CAPÍTULO 257: Supervivencia
Boris gritó.
No un rugido.
No una amenaza.
Un grito auténtico.
Desgarrador.
Su enorme cuerpo retrocedió tambaleándose mientras humo gris brotaba de su piel.
La carne empezó a arder.
Ampollas negras se extendieron por sus brazos monstruosos.
El nitrato de plata se adhería a su cuerpo como veneno líquido.
—¡¡AAAAARGHHHH!!
El gigante ruso cayó sobre una rodilla, retorciéndose.
Su piel se consumía lentamente.
Los colmillos chocaban entre sí mientras intentaba arrancarse con las manos las zonas contaminadas.
Xavier miraba la escena paralizado.
—Dios mío...
Fénix apenas consiguió rodar lejos de la explosión, tosiendo sangre.
Cada músculo de su cuerpo protestaba.
Pero seguía vivo.
Y eso, por ahora, bastaba.
Boris lanzó una mirada llena de odio puro.
—¡TE... MATARÉ...!
—Ponte... en la fila...
murmuró Fénix.
Luego agarró a Xavier del abrigo.
—Vamos... ahora...
—¡¿QUÉ?! ¡Estás destrozado!
—Precisamente por eso... muévete.
Sin esperar respuesta, Fénix empezó a caminar tambaleándose por la avenida nocturna.
Cada paso parecía una tortura.
La mitad de su rostro seguía abierta por los cortes de Musashi.
Su mandíbula crujía.
La sangre seguía cayendo desde su ceja destruida.
Detrás de ellos, Boris continuaba rugiendo envuelto en humo plateado.
No muerto.
Solo furioso.
Mucho más furioso.
Mala noticia.
Muy mala noticia.
Las luces de Berlín pasaban borrosas frente a sus ojos.
Xavier lo ayudó a mantenerse en pie mientras avanzaban entre calles vacías y escaparates cerrados.
El silencio duró varios minutos.
Solo respiraciones pesadas.
Sirenas lejanas.
Y el sonido húmedo de la sangre cayendo sobre el pavimento.
Finalmente, Fénix habló.
—Vamos.
Xavier levantó la mirada.
—¿Qué?
—Metro. Tomaremos un atajo por el metro.
Escupió sangre hacia un costado.
—Es más rápido... y nos mantendrá fuera de la vista.
Xavier todavía parecía procesar lo ocurrido.
—¿Fuera de la vista? ¡Acabas de volar media calle con una granada química!
—Si eso no importa ahora.
Continuaron avanzando.
Xavier observó de reojo las heridas abiertas de Fénix.
No entendía cómo seguía caminando.
No entendía cómo seguía consciente.
—¿Tienes siquiera un plan? —preguntó finalmente.
Fénix soltó una risa seca.
Dolorosa.
—Sobrevivir.
—Otra vez esa mierda.
—Porque sigue siendo el plan.
Descendieron rápidamente hacia la estación de metro semivacía.
Las escaleras subterráneas parecían tragarse el sonido de la ciudad.
Más oscuridad.
Más humedad.
Más sombras.
Perfecto.
Justo donde asesinos o asaltantes podían aparecer cómodamente.
Xavier sujetó con fuerza el revólver.
—Esto se siente como una pésima idea.
Fénix encendió otro cigarro como pudo.
No sabía si por dolor, agotamiento o pérdida de sangre.
Probablemente las tres.
Dio una larga calada.
—Mierda me duele todo el cuerpo.
El eco de sus pasos resonó por el túnel.
El aire subterráneo era frío.
Pesado.
Claustrofóbico.
Y en algún lugar de Berlín...
cinco monstruos seguían cazándolos.
Musashi.
Judas.
Schrödinger.
Boaz.
Y un Boris herido… pero definitivamente no muerto.
El túnel del metro olía a humedad, hierro oxidado y podrido.
El eco de sus pasos se arrastraba por las paredes de hormigón mientras Fénix y Xavier avanzaban entre la penumbra, iluminados apenas por algunas luces de emergencia parpadeantes.
Ninguno hablaba.
La adrenalina seguía bombeando con violencia dentro de sus cuerpos.
Las manos de Xavier aún temblaban ligeramente después del enfrentamiento con Boris.
Fénix caminaba unos pasos delante de él, la regeneración ya había echo su efecto y su cuerpo ya estaba parcialmente curado.
Aunque su cuerpo seguía cubierto de sangre.
Parte de su rostro seguía abierto por los cortes de Musashi.
Su abrigo estaba chamuscado por la explosión del nitrato de plata.
Cada respiración parecía dolerle.
Pero aun así seguía caminando.
Cigarro en la boca.
Escopeta en mano.
Como si negarse a caer fuera una cuestión de orgullo enfermizo.
A lo lejos, un débil haz de luz descendía desde una abertura circular.
La salida.
Fénix empujó la tapa con su brazo izquierdo.
El metal chirrió.
El aire frío de Berlín los golpeó de lleno cuando emergieron nuevamente a la superficie.
Xavier tomó una profunda bocanada de aire.
—¿Y ahora? —preguntó, mirando las calles vacías alrededor—. ¿A dónde demonios vamos?
Fénix encendió otro cigarro usando el anterior.
Exhaló lentamente.
—Hay un supermercado cerca de aquí.
Xavier parpadeó.
—¿Hablas en serio?
—Necesitamos calorías, agua… y diez minutos sin que alguien intente asesinarlos de la manera mas brutal posible.
—Eso suena bastante optimista viniendo de ti.
—No te acostumbres.
Comenzaron a caminar.
Las calles berlinesas estaban extrañamente silenciosas.
Semáforos cambiando de color para nadie.
Farolas vibrando bajo el viento nocturno.
Alguna sirena distante.
Nada más.
Finalmente llegaron frente a un pequeño supermercado.
Oscuro.
Persianas bajas.
Cerrado.
Xavier cruzó los brazos.
—Bueno… genial.
Fénix ni siquiera desaceleró.
Simplemente colocó la mano sobre la puerta metálica.
CRACK.
El metal cedió bajo su fuerza.
El chirrido resonó en toda la calle.
—Listo ya quedo solucionado —murmuró Fénix.
Las luces de emergencia bañaban el interior con una iluminación rojiza y enfermiza.