Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 256: El filo final

CAPÍTULO 256: El filo final

La noche de Berlín parecía haberse vuelto más fría.

El aire estaba cargado de humedad, sangre y humo de pólvora.

Fénix y Musashi permanecían frente a frente en mitad de la avenida destruida, iluminados únicamente por los neones distantes y la luz enfermiza de la luna llena.

Ambos respiraban con dificultad.

La sangre descendía lentamente por el rostro de Fénix, cubriéndole media cara y empapando el cuello de su chaqueta. Sus heridas ardían como fuego vivo, pero seguía de pie.

Seguía mirándolo.

Seguía desafiándolo.

Musashi observó los fragmentos de su katana rota esparcidos sobre el asfalto.

Silencio.

Un silencio pesado.

Extrañamente respetuoso.

Fénix escupió sangre hacia un costado y sonrió con cansancio.

—¿Y ahora qué vas a hacer… samurái? —preguntó con la voz ronca—. Ya no tienes espada.

Musashi levantó lentamente la vista.

Sus ojos oscuros se clavaron en él.

Por primera vez desde que comenzó el combate, el vampiro parecía verdaderamente interesado.

Abrió la boca para responder.

Nunca llegó a hacerlo.

Fénix desapareció de su posición.

El lycan avanzó como una bestia herida impulsada únicamente por adrenalina y rabia.

Su puño izquierdo se hundió brutalmente contra el rostro de Musashi.

BOOM.

El impacto sonó como un choque metálico.

La mandíbula del vampiro se deformó violentamente.

Musashi salió disparado varios metros hacia atrás.

Atravesó el escaparate de un restaurante abandonado.

Cristales.

Madera.

Metal.

Todo explotó en pedazos.

Un segundo después, una explosión iluminó la calle.

Las llamas surgieron desde el interior del local, probablemente alcanzando alguna tubería de gas vieja.

La onda expansiva recorrió la avenida.

El fuego pintó de naranja los edificios cercanos.

Fénix cayó de rodillas.

Su respiración se quebró inmediatamente.

El dolor regresó de golpe.

Toda la adrenalina comenzaba a desaparecer.

La sangre goteaba constantemente desde las heridas abiertas de su rostro.

Sus músculos temblaban.

Su visión se volvía borrosa por momentos.

Xavier corrió hacia él de inmediato.

—¡Fénix!

Lo sostuvo del hombro antes de que terminara desplomándose por completo.

—¿Estás bien?

Fénix soltó una pequeña risa cansada.

Una risa rota.

—Sí… claro…

Escupió sangre.

—Nada que un buen cigarro no pueda arreglar.

Con movimientos torpes, buscó dentro de su chaqueta.

Sus dedos ensangrentados encontraron una cajetilla aplastada.

Sacó un cigarro.

Lo colocó entre sus labios.

La mano le temblaba ligeramente mientras intentaba encenderlo.

Después de dos intentos fallidos, finalmente apareció la llama.

Aspiró humo lentamente.

Cerró los ojos un segundo.

Como si aquello fuese suficiente para mantenerlo cuerdo.

A lo lejos, el restaurante seguía ardiendo.

Las llamas crepitaban bajo la noche berlinesa.

Xavier observó el fuego y luego volvió la mirada hacia Fénix.

Todavía no podía creer lo que acababa de ver.

Ese monstruo había cortado balas.

Y aun así…

Fénix había conseguido hacerlo volar de un puñetazo.

El lycan exhaló humo lentamente mientras volvía a ponerse de pie.

Le costó.

Muchísimo.

—Vámonos.

Xavier asintió.

No discutió.

Ambos comenzaron a caminar nuevamente por las calles desiertas de Berlín.

La luna llena seguía observándolos desde arriba.

Fénix avanzaba con la escopeta recortada apoyada sobre el hombro izquierdo.

Su rostro estaba destruido.

La sangre seguía cayendo lentamente por su mandíbula.

Aun así…

seguía caminando.

Como si estuviera acostumbrado a sobrevivir roto.

El silencio duró varios minutos.

Hasta que Fénix habló.

—Lamento lo de la Wildey.

Xavier lo miró confundido.

Fénix bajó ligeramente la vista hacia el arma destruida que había quedado atrás.

—Era una buena Magnum.

Su voz sonó extrañamente apagada.

—La única cosa decente que me quedaba.

Luego levantó apenas la escopeta.

—Pero todavía tengo esto.

Xavier intentó responder algo.

No pudo.

Un sonido pesado interrumpió el momento.

THOOM.

THOOM.

THOOM.

Las vibraciones recorrieron el suelo.

Pasos.

Pesados.

Anormalmente pesados.

Fénix se detuvo inmediatamente.

Sus ojos se endurecieron.

Desde el fondo de la calle, una silueta gigantesca emergió lentamente de la oscuridad.

Enorme.

Desproporcionada.

Dos metros cuarenta de puro músculo y monstruosidad.

Boris.

El vampiro ruso apareció bajo la luz de un cartel luminoso.

Y parecía una pared de carne imposible de derribar.

Sonrió mostrando los colmillos.

—Ah…

Su voz sonó grave.

Bestial.

—El hombre lobo.

Fénix frunció el ceño inmediatamente.

Incluso medio muerto seguía teniendo energías para molestarse.

—"Hombre lobo" es un término bastante ofensivo, ¿sabes?

Boris arqueó una ceja.

Fénix continuó caminando lentamente hacia él.

—Porque los hombres lobo son técnicamente—

BAM.

El puñetazo de Boris impactó directamente en el pecho de Fénix.

No pareció un golpe humano.

Pareció el choque de un camión.

El cuerpo del lycan salió disparado violentamente hacia atrás.

Atravesó una parada de autobús.

Se estrelló contra una pared de concreto.

CRACK.

El cemento se agrietó.

Fénix cayó al suelo tosiendo sangre.

Un dolor insoportable explotó dentro de su torso.

Sintió algo romperse.

Varias cosas.

Costillas.

Posiblemente vértebras.

El aire desapareció de sus pulmones.

Xavier corrió hacia él.




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