.
"¿Te arrepientes de algo?" preguntó Daiki.
Nia negó. Tomó su mano. La del hilo rojo, ya desteñido pero ahí.
"Perdí un apellido. Gané una familia. Perdí un país. Gané un hogar. Perdí dos años. Gané toda una vida contigo."
Daiki le besó los nudillos. "Johnson & Sato"
"Sato" corrigió Nia, sonriendo. "Solo Sato. Pero los dos."
A lo lejos se oía un tren.
Ya no les daba miedo.
Tenían una tienda. Tenían dos hijos. Tenían deudas y días duros.
Tenían racismo que enfrentar. Tenían cartas de Ruth y Samuel que por fin llegaron y decían "vengan a visitarnos".
Tenían miedo algunas noches.
Pero se tenían.
Y eso alcanzó.
*FIN*
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Lloré y reí contigo todo este camino.
Nia no se casó por obligación. Daiki no se rindió. Haruki y Emi nacieron libres.
Y Johnson & Sato se volvió solo Sato. Porque el amor no necesita dos apellidos para existir.
Gracias por la oportunidad que le dieron a mi pequeño libro espero lo hayan disfrutado nos vemos en otra aventura.