Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 252: La caza de la medianoche

CAPÍTULO 252: La caza de la medianoche

Capítulo 4 — Remasterizado

Fénix despertó tirado junto a un callejón húmedo, cubierto apenas por una vieja manta que probablemente había robado semanas atrás.

El frío de Berlín le atravesaba los huesos.

Pero eso ya había dejado de importarle hacía tiempo.

Abrió los ojos lentamente y se quedó mirando el cielo gris unos segundos.

Otra mañana.

Desgraciadamente.

—Fantástico… sigo vivo.

Se incorporó pesadamente mientras se masajeaba el cuello.

La cabeza le latía.

La garganta le ardía.

Y el cuerpo entero parecía protestar por existir.

Una resaca normal.

O una depresión avanzada.

A esas alturas ya no diferenciaba demasiado.

Se puso de pie y acomodó la chaqueta.

Después comenzó a caminar.

Sin rumbo claro.

Como siempre.

El bar apareció unas calles después.

Su refugio habitual.

Oscuro.

Mediocre.

Y curiosamente acogedor.

Empujó la puerta y entró sentándose en la barra.

El camarero apenas lo miró.

Ya estaban en ese punto donde ambos habían aceptado mutuamente que Fénix jamás mejoraría como persona.

—Whisky —dijo mientras tomaba asiento.

—Qué sorpresa.

Minutos después el vaso estaba frente a él.

Fénix bebió un largo trago y apoyó el codo sobre la barra.

Su mente volvió inevitablemente a la noche anterior.

Chamäleon.

Lilith.

Vampiros ricos bebiendo sangre con nombres elegantes.

Y aquella absurda propuesta laboral.

—Definitivamente no voy a aceptar ese trabajo…

Otro trago.

—Aunque el whisky gratis estuvo bueno.

El sonido de una silla moviéndose a su lado lo sacó de sus pensamientos.

Fénix giró apenas la cabeza.

Un chico joven.

Diecisiete años, quizá.

Nervioso.

Demasiado nervioso.

Perfecto.

Justo lo que necesitaba.

El joven tardó unos segundos en hablar.

—Eres tú… el de anoche.

Fénix lo observó en silencio.

—El que me ayudó en la fiesta.

Ah.

El humano.

Fénix tomó otro sorbo de whisky.

—Supongo.

—Gracias… en serio.

El chico parecía sinceramente agradecido.

Fénix, en cambio, parecía alguien que preferiría estar durmiendo sobre una vía de tren.

—Fénix —dijo finalmente.

Corto.

Seco.

Como una amenaza con nombre propio.

—Yo soy Xavier.

El chico sonrió apenas.

Fénix no devolvió la sonrisa.

Xavier siguió hablando igualmente.

—No esperaba encontrarme contigo aquí. Lo de anoche fue una locura.

—Sí. Las fiestas suelen ser así.

Xavier soltó una pequeña risa nerviosa.

Claramente todavía estaba intentando procesar todo.

—Yo solo pensé que sería una fiesta elegante… ya sabes, gente rica y rara. No esperaba… vampiros de verdad.

Fénix dejó escapar un suspiro cansado.

—La gente rica y rara suelen ser vampiros. Técnicamente no estabas tan equivocado.

Xavier dudó un momento antes de volver a hablar.

—Entonces… ¿eran reales?

—Sí.

—¿Todos?

—Sí.

—¿Y nadie hace nada al respecto?

Fénix apoyó el vaso sobre la barra.

—Bienvenido al mundo real, chico. Los monstruos existen. Algunos usan colmillos. Otros usan traje y corbata.

Xavier tragó saliva.

—¿Y tú cómo sabes tanto?

Fénix soltó una risa seca.

—Porque soy el problema opuesto.

Xavier frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Soy un lycan o licántropo como quieras.

Silencio.

Después:

—¿Cómo un hombre lobo?

—Sí, pero menos romántico y definitivamente no como en crepúsculo.

Xavier lo observó de arriba abajo.

Su mirada terminó inevitablemente en el brazo faltante.

—Pero… pensé que los hombres lobo podían regenerarse.

La expresión de Fénix se endureció ligeramente.

Tema equivocado.

—Eso es una estupidez inventada por Hollywood.

Su voz salió más fría.

—Podemos sanar heridas. No regenerar extremidades. Si pierdes algo… lo pierdes.

Xavier bajó un poco la mirada.

—Lo siento.

—Tranquilo ya me acostumbré a abrir puertas con la mano izquierda.

El chico soltó una pequeña risa incómoda.

Fénix volvió a beber whisky.

Xavier, sin embargo, seguía lleno de preguntas.

—Entonces… ¿los lycan son inmortales?

—Depende de lo que definas por inmortal.

—¿Más fuertes que los humanos?

—Sí.

—¿Más fuertes que los vampiros?

Fénix lo pensó unos segundos.

—Depende del vampiro. Y depende del lycan. Pero normalmente nosotros golpeamos más fuerte y ellos son más difíciles de matar. Una relación muy tóxica, en general.

Xavier parecía fascinado.

Como un niño descubriendo que los monstruos de los libros realmente existían.

—¿Y hay muchos como tú?

Fénix negó lentamente.

—Cada vez menos.

El tono cambió apenas.

Más serio.

Más pesado.

—Convertirse en lycan no es exactamente agradable.

Xavier inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Cómo funciona?

Fénix dejó escapar un suspiro.

—El virus entra en el cuerpo. Si tu ADN logra adaptarse… sobrevives. Si no…

Hizo una pausa breve.

—Tus órganos empiezan a colapsar lentamente hasta que mueres.

El silencio cayó entre ambos.

Xavier ya no parecía tan emocionado.

—Eso es horrible.

—Sí.

Fénix dio otro trago.

—La mayoría no sobrevive.

Xavier permaneció callado unos segundos antes de hacer otra pregunta.

—¿Y las mujeres lycan?

Fénix arqueó apenas una ceja.

Pregunta inesperada.

Su mente intentó avanzar.

Pero el nombre de Enid apareció antes que cualquier otra cosa.

Molesto.

Doloroso.

Persistente.

Desvió la mirada hacia el whisky.

—No hay muchas.

Su voz salió más baja.

—La mayoría muere durante la infección. Pero las que sobreviven…




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