CAPÍTULO 251: Ecos en la oscuridad
Chamäleon era exactamente el tipo de lugar que Fénix odiaba.
Elegante.
Exageradamente caro.
Y lleno de gente demasiado perfecta para resultar humana.
La fachada de ladrillo y cristal brillaba bajo las luces nocturnas de Berlín mientras los invitados atravesaban la entrada con movimientos suaves, elegantes… antinaturales.
Vampiros.
Por supuesto.
Fénix ajustó la chaqueta y sintió el peso de la Magnum bajo el abrigo.
Eso ayudaba un poco.
Un guardia enorme le bloqueó el paso. Sus ojos rojizos brillaban bajo la luz tenue.
—La invitación.
Fénix le entregó el sobre negro.
El guardia lo revisó unos segundos antes de hacerse a un lado.
—Disfruta la fiesta.
—Gracias supongo...
La sala principal parecía salida de una pesadilla extremadamente cara.
Mármol oscuro.
Lámparas de cristal.
Música suave flotando entre conversaciones susurradas.
Vampiros moviéndose entre sombras como si pertenecieran a otro mundo.
Fénix sintió que acababa de entrar directamente en un matadero.
—Fantástico… —murmuró—. El único lycan en kilómetros rodeado de depredadores con complejo de aristócratas.
Fue directo a la barra.
Si iba a sobrevivir aquella noche, necesitaba alcohol.
Urgentemente.
Tomó asiento y observó el menú.
"Plasma fresco"
"Sangre O negativo reserva especial"
"B+ directo de vena"
"Sangre añeja 1892"
Fénix parpadeó lentamente.
Después volvió a leer.
Solo para asegurarse de que no estaba sufriendo una intoxicación severa.
—Claro… porque convertirse en monstruos inmortales no era suficiente.
El barman, un vampiro de rostro pálido y expresión muerta, lo observó con evidente impaciencia.
—¿Qué va a pedir?
—¿Tienen algo que no incluya fluidos humanos?
—No.
—Increíble servicio.
Dejó caer la cabeza sobre la barra unos segundos.
Definitivamente estaba en el peor lugar posible.
Encendió un cigarrillo y dejó escapar el humo lentamente mientras observaba la fiesta.
Vampiros riendo.
Bailando.
Bebiendo sangre como si fuera vino caro.
Normal.
Completamente normal.
Entonces alguien se sentó a su lado.
Fénix giró apenas la cabeza.
Piel blanca.
Cabello albino cayendo sobre los hombros.
Ojos azules intensos.
Demasiado elegante incluso para aquel lugar.
—Vaya… hacía tiempo que no veía una vampira albina.
La mujer sonrió apenas.
—Lilith D'Arven.
Le extendió la mano.
Fénix la estrechó sin demasiado entusiasmo.
—Fénix.
Lilith lo observó unos segundos, analizándolo.
—Me alegra que aceptaras la invitación.
—Sí, bueno. La promesa de alcohol fue muy persuasiva.
Ella ignoró el comentario.
—La fiesta era una excusa para hablar contigo.
Fénix soltó una risa seca.
—¿Una reunión de vampiros organizada únicamente para mí? Admito que me conmueve, muy en el fondo.
Lilith cruzó una pierna sobre la otra.
—Conoces BloodVine, supongo.
—¿La compañía de sangre embotellada? que en secreto es una agencia encargada de los seres sobrenaturales es difícil no conocerla . Es la misma mierda que fue Enid Corp.
—Quiero que trabajes para mí.
Silencio.
Después Fénix empezó a reírse.
No una risa divertida.
Una de esas que nacen del cansancio mental.
—¿Hablas en serio?
Lilith mantuvo la calma.
—Muy en serio.
—La última vez que trabajé para una corporación terminé alcohólico, mutilado y emocionalmente destruido.
—Precisamente por eso eres útil.
La sonrisa desapareció lentamente del rostro de Fénix.
Lilith notó el cambio inmediato.
—Conocía a Enid.
Eso bastó para tensarle la mandíbula.
—No me interesa repetir la historia.
Lilith se inclinó ligeramente hacia él.
—No quiero repetirla. Quiero reescribirla.
Fénix soltó un suspiro cansado.
—Mira, soy un licántropo sin trabajo que duerme en parques públicos. No parezco exactamente material ejecutivo.
—Eres alguien que entiende ambos mundos. Humanos y monstruos. Y todavía sigues aquí después de todo lo que ocurrió.
—Eso no es mérito. Es mala suerte.
Lilith sostuvo su mirada.
—Piénsalo, Fénix. Tal vez necesites algo más que alcohol y autodestrucción para sobrevivir.
Fénix estaba a punto de responder cuando varios murmullos alteraron el ambiente.
Giró la cabeza.
Dos vampiros estaban golpeando a un chico contra el suelo.
Humano.
El olor a sangre era demasiado evidente.
Fénix suspiró cansadamente.
—Claro. La fiesta necesitaba una escena de abuso colectivo.
Se levantó de la barra.
—Ahora vuelvo.
Caminó hacia el grupo mientras encendía otro cigarrillo.
Los vampiros lo miraron con hostilidad.
—¿Qué miras, perro?
Fénix levantó las manos tranquilamente.
—Nada importante. Solo me preguntaba si conocen esta preciosa Magnum que llevo encima.
Apartó apenas el abrigo.
Lo suficiente para mostrar el arma.
—Cinco balas de plata. Muy malas para la salud, por cierto.
El silencio cayó de inmediato.
—Así que tienen dos opciones —continuó—. Dejan al chico en paz… o hacemos algo extremadamente incómodo para todos.
Los vampiros intercambiaron miradas.
Retrocedieron.
Sabían perfectamente quién era.
El humano apenas podía mantenerse de pie.
—G-Gracias…
Fénix ni siquiera lo miró.
—Lárgate.
El chico no necesitó que se lo repitieran.
Fénix regresó a la barra mientras Lilith lo observaba con interés.
—¿Todo bien?
—Nada grave. Solo les di una lección.
Lilith soltó una pequeña risa.
Finalmente hizo una señal al barman.
Segundos después, un vaso de whisky apareció frente a Fénix.