CAPÍTULO 263: Reencuentro en Berlín
El restaurante estaba extrañamente tranquilo para una ciudad como Berlín.
A través de los ventanales, el atardecer teñía las calles de tonos cálidos, aunque ninguno de los dos parecía particularmente interesado en contemplarlo.
Fénix removía lentamente el café frente a él.
Llevaba más vendajes que ropa visible.
Cortes recientes, quemaduras todavía frescas bajo las capas de vendas improvisadas.
Xavier tampoco estaba precisamente entero, pero al lado de Fénix parecía haber salido bien parado del desastre.
Durante unos segundos ninguno habló.
Solo el sonido lejano de conversaciones ajenas, platos chocando y una vieja canción de fondo.
Xavier terminó rompiendo el silencio.
—Un poco más… y la historia terminaba diferente.
Su voz sonó cansada.
Más reflexiva que humorística.
Fénix observó el humo ascender desde su taza antes de responder.
—Sí…
Tomó un pequeño sorbo.
—Pero no terminó así, ¿verdad?
Una leve sonrisa torcida apareció en su rostro.
—Aunque admito que estuvimos ridículamente cerca.
Xavier soltó una breve risa nasal.
—"Ridículamente cerca", dice el hombre que casi muere de la manera mas horrible posible.
—Detalles técnicos.
La conversación murió otra vez.
No era incomodidad.
Era agotamiento.
El tipo de cansancio que se instala después de sobrevivir a algo que nunca debieron sobrevivir.
Fue entonces cuando alguien ocupó la silla frente a ellos sin pedir permiso.
Fénix levantó apenas la vista.
Lilith.
Elegante como siempre.
Perfectamente compuesta.
Como si el caos, la sangre y las noches imposibles fueran simples inconvenientes menores dentro de su agenda.
Apoyó un brazo sobre la mesa.
Una pequeña sonrisa descansaba en sus labios.
—Vaya… mis héroes de Berlín siguen respirando.
Fénix entrecerró ligeramente los ojos.
Instintivamente desconfiado.
—Anoche fue un puto desastre.
—Si, bueno pero sobrevivieron ¿no?.
—Mínimo.
Lilith dejó escapar una pequeña risa.
Había algo peligrosamente tranquilo en ella.
Algo que siempre obligaba a Fénix a mantenerse alerta.
—Lo que hicieron fue impresionante —dijo—. No cualquiera sobrevive a alguien como Boaz.
Fénix apoyó la espalda contra la silla.
—Sobrevivir nunca fue el problema.
—¿Ah, no?
—No.
Miró fugazmente sus vendajes.
—El problema suele ser el precio.
Lilith lo observó unos segundos.
Como si estuviera evaluándolo.
Midiendo cuánto daño seguía ocultando detrás de sus frases.
Luego se inclinó apenas hacia adelante.
—Sabes… deberías aprender a relajarte un poco, Fénix.
Su tono era suave.
Demasiado suave.
—Has demostrado tener cierto talento para manejar situaciones... intensas.
Puede que haya otros desafíos esperándote.
Fénix captó inmediatamente el doble sentido.
Xavier también.
Y, para desgracia de ambos, parecía estar disfrutándolo.
Fénix apoyó lentamente la taza sobre el plato.
—Desafíos nunca me faltan, Lilith.
Su mirada no abandonó la de ella.
—La pregunta importante sigue siendo la misma.
¿De qué lado estás?
Lilith sonrió.
Pero no respondió realmente.
Fénix dejó escapar un largo suspiro.
Miró el café.
Luego habló casi para sí mismo.
—Me quedan tres.
Xavier levantó una ceja.
Lilith permaneció inmóvil.
—Cuatro bastardos más.
Sus dedos golpearon suavemente la mesa.
—Después de eso…
Por primera vez hubo algo parecido a esperanza en su voz.
Pequeña.
Cuidadosamente contenida.
—Después de eso, seré libre.
Lilith aprovechó inmediatamente aquella grieta emocional.
—¿Y después?
Fénix la miró.
Ella sostuvo su mirada sin vacilar.
—Bloodvine. No te gastaría unirte a nosotros.
Lo dijo con naturalidad.
Como si estuviera ofreciendo un empleo cualquiera.
La respuesta llegó antes de que el silencio pudiera asentarse.
—No.
Seca.
Directa.
Definitiva.
—Ya hablamos de esto.
Lilith no apartó la mirada.
Fénix continuó.
—No quiero saber nada mas de organizaciones.
No quiero cadenas nuevas.
Ni favores.
Ni deberle nada a nadie.
Hubo un breve silencio.
Pero Lilith no pareció decepcionada.
Solo... preparada.
Como si hubiera esperado exactamente esa respuesta.
Entonces cambió de tema con una facilidad inquietante.
—Escuché que perdiste tu Magnum.
Fénix hizo una mueca inmediata.
—No me lo recuerdes.
Lilith sacó una caja de madera pulida y la colocó suavemente sobre la mesa.
—Entonces tal vez esto mejore tu humor.
Fénix la observó con evidente sospecha.
Luego abrió la caja.
Y se quedó quieto.
Dentro descansaba una Magnum Desert Eagle Mark XIX.
Nueva.
Más refinada.
Más robusta.
Pero no fue el arma lo que lo silenció.
Fue el grabado.
Sus ojos quedaron fijos en las palabras inscritas en el metal.
"A través del caos y la sombra, siempre te encontraré, mi Fénix. – Enid."
El restaurante desapareció por un instante.
El ruido.
La ciudad.
La mesa.
Todo.
Solo quedaron aquellas palabras.
Viejas heridas.
Viejos recuerdos.
Algo se tensó dentro de él.
Algo que había aprendido a mantener enterrado durante demasiado tiempo.
Lilith habló, rompiendo lentamente el silencio.
—Mayor capacidad.
Aleación de plata reforzada.
Mejor precisión.
Mecanismo optimizado.
Está hecha para durar.
Pero Fénix apenas escuchaba la explicación técnica.
Su pulgar recorría lentamente el grabado.
Como si necesitara comprobar que era real.