Casados por la Herencia.

Capítulo 01

“Empresario del año”

Las puertas del club privado más exclusivo de la ciudad se abrieron para recibir a la élite del país en la gala benéfica más esperada del año.

Empresarios, políticos, celebridades y herederos de las familias más poderosas se habían reunido por una causa benéfica. Aunque todos sabían que el verdadero acontecimiento de la noche sería la entrega del reconocimiento más codiciado del mundo empresarial: el Gran Premio Empresario del Año.

Naray sostenía una copa de champán entre los dedos y la hacía girar con lentitud mientras contemplaba el salón.

Le gustaban aquellos eventos, pero no por el lujo ni por la oportunidad de codearse con personas influyentes, sino porque disfrutaba de la competencia y, sobre todo, de demostrarles a sus adversarios que estaba por encima de ellos.

Mientras recorría el salón con la mirada, reconoció a varios miembros de la familia Lennox. Su expresión se endureció y apretó la copa por instinto antes de beber un sorbo.

—Y yo que pensaba que esta noche iba a ser perfecta —murmuró.

Su cuñada Issi siguió la dirección de sus ojos.

—Ellos también tenían que asistir.

—Ya veo. Al parecer, tendré que soportar sus caras durante toda la noche. Estoy deseando que se lea el testamento del abuelo y la empresa quede dividida de una vez entre las dos familias.

—¿Y dejar de tener motivos para odiarlos? Qué aburrido.

—Lo importante es que salgan de nuestras vidas. ¿No lo crees?

Issi iba a responder, pero la llegada de un hombre la dejó sin palabras durante unos segundos.

—Unos son insoportables y otros tienen demasiadas cualidades que admirar. Mira hacia la entrada.

Naray giró el rostro y vio a Kael Lennox.

El hombre avanzó entre los invitados con un impecable traje negro que acentuaba su porte.

Alto, de facciones marcadas y expresión impenetrable, no se molestó en sonreír ni en fingir entusiasmo.

Naray lo conocía demasiado bien para dejarse impresionar por su apariencia. Sabía que detrás de aquel rostro perfecto se escondía un hombre acostumbrado a imponer su voluntad, alguien frío, posesivo y con un ego desmedido.

—Es un insignificante. No sé por qué los demás se empeñan en rendirle pleitesía —susurró Naray.

—Será porque no necesita alzar la voz para hacerse notar —dijo Issi, sin apartar la vista de Kael.

Naray torció los labios en señal de desacuerdo, dejó la copa vacía sobre una bandeja y se dispuso a buscar su asiento. Ya le había dado demasiada importancia a los Lennox.

Al otro extremo del salón, Kael miraba a su alrededor sin prestar demasiada atención. No quería estar en aquel evento, pero por su familia se había obligado a asistir.

—Hermano, ya estás aquí. Al menos muestra un poco de interés. Así podrás justificar tu felicidad cuando te den el premio.

—No me interesa ese puto premio.

—¿Entonces prefieres que se lo entreguen a uno de los Dixon?

Kael entrecerró los ojos mientras veía a una mujer al fondo del salón y dio un trago a su vaso.

—Ellos no son competencia. Y cuanto antes lo entiendan, mejor.

Maxi sonrió. Ya quería presenciar aquel momento.

Horas después, la gala continuaba en pleno apogeo. Las donaciones habían superado las expectativas de los organizadores y los invitados aguardaban el momento de conocer al ganador.

Issi, después de varias copas de champán, reía con demasiada facilidad y se tambaleaba de un lado a otro.

Víctor, el hermano de Naray, observó a su esposa mientras le contaba una historia a un camarero.

—Por Dios, ayúdame con ella —murmuró—. Me está dejando en ridículo.

Naray reprimió una sonrisa, tomó a su cuñada del brazo y la condujo hacia un rincón menos concurrido.

—Vamos, Issi. Ya has bebido suficiente.

—No entiendes nada —protestó ella, apoyándose en su hombro—. No entiendes absolutamente nada.

—¿Qué es lo que no entiendo?

Issi se acercó a su oído, como si estuviera a punto de revelarle el secreto mejor guardado del siglo.

—Me gusta.

Naray alzó una ceja, confundida.

—¿Quién? ¿Mi hermano?

Su cuñada negó con la cabeza y se llevó un dedo a los labios, empeñada en guardar el misterio incluso en aquel estado.

—No puedo decírtelo.

Naray supo que no estaba bromeando y que realmente algo la atormentaba. No le insistió.

Pidió ayuda a uno de los empleados y se aseguró de que Issi fuera acompañada hasta el automóvil que la llevaría a la mansión familiar. Después regresó al salón.

No había dado ni seis pasos cuando tropezó con alguien que salió de entre la sombra y un vaso se estrelló contra el mármol.

—¡Ah! —se quejó al sentir un pinchazo en el pie.

No se había percatado de quién era el hombre hasta que levantó la vista. La sangre le subió al rostro al reconocerlo.

—¡Maldición! ¿Por qué demonios no te fijas por dónde caminas? Me lastimaste.

Kael suspiró. Miró los vidrios del vaso que sostenía esparcidos por el suelo, la sangre que brotaba del pie de Naray y, finalmente, levantó la vista hacia ella.

—Tú te interpusiste en mi camino. Pero supongo que las disculpas no existen en tu diccionario.

Ella abrió la boca, desconcertada.

—Estoy sangrando. Esto bien pudo ser intencional. Me acabas de causar una herida.

Él frunció el ceño, metió las manos en los bolsillos del pantalón y la observó sin mostrar el menor interés.

—Créeme que mis intenciones van más allá de un simple pinchazo.

Naray revisó la herida. No era un corte profundo, pero él era el responsable. Se acercó unos pasos más hacia él con una sonrisa que no tenía nada de amable.

—Eres despreciable, Lennox.

—Gracias por el halago.

—No le voy a comentar nada a mis hermanos para evitar que se ensucien las manos.

—¿Eso debería intimidarme?

Ambos guardaron silencio por unos segundos.

—Por eso estos eventos terminan siendo aburridos. Siempre aparece alguien que arruina la noche —dijo ella.




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