CAPÍTULO 260: Cena Familiar
Mansión D'Arven — Tercer Día de la Cacería
La sala principal de la mansión D'Arven estaba bañada por la tenue luz azulada de decenas de pantallas gigantes.
Mapas de Berlín.
Cámaras urbanas.
Sensores térmicos.
Drones.
Calles vacías.
Túneles del metro.
Azoteas.
Intersecciones abandonadas.
Todo el sistema de vigilancia privado de la familia trabajaba sin descanso.
Y aun así…
nada.
Absolutamente nada.
El señor D'Arven caminaba de un extremo al otro de la sala, claramente irritado.
Una copa de vino permanecía olvidada sobre una mesa de mármol negro.
Su paciencia llevaba horas agotada.
—¡Esto es un puto desastre! —estalló finalmente, golpeando con fuerza el respaldo de un sillón—. ¡Tres días!
¡TRES MALDITOS DÍAS!
La habitación quedó en silencio.
Lady D'Arven, impecablemente elegante como siempre, levantó apenas la vista desde su asiento.
Los hermanos de Lilith intercambiaron miradas incómodas.
Las pantallas continuaban mostrando calles vacías.
Nada de sangre.
Nada de muerte.
Nada de espectáculo.
Las puertas de la sala se abrieron lentamente.
Lilith entró con calma absoluta.
Tacones suaves.
Vestido oscuro.
Expresión serena.
Como si el caos del ambiente no existiera.
Su padre giró inmediatamente hacia ella.
—¡Ah, perfecto! —espetó con evidente irritación—. Quizá puedas explicarme por qué la cacería más importante de los últimos ciento treinta y cinco años se ha convertido en una completa humillación.
Lilith no respondió enseguida.
Solo avanzó lentamente hacia las pantallas.
Observó unos segundos las transmisiones.
Vacías.
Fuera de señal en varios sectores.
Invisible.
Interesante.
Lord D'Arven continuó.
—¡Nadie ha muerto!
¡Ni un solo condenado!
Las peleas ni siquiera han sido sorprendentes.
¿Dónde está el espectáculo?
¿Dónde está la grandeza?
¿Dónde está la sangre?
Su voz resonó por toda la sala.
—Y ahora, para empeorar las cosas… están fuera del radar.
Sin cámaras.
Sin rastreo.
Sin visuales confirmadas.
¡Estamos siguiendo sombras!
Lilith exhaló lentamente.
Calma absoluta.
Control absoluto.
—Padre.
Lord D'Arven la miró con impaciencia.
—No me llames “padre”, Lilith.
Explícame por qué esto se está derrumbando.
Ella giró lentamente hacia él.
Ni un gramo de nerviosismo en su rostro.
—Porque no se está derrumbando.
Silencio.
La sala entera la observó.
Lilith cruzó los brazos con tranquilidad.
—Tres días sin muertos no significa fracaso.
Significa resistencia.
Lord D'Arven soltó una risa seca.
—¿Resistencia? ¿Eso se supone que debe impresionarme?
—Un poco, sí.
Porque ninguno de los participantes anteriores habría durado ni siquiera la primera noche contra este grupo.
Eso consiguió apagar parcialmente la furia del patriarca.
Solo parcialmente.
Lilith continuó.
—Musashi perdió su katana.
Boris terminó ardiendo por nitrato de plata.
Boaz sigue persiguiéndolos sin resultados concluyentes.
Y el lycan continúa vivo.
No me parece precisamente aburrido.
Uno de los hermanos soltó una pequeña risa burlona.
Lord D'Arven lo silenció con una mirada.
—¿Y que estén fuera de radar también forma parte de tu brillante análisis?
Lilith observó una pantalla llena de estática.
Después sonrió apenas.
Una sonrisa pequeña.
Peligrosamente tranquila.
—No.
Eso sí me preocupa.
Porque significa que Fénix ha dejado de huir.
Y cuando alguien como él desaparece voluntariamente…
normalmente es porque está preparando algo.
La sala quedó en silencio otra vez.
Incluso Lord D'Arven dejó de caminar.
Lady D'Arven habló por primera vez, con voz suave.
—Una trampa.
Lilith asintió lentamente.
—Exactamente.
Una trampa.
Y si tengo razón…
la verdadera cacería todavía no ha comenzado.