CAPÍTULO 69: Innecesario
En el edificio de los Patrulleros del Tiempo, muy lejos de donde se encontraba el equipo de cinco, Alex permanecía de pie frente a una enorme grieta dimensional suspendida en medio de una de las salas principales. La superficie de aquella abertura parecía estar hecha de vidrio líquido y mostraba imágenes de lo ocurrido durante los últimos minutos: Fénix caminando entre los pasajeros del tren, Darem y César siguiéndolo, la persecución hasta el vagón de carga y, finalmente, el enfrentamiento contra los dos usuarios de Engendro. Alex observaba cada escena con una tranquilidad inquietante, pasando lentamente una mano por el borde de la grieta mientras contemplaba cómo sus subordinados eran derrotados uno tras otro. No parecía sorprendido. Tampoco molesto. Simplemente observaba.
Cuando la imagen mostró a Fénix reconociendo que aquellos hombres eran Patrulleros del Tiempo, Alex sonrió ligeramente.
—Interesante...
La grieta continuó reproduciendo las últimas imágenes hasta que Alex levantó su brazo derecho. Con un simple movimiento de la mano, cerró aquella abertura dimensional. La superficie se contrajo sobre sí misma hasta desaparecer por completo, dejando nuevamente la sala en silencio.
Alex bajó el brazo.
Entonces se dio la vuelta.
Frente a él se encontraban varias figuras arrodilladas.
Lyra Ash.
Marcus Pyre.
Noah Blackwell.
Los tres permanecían con la cabeza inclinada, esperando alguna orden. Alex los observó durante unos segundos sin decir absolutamente nada. Finalmente comenzó a caminar alrededor de ellos, contemplándolos como si estuviera evaluando herramientas que ya habían dejado de ser útiles.
—¿Saben qué es lo más curioso de los usuarios de Engendro?
Ninguno respondió.
Alex continuó caminando.
—Durante siglos se creyó que eran seres extraordinarios. Individuos capaces de alterar las reglas del mundo, personas destinadas a convertirse en algo superior al resto. Se les temía. Se les veneraba. Se construyeron organizaciones enteras alrededor de ellos.
Se detuvo detrás de Marcus.
—Pero al final...
Alex sonrió.
—Son exactamente lo que siempre fueron.
Se colocó nuevamente frente a ellos.
—Inútiles.
Lyra levantó ligeramente la mirada.
Alex continuó:
—Sus poderes son impresionantes cuando se los observa por primera vez. Engendros capaces de manipular la materia, alterar la percepción, destruir cuerpos, deformar la realidad... y aun así siempre terminan dependiendo de lo mismo.
Señaló su propia cabeza.
—De una mente humana.
Su expresión se volvió fría.
—Y una mente humana puede quebrarse.
Marcus apretó los puños.
—Señor...
Alex lo interrumpió con una mirada.
—No.
La habitación volvió a quedar en silencio.
—Ya no me sirven.
Aquellas palabras hicieron que Lyra levantara la cabeza.
—¿Qué...?
Alex giró lentamente hacia ella.
—Ya cumplieron su propósito. Me ayudaron a retrasarlos, a observarlos y a medir sus capacidades. Pero ahora que conozco suficientemente bien a Darem y a los demás, ustedes dejaron de ser necesarios.
Marcus comenzó a incorporarse.
—Señor, nosotros podemos—
Alex apareció frente a él en un instante.
Su mano derecha sujetó la cabeza de Marcus con una fuerza sobrenatural.
—No necesito promesas.
Marcus intentó liberarse.
No pudo.
Alex sonrió.
—Necesito resultados.
Con la otra mano tomó a Noah por la cabeza y lo levantó parcialmente del suelo.
Lyra observó la escena con los ojos completamente abiertos.
—Señor...
Él ni siquiera la miró.
—Todos aquellos que nacen pueden regresar a la nada. Toda fuerza tiene un precio. Toda vida contiene algo que puede ser tomado.
Su sonrisa desapareció.
—Y todo lo inútil...
Sus dedos comenzaron a emitir una extraña energía.
—...puede convertirse en alimento.
Marcus y Noah comenzaron a estremecerse.
Alex cerró los ojos y pronunció lentamente una oración que parecía haber creado para aquel preciso momento:
—«Que la fuerza vuelva a su origen, que la carne entregue lo que guarda y que aquello que ya no sirve al propósito sea reducido al silencio».
La energía recorrió los cuerpos de ambos.
Sus fuerzas comenzaron a desaparecer.
Alex absorbió lentamente sus nutrientes, su vitalidad y todo aquello que mantenía sus cuerpos en pie. No hubo una explosión ni un grito prolongado; simplemente fueron perdiendo fuerza hasta quedar completamente secos, como si el tiempo hubiera pasado sobre ellos durante décadas en cuestión de segundos.
Finalmente, Alex soltó sus cabezas.
Los cuerpos de Marcus y Noah cayeron al suelo.
Inertes.
Lyra permaneció inmóvil.
Miró los cuerpos.
Después miró a Alex.
El miedo terminó apoderándose de ella.
Retrocedió un paso.
Luego otro.
Alex giró lentamente la cabeza hacia ella.
Lyra salió corriendo.
Sus pasos resonaron por el enorme pasillo mientras desaparecía de la sala sin atreverse siquiera a mirar atrás.
Alex no la persiguió.
Simplemente permaneció allí, observando cómo se alejaba.
Después dirigió la mirada hacia los cuerpos secos de Marcus y Noah.
—Innecesarios...
Guardó silencio durante unos segundos.
Finalmente levantó la mirada hacia el lugar donde la grieta dimensional había estado abierta.
—Ya es suficiente.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Terminaré esto yo mismo.
La ciudad de Royalty se cernía sobre el equipo como una enorme extensión de luces en medio de la oscuridad. Después de horas de viaje, finalmente habían llegado a su última parada. Desde la distancia, la ciudad parecía no tener fin; edificios modernos se levantaban a ambos lados de las avenidas, enormes pantallas iluminaban las fachadas y las calles estaban cubiertas por una tenue iluminación artificial que contrastaba con el cielo completamente oscuro que parecía envolver a Royalty para siempre.
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Editado: 15.10.2026