CAPÍTULO 261: La emboscada invertida
El interior del granero permanecía sumido en una oscuridad densa.
Polvo suspendido.
Madera vieja.
El leve crujido de las vigas deformadas por los años.
Fénix y Xavier aguardaban ocultos en sus posiciones.
Silencio absoluto.
Demasiado absoluto.
Fénix sostenía la escopeta firmemente contra su hombro, apuntando directamente hacia la entrada principal.
Un cigarro apagado colgaba olvidado entre sus labios.
Su ojo permanecía clavado en la puerta.
Esperando.
Calculando.
Sintiendo.
—Mantente alerta —susurró sin apartar la vista—. Apenas crucen esa puerta… disparamos.
Xavier, agazapado unos metros detrás, sostuvo la katana de plata con ambas manos.
Asintió en silencio.
La tensión era tan espesa que casi podía respirarse.
Entonces…
algo cambió.
Fénix lo sintió primero.
No provenía de la puerta.
No.
Venía de abajo.
Su expresión se endureció.
—…Mierda.
CRAAACKKKK
El suelo explotó violentamente bajo sus pies.
Madera astillada.
Polvo.
Fragmentos disparados por el aire.
Una masa oscura emergió desde el subsuelo atravesando el piso como una bestia rompiendo una tumba.
Boaz.
Sus ojos brillaban salvajemente entre los restos de madera destrozada.
No había entrado por la puerta.
Había invertido la emboscada.
—Sorpresa —gruñó con una sonrisa monstruosa.
Antes de que Fénix pudiera reaccionar—
BAM.
Un golpe devastador lo impactó de lleno.
El lycan salió despedido violentamente a través del granero.
Su cuerpo atravesó cajas, herramientas oxidadas y una columna lateral antes de estrellarse contra una pared.
Su escopeta salió girando por el aire.
Demasiado lejos.
Demasiado mal.
Y entonces…
la peor parte.
CLICK.
Los ojos de Fénix se abrieron apenas.
Reconocimiento instantáneo.
Una de sus propias trampas.
Demasiado tarde.
BOOOOOM.
La explosión sacudió todo el granero.
Llamas.
Madera ardiendo.
La onda expansiva barrió el segundo piso.
El fuego envolvió parcialmente el cuerpo de Fénix.
El dolor llegó un segundo después.
Brutal.
Abrumador.
Quemaduras abiertas recorriendo su brazo, torso y cuello.
El olor de carne chamuscada llenó el ambiente.
Fénix cayó de rodillas entre humo y cenizas.
Respirando con dificultad.
Mal.
Muy mal.
Pero vivo.
Todavía vivo.
Xavier no dudó.
Con la katana en mano.
Dio un paso adelante.
—¡Vamos, monstruo de mierda!
Se lanzó directamente contra Boaz.
Mientras tanto, Fénix intentaba incorporarse entre las llamas apagándose alrededor suyo.
Cada músculo gritaba dolor.
Cada respiración quemaba.
Aun así…
cargó.
Directamente hacia Boaz.
Puño cerrado.
Pura obstinación suicida.
Boaz ni siquiera lo dejó acercarse.
WHOOOM.
Un puñetazo brutal directo al abdomen.
El aire abandonó los pulmones de Fénix de golpe.
Su cuerpo se dobló violentamente.
Rodillas al suelo.
Visión borrosa.
Dolor blanco.
Xavier aprovechó la apertura.
Giró la katana.
Y la hoja de plata atravesó el torso de Boaz.
Entró.
Y salió por la espalda.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Nada.
Absolutamente nada.
Boaz giró lentamente la cabeza hacia Xavier.
Sonriendo.
Sonriendo.
—¿Eso era todo?
Su voz resonó grave dentro del granero.
Con un movimiento brutal—
CRASH.
Agarró a Xavier y lo lanzó contra una pared.
Madera reventándose.
Astillas.
La katana escapó de sus manos.
Fénix, jadeando entre sangre y humo, comenzó a arrastrarse.
Centímetro a centímetro.
Hacia la escopeta.
Su única oportunidad.
Solo un poco más—
Una sombra cayó sobre él.
Boaz.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
Lo agarró por los hombros y lo levantó del suelo sin esfuerzo.
—Tienes una obsesión enfermiza con seguir levantándote.
Fénix escupió sangre.
—Sí… tengo varios defectos.
Boaz sonrió.
Luego colocó ambas manos alrededor de la cabeza de Fénix.
Y comenzó a apretar.
Lento.
Metódico.
Disfrutándolo.
El dolor fue inmediato.
Absoluto.
Los gritos de Fénix resonaron por todo el granero.
Sangre brotando de nariz.
Oídos.
Ojos.
El cráneo comenzando a ceder bajo aquella presión monstruosa.
—¡¡GRAAAAHHHH!!
El dolor era una mezcla de oscuridad, dolor y una presión insoportable.
Algo dentro de su cabeza comenzaba literalmente a fracturarse.
En un último acto puramente instintivo…
su brazo izquierdo se movió.
Un golpe directo.
Seco.
Torpe.
Suficiente.
Boaz aflojó el agarre apenas un segundo.
Solo uno.
Fénix cayó al suelo violentamente.
Respirando como un animal moribundo.
No podía moverse bien.
No podía pensar bien.
Sentía su cerebro latiendo dentro del cráneo roto.
Todo sonaba lejano.
Distorsionado.
Y entonces vio a Xavier.
Otra vez de pie.
Otra vez cargando hacia Boaz.
Un idiota absoluto o tal vez un valiente absoluto.
La katana volvió a atravesar el cuerpo del vampiro.
Otra vez.
Sin efecto real.
Boaz ni siquiera ocultó su fastidio.
Sus ojos comenzaron a brillar rojo intenso.
Pupilas depredadoras.
Colmillos expuestos.
Con una velocidad explosiva se lanzó directo hacia el cuello de Xavier.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
Pero Xavier reaccionó.
Último segundo.