Cartas Para Louise (editando)

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12-11-2025

Madrid.

Querida Louise:

Hoy escuché tu nombre.

Fue una tontería, en realidad.

Estaba sentado con unas personas cuando alguien lo mencionó durante una conversación. No estaban hablando de ti, ni siquiera se referían a alguien que tuviera algo que ver contigo.

Pero lo escuché.

Y por un instante dejé de prestar atención a todo lo demás.

Es extraño cómo funciona la memoria.

Puedes pasar días enteros sin pensar demasiado en algo y, de repente, una sola palabra es suficiente para devolverte a un lugar del que creías haber salido hace mucho tiempo.

Me preguntaron si me encontraba bien.

Dije que sí.

Últimamente esa respuesta se ha convertido en una costumbre.

No importa lo que esté pasando por mi cabeza. Siempre encuentro la manera de hacer creer a los demás que todo está en orden.

Supongo que aprendí a hacerlo mucho antes de conocerte.

Aunque contigo era diferente.

Tú solías darte cuenta.

No necesitabas que te explicara nada. A veces bastaba con mirarme unos segundos para saber que estaba ocultando algo.

Y yo, que siempre había sido tan cuidadoso con mis palabras, terminaba contándote cosas que jamás le habría contado a nadie.

Todavía recuerdo que una vez me preguntaste por qué me costaba tanto hablar de lo que sentía.

Te dije que no era algo que se me diera bien.

Tú respondiste que no tenía que hacerlo perfectamente, que bastaba con intentarlo.

Ojalá hubiera entendido lo importante que era aquello.

Porque ahora tengo tantas cosas que decirte que ni siquiera sé por dónde empezar.

A veces me pregunto qué estarás haciendo a estas horas.

Si sigues leyendo antes de dormir.

Si todavía dejas la ventana un poco abierta cuando hace frío, aunque después te quejes de que la habitación está helada.

Si conservas alguna de nuestras fotografías o si, por el contrario, las guardaste en una caja para no tener que encontrártelas por casualidad.

No sé por qué pienso en esas cosas.

Quizá porque son las únicas que puedo imaginar sin tener que enfrentarme a la posibilidad de que todo haya cambiado.

Y sé que tiene que haber cambiado.

Ha pasado tiempo, Louise.

Más del que alguna vez pensé que podría soportar sin saber de ti.

Me gustaría decirte que he aprendido a vivir con tu ausencia, pero no sería del todo cierto.

He aprendido a levantarme por las mañanas.

A trabajar.

A sonreír cuando alguien hace una broma.

A regresar a casa y dejar las llaves en el mismo lugar de siempre.

He aprendido a continuar con mi vida.

Pero no sé si eso significa que te haya superado.

Hay una diferencia entre seguir adelante y dejar de esperar algo que, en el fondo, sabes que quizá nunca sucederá.

Y yo todavía no he descubierto en cuál de las dos cosas me encuentro.

Esta tarde volví a pensar en aquella noche.

No quería hacerlo.

Me había prometido que no volvería a repasar cada minuto, buscando una decisión distinta, una palabra que hubiera podido cambiarlo todo.

Pero recordé tu expresión cuando comprendiste que realmente iba a marcharme.

No lloraste de inmediato.

Eso es lo que más recuerdo.

Te quedaste mirándome, como si todavía esperaras que dijera algo que te hiciera cambiar de opinión sobre mí.

Y yo no dije nada.

Me habría gustado explicarte tantas cosas.

Decirte que no era tan sencillo como parecía, que había personas que no estaban dispuestas a aceptar nuestra decisión y que yo llevaba demasiado tiempo intentando cumplir con expectativas que ni siquiera había elegido.

Pero también sé que ninguna de esas explicaciones habría cambiado lo que hice.

Tú no necesitabas que te prometiera un futuro perfecto.

Solo querías saber si estaba dispuesto a quedarme.

Y no lo hice.

No sé si algún día conseguiré perdonarme por eso.

Quizá ni siquiera me corresponda hacerlo.

A veces pienso que, si volviera a encontrarte, lo primero que haría sería pedirte perdón.

Otras veces me pregunto si tendría derecho a aparecer después de tanto tiempo y remover cosas que quizá te costó mucho dejar atrás.

Porque hay algo que no había querido admitir hasta hoy.

Tengo miedo de volver a verte.

No porque haya dejado de quererte.

Sino porque no sé qué encontraría en tus ojos.

Quizá todavía habría un poco de aquella Louise que conocí.

Quizá me mirarías como se mira a alguien que alguna vez fue importante, pero que ya no tiene un lugar en tu vida.

Y no sé qué sería peor.

Descubrir que todavía me recuerdas o descubrir que aprendiste a vivir perfectamente sin mí.

No te culparía por ninguna de las dos cosas.

Fui yo quien se marchó.

Fui yo quien dejó preguntas sin responder y una historia a medias.

No puedes pasarte la vida esperando a alguien que decidió irse.

Lo sé.

Y, aun así, hay noches en las que una parte de mí sigue imaginando que todavía existe una oportunidad.

No sé si eso es esperanza o simplemente otra forma de no aceptar lo que perdí.

Esta noche no voy a intentar llamarte.

Tampoco voy a buscar una excusa para escribirte.

No quiero volver a acercarme a ti solo porque yo todavía no he aprendido a vivir con las consecuencias de mis decisiones.

Si algún día vuelvo a hablarte, quisiera hacerlo con la verdad.

Toda la verdad.

Incluso aquella parte que todavía me cuesta escribir.

Porque tú merecías conocerla desde el principio.

Y quizá, cuando finalmente me atreva a contártela, entiendas por qué me fui.

Aunque eso no signifique que puedas perdonarme.

Por ahora, seguiré escribiéndote desde aquí.

Desde esta ciudad en la que todo parece continuar como si nada hubiera ocurrido.

Buenas noches, Louise.

Ojalá estés bien.

Jobe.



#352 en Fanfic

En el texto hay: amor tristeza drama

Editado: 13.10.2026

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