Copenhague, Dinamarca
Elin
Mi vestido rojo de cola larga se arrastra a medida que camino hacia el escenario. A pesar del sonido de los aplausos, escucho el sonido de mis pasos en mis zapatos de tacón alto sobre el piso de mármol. Saludo a algunas personas de camino al escenario, todos me miran como si fuera de la realeza y así me siento: inalcanzable, elegante, hermosa y, sobre todo, exitosa.
—Por favor, un aplauso más fuerte para la gran Elin Sjöberg, señoras y señores. —dice la presentadora—. Es la artista revelación de este año, con su obra llamada Despertar, ha ganado el premio Turnner.
Con una sonrisa gigante, llego al escenario y dejo que uno de los ayudantes me ayude a subir para no caerme de cara en frente de todos. Llego al centro de la tarima y me apropio del micrófono.
—Buenas noches a todos, gracias por estar aquí. —Miro hacia el público que no ha dejado de ovacionarme—. Despertar es una pintura demasiado especial para mí, en ella está puesto mi corazón. Fue un grito de esperanza en un momento donde sentí que estaba perdida. Nunca imaginé que me haría llegar tan lejos y por eso estoy agradecida.
Continúo hablando de lo que significa la obra para mí. Al terminar, las personas aplauden de nuevo y la presentadora de acerca de nuevo, esta vez con el galardón en la mano.
—Despierta —dice, aunque su voz se escucha distorsionada.
—¿Qué? —inquiero.
—Despierta —repite, solo que ahora es su rostro el que se ve borroso. —¡Despierta! —grita de nuevo.
Parpadeo varias veces hasta que mi vista se aclara. Frente a mí hay un rostro que no es el de la hermosa mujer que me iba a entregar el premio. No, esta es la cara arrugada y llena de pelos de un hombre mayor que me mira como si fuera una oveja descarriada o una traficante de órganos.
—¿Qué pasa? —le pregunto, pasándome la mano por los ojos para terminar de alejar el sueño.
—Llegamos a Copenhague, niña. Muévete antes de que el tren arranque de nuevo y te lleve a la Patagonia.
Pensé que mi tía/abuela era exagerada, pero veo que tiene competencia.
—Gracias, señor.
Casi quiero llorar, el sueño se sentía tan real, al igual que el dinero que implica ganar dicho premio. No había hambre ni incertidumbre. Pero claro, como todo lo bueno, tenía que acabarse. Despertarme no fue lo peor, no. Lo peor fue el increíble dolor en el trasero que tenía, porque esta pobre alma en bancarrota tuvo que viajar cinco horas sentada para llegar a la boda de su mejor amiga.
¡Genial!
Con pesar —y calambres—, agarro mis cosas y desciendo del medio de transporte. Llego a la sala de espera para ver a una rubia dando saltos mientras grita mi nombre. Sofia Lundqvist ha sido mi mejor amiga desde que teníamos cinco años. Fue mi vecina hasta que se mudó con su novio, ahora prometido, hace tres años. Sin embargo, su relación no se ha interpuesto entre nosotras, a pesar de que su futuro esposo me cae mal, y mañana seré su dama de honor.
—¡Te extrañé! —chilla en mi oído mientras se tira a mis brazos.
—Y yo a ti —respondo en un tono más tranquilo.
Nos abrazamos por un rato, después se separa y me ayuda con uno de mis bolsos. Juntas, salimos de la estación rumbo al auto.
—Vamos, te llevaré al hotel para que descanses un poco. Hay una feria detrás del hotel, te daré una manilla que te dará acceso total a las atracciones. Nils hizo un trato con el hotel para poder ofrecerle lo mejor a nuestros invitados.
Por supuesto que el remilgado, amargado e imbécil de Nils haría eso. Es rico después de todo y no le apena usar su dinero. Bastardo arrogante.
—Tan generoso… —musito con sarcasmo.
—Oh, vamos, Elin. Me voy a casar con él, deberían llevarse mejor. Son las personas más importantes en mi vida.
—Lo intentaré —miento para tranquilizarla.
—Siempre dices lo mismo.
—Bueno, es que él no me la pone tan fácil. Es tan… soso. No sé qué le viste.
—Siempre es un gusto verte, Elin —la profunda y elegante voz de Nils se escucha detrás de mí—. Me alegra saber que sigues pensando lo mismo acerca de mí.
—No me disculparé. —espeto.
—Tampoco me interesa que lo hagas.
—¿Cuándo se llevarán bien? —Sofia nos interrumpe.
—Nunca —respondemos Nils y yo al mismo tiempo.
Ambos nos fulminamos con la mirada hasta que Sofia nos interrumpe y me empuja al asiento trasero del vehículo. Durante todo el trayecto hacia el hotel, ignoro la existencia del conductor idiota y me centro en mi mejor amiga. Con su trabajo, su relación y demás, apenas y nos vemos. Por lo tanto, tiene mucho por contarme.
Al llegar al hotel, sigue parloteando sobre algo de su oficina. Me lleva hasta la habitación que ocuparé y solo es hasta ese instante que se calla.
—Bien, te dejo descansar. —Mete la mano al bolsillo de su pantalón y me entrega la pulsera—. Eres libre de pasear, nos vemos en la cena o mañana. Recuerda que debemos empezar a arreglarnos temprano. Todo tiene que salir perfecto y por eso no acepté la despedida de soltera. Si me trasnocho, no estaré radiante para mi boda y que me condenen si me veo cansada en las fotos.