Cazadores de Sombras: Ciudad de las Almas Perdidas (yeongyu)

Capítulo 3: Ángeles malos

- Ey, creí que habías olvidado que vives aquí. - Exclamó Bangchan cuando Jake entró en el salón de su pequeño piso, con las llaves aún tintineando en la mano. A Bangchan solía encontrárselo tirado en el futón, con las largas piernas colgando por el lado y el mando de la Xbox en la mano. Ese día también estaba en el futón, pero sentado, con los amplios hombros encorvados y las manos en los bolsillos de los vaqueros. El mando no se veía por ninguna parte. Parecía aliviado de ver a Jake y, en un momento, el vampiro entendió por qué.

El licántropo no estaba solo. Sentado frente a él en un sillón de terciopelo naranja (ninguno de los muebles de Bangchan hacía juego), se hallaba Hyunjin. La última vez que Jake lo había visto, el chico iba vestido con traje de fiesta. Pero en ese momento seguía con su uniforme: vaqueros de bajos gastados, una camiseta de manga larga y una chaqueta de cuero de color caramelo. Parecía tan incómodo como Bangchan, con la espalda recta y la mirada perdida hacia la ventana. Al ver a Jake, se puso de pie agradecido y le dio un abrazo.

- Hola. - Dijo. - Sólo he pasado a ver cómo te iba.

- Estoy bien. Es decir, estoy tan bien como se puede estar con todo lo que está pasando.

- No me refería a todo ese asunto de Yeonjun. - Repuso él. - Me refería a ti. ¿Cómo lo llevas?

- ¿Yo? - Jake se sorprendió. - Estoy bien. Preocupado por Niki y Beomgyu. Ya sabes que la Clave lo estaba investigando...

- Y he oído que lo han absuelto. Eso está bien. - Hyunjin lo soltó. - Pero estaba pensando en ti. Y en lo que te pasó con tu madre.

- ¿Cómo sabes eso? - Jake lanzó una mirada a Bangchan, pero este negó con la cabeza, de forma casi imperceptible. Él no le había dicho nada.

Hyunjin se acomodó un mechón de cabello.

- Me encontré con Eric por casualidad. Me dijo lo que te había pasado y que por eso no habías ido a los bolos de La Pelusa del Milenio.

- Por cierto, se han cambiado de nombre. - Informó Bangchan. - Ahora son Burrito de Medianoche.

Hyunjin miró irritado a Bangchan, y él se hundió un poco en su asiento. Jake se preguntó de qué habrían estado conversando antes de que llegara él.

- ¿Has hablado con alguien más de tu familia? - Preguntó Hyunjin con suavidad. Sus ojos lo miraban con preocupación.

Jake sabía que era grosero, pero había algo en ser mirado así que no le gustaba. Era como si esa preocupación convirtiera el problema en real, cuando, de otra manera, él podía fingir que no existía.

- Sí. - Contestó. - Todo va bien en mi familia.

- ¿De verdad? Porque dejaste el teléfono aquí. - Bangchan lo cogió de la mesa. - Y tu hermana te ha estado llamando cada cinco minutos durante todo el día. Y ayer también.

Jake sintió que se le helaba el estómago. Cogió el teléfono que le tendía Bangchan y miró la pantalla. Diecisiete llamadas perdidas de Roseanne.

- Mierda. - Exclamó. - Esperaba poder evitar esto.

- Bueno, es tu hermana. - Repuso Hyunjin. - Tarde o temprano te iba a llamar.

- Lo sé, pero le he estado dando esquinazo; dejando mensajes cuando sé que no estará allí, esa clase de cosas. Supongo... que estaba tratando de evitar lo inevitable.

- ¿Y ahora?

Jake dejó el teléfono en el alféizar de la ventana.

- ¿Seguir evitándolo?

- No lo hagas. - Bangchan sacó la mano del bolsillo. - Deberías hablar con ella.

- ¿Y decirle qué? - La pregunta le salió con más aspereza de la que pretendía.

- Tu madre debe de haberle dicho algo. - Contestó su compañero de piso. - Seguramente estará preocupada.

Jake negó con la cabeza.

- Vendrá para Acción de Gracias, dentro de unas semanas. No quiero meterla a ella en lo que está pasando con mi madre.

- Ya está metida. Es tu familia. - Replicó Hyunjin. - Además, esto... lo que está pasando con tu madre, todo eso, es ahora tu vida.

- Entonces, supongo que quiero que ella se quede al margen. - Jake sabía que no estaba siendo razonable, pero se sentía capaz de evitarlo. Roseanne era... especial. Diferente. Pertenecía a una parte de su vida que aún no había tocado toda esa locura. Quizá la única parte.

Hyunjin alzó las manos y se dirigió a Bangchan.

- Dile algo. Tú eres su guardia pretoriana.

- Oh, vamos. - Replicó Jake antes de que su amigo pudiera abrir la boca. - ¿Alguno de ustedes mantiene el contacto con sus padres? ¿Con su familia?

Ellos intercambiaron una mirada.

- No. - Contestó Bangchan lentamente. - Pero ninguno de nosotros tenía buena relación con ellos antes de...

- Ahí está mi prueba. - Repuso Jake. - Todos somos huérfanos. Huérfanos de la tormenta.

- No puedes pasar de tu hermana. - Insistió Hyunjin.

- Mírame.

- ¿Y cuando Roseanne vuelva a tu casa, que parece el plató de El exorcista? ¿Y cuando tu madre no pueda explicarle dónde estás? - Bangchan se inclinó hacia delante, con las manos en las rodillas. - Tu hermana llamará a la policía, y tu madre acabará en un manicomio.

- Aún no estoy preparado para oír su voz. - Insistió Jake, pero sabía que había perdido la discusión. - Tengo que volver a salir, pero prometo que le enviaré un mensaje.

- Bien. - Repuso Bangchan. Estaba mirando a Hyunjin mientras lo decía , no a Jake, como si esperara que él se fijara en que había hecho reflexionar a su amigo y se mostrara complacido. Jake se preguntó si habrían estado viéndose durante las dos pasadas semanas mientras él había estado casi siempre ausente. Habría imaginado que no, por la tensa manera en que habían estado sentados cuando él había llegado, pero con esos dos, era difícil estar seguro. - Por algo se empieza.

***

El ascensor dorado se detuvo en el tercer piso del Instituto; Beomgyu respiró hondo y salió al pasillo. Como Kai y Niki le habían prometido, el lugar estaba desierto y en silencio. El tráfico de la avenida, que discurría por fuera, era un suave murmullo. Beomgyu se imaginó que podía oír el sonido de las motas de polvo al rozar unas contra otras mientras danzaban en la luz que entraba por la ventana. Por la pared se hallaban los ganchos donde los residentes del Instituto colgaban los abrigos al entrar. Una de las chaquetas negras de Yeonjun aún prendía de uno, con las mangas vacías y fantasmales.




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