CAPÍTULO 253: Condenados
Los niveles privados de BloodVine permanecían sumidos en un silencio impecable.
Pasillos negros, iluminación tenue, cristal, acero y lujo frío. El tipo de lugar diseñado para ocultar monstruos bajo una apariencia corporativa elegante.
Lilith D'Arven avanzaba con paso firme por las instalaciones. Sus tacones resonaban suavemente contra el mármol pulido mientras repasaba mentalmente cada variable del juego que estaba a punto de poner en marcha.
No era un simple contrato.
No era un empleo.
Era una cacería.
Su cacería.
O mejor dicho la de su familia, cada ciento treinta y cinco años la familia D'Arven disfrutaba de su programa favorito... ver la casería, este año Lilith había sido la encargada de su realización.
Finalmente llegó ante una enorme puerta blindada. El escáner reconoció su presencia y el acceso se abrió con un siseo hidráulico.
La sala interior era amplia, oscura y opresiva.
En el centro descansaba una gigantesca mesa de madera negra cubierta de expedientes, fotografías, mapas y perfiles psicológicos.
Y alrededor de aquella mesa...
esperaban los cazadores.
El aire estaba cargado de tensión.
Algunos permanecían sentados.
Otros simplemente observaban en silencio.
Depredadores.
Asesinos.
Condenados.
Lilith se acercó lentamente hasta la mesa.
Golpeó suavemente la madera con un dedo.
Toda la sala quedó en absoluto silencio.
—Aquí están los elegidos —dijo con calma glacial—. Los mejores entre los peores.
Sus ojos rojos recorrieron lentamente cada rostro.
—En tres días comenzará el juego. Fénix Rogers será la presa. No habrá arena. No habrá horarios. No habrá reglas de combate.
Hizo una pausa.
—Lo encontrarán donde duerma... donde coma... donde baje la guardia.
Una sonrisa mínima apareció en sus labios.
—Y tendrán una sola misión: cazarlo.
El primero en incorporarse fue un hombre oriental vestido con un impecable traje oscuro.
Musashi.
Vampiro japonés.
Más de cuatro siglos de existencia comprimidos en una presencia silenciosa y aterradora.
Una katana descansaba apoyada contra su hombro.
Su mirada era tranquila.
Demasiado tranquila.
Como la calma antes de una ejecución.
Lilith giró ligeramente hacia él.
—Musashi.
El vampiro levantó apenas la vista.
—Tus movimientos son más rápidos que la percepción humana. Tus víctimas rara vez comprenden que han sido cortadas hasta que su cuerpo cae al suelo.
Musashi sonrió apenas.
Una sonrisa pequeña.
Vacía.
—Serás la sombra de esta cacería.
Del otro lado de la mesa, una enorme carcajada grave retumbó en la habitación.
Boris.
Dos metros cuarenta de puro músculo, colmillos y brutalidad.
El vampiro ruso parecía menos un hombre y más una anomalía biológica diseñada para destruir edificios.
Sus enormes dedos tamborileaban sobre la mesa.
Lilith apenas lo miró.
—Boris.
Él sonrió mostrando los colmillos.
—No necesitas armas. Nunca las necesitaste.
Boris soltó una risa gutural.
Lilith continuó sin inmutarse.
—Tu fuerza romperá defensas, paredes, refugios… y huesos.
El siguiente permanecía sentado, perfectamente inmóvil.
Guantes quirúrgicos negros.
Traje impecable.
Mirada clínica.
Dr. Schrödinger.
Lycan.
Cirujano.
Psicópata funcional.
Un hombre capaz de matar con la precisión matemática de una operación médica.
Lilith sostuvo su mirada.
—Doctor.
Schrödinger acomodó ligeramente sus lentes.
—Cortar tendones. Colapsar pulmones. Interrumpir arterias. Usted convierte la anatomía en un arma.
El médico sonrió con educación inquietante.
—La biología siempre encuentra el punto exacto donde duele más.
Lilith asintió.
—Fénix ni siquiera sabrá cuándo empezó a morir.
Una sombra pesada pareció llenar la habitación cuando otro hombre dio un paso hacia adelante.
Judas.
Lycan.
Gigantesco.
Cubierto de cicatrices.
Sus ojos tenían algo incorrecto.
Algo profundamente antinatural.
Como si hubiera mirado demasiado tiempo dentro del infierno.
Su fuerza era absurda.
Su crueldad... peor.
Lilith mantuvo la compostura.
—Judas.
El lycan sonrió lentamente.
—He oído cosas interesantes sobre Roger.
—Tu expediente menciona destrucción militar, masacres y tortura prolongada.
Judas soltó una carcajada ronca.
—Me gusta escuchar, los últimos suspiros siempre es divertido.
Lilith simplemente respondió:
—Entonces haz lo que mejor sabes hacer.
Finalmente…
el último participante abrió los ojos.
Boaz.
Anciano.
Vampiro.
Leyenda.
No imponía por tamaño.
No imponía por fuerza visible.
Imponía por algo mucho peor.
Experiencia.
Siglos perfeccionando el acto de matar.
Su presencia apenas ocupaba espacio…
y precisamente eso lo volvía aterrador.
Lilith lo observó unos segundos.
—Boaz.
El anciano sonrió levemente.
—Hace siglos que no participo en este juego.
—Entonces considérelo un regreso.
Silencio.
Boaz apoyó las manos sobre su bastón.
—¿Y qué hace tan especial a este tal Fénix Roger?
Lilith respondió sin vacilar.
—Digamos que es famoso por sobrevivir a los imposible.
La sala quedó inmóvil.
Luego añadió:
—No lo subestimen.
Eso provocó varias sonrisas.
Judas se rio.
Boris resopló.
Musashi permaneció inmóvil.
Pero Lilith continuó hablando.
—Fénix no es el hombre roto que aparenta ser. Es peligroso, impredecible y desesperado.
Sus ojos se endurecieron.
—Y los hombres desesperados suelen ser los más difíciles de matar.
Se inclinó ligeramente sobre la mesa.