Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 266: Los Roger-3

CAPÍTULO 266: Los Roger-3

Tom observó con atención las vendas que rodeaban el cuello del joven. Su expresión se volvió más seria mientras acercaba la silla a la cama.

—Debo admitir que sigues sorprendiéndome, muchacho. Cuando te trajeron aquí, nadie pensó que llegarías a despertar.

Fénix frunció el ceño.

—¿Tan mal estaba?

Tom soltó una pequeña risa sin humor.

—Déjame decirlo de esta forma. Tuvimos que darte más de treinta puntos de sutura en el cuello. La herida era profunda. Muy profunda. Habías perdido mucha sangre y la fiebre no ayudaba precisamente.

Fénix bajó la mirada hacia las vendas.

De repente, el dolor que sentía adquirió mucho más sentido.

Tom continuó hablando.

—Las primeras horas fueron las peores. Apenas respirabas. Hubo momentos en los que pensé que tendría que preparar tu entierro antes que tu desayuno.

—Vaya forma de animar a alguien.

—Prefiero la verdad a las mentiras.

Fénix soltó un suspiro.

El anciano parecía el tipo de persona que decía exactamente lo que pensaba.

Tom cruzó las manos sobre el regazo.

—Ahora que sabemos que vas a sobrevivir, hay algo que me gustaría preguntarte.

—¿Qué cosa?

—¿Cómo terminaste en ese estado?

La habitación quedó en silencio.

Fénix dudó unos segundos.

Sabía perfectamente cómo sonaría la historia.

Pero tampoco tenía ganas de inventar una mentira.

—Me perdí en el bosque.

Tom asintió para que continuara.

—Había ido a la granja de mi abuela. Algo estaba matando su ganado. Todos creían que era un lobo.

—¿Y no lo era?

Fénix negó lentamente.

Su rostro perdió algo de color al recordar aquella noche.

—No.

Tom permaneció inmóvil.

—¿Qué viste?

Fénix tragó saliva.

—Una criatura.

—¿Una criatura?

—Era enorme. Más de dos metros de altura. Caminaba sobre dos patas. Tenía el cuerpo cubierto de pelo gris, músculos por todas partes y unos ojos que parecían brillar en la oscuridad.

La expresión de Tom no cambió.

Ni siquiera un poco.

Aquello llamó la atención de Fénix.

—¿No piensa decir que estoy delirando?

—No.

—¿Ni que la fiebre me hizo imaginar cosas?

—Tampoco.

Fénix lo observó fijamente.

—La mayoría de la gente se reiría de mí.

Tom guardó silencio durante unos segundos.

Después se levantó lentamente de la silla.

—La mayoría de la gente nunca ha visto lo que existe más allá de los caminos seguros.

El anciano caminó hacia la ventana.

La luz gris de la mañana iluminó parcialmente su rostro.

—Dime una cosa, Fénix.

—¿Qué?

—Cuando esa criatura te atacó... ¿te mordió?

Fénix sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Instintivamente llevó una mano hacia las vendas de su cuello.

—Sí.

Tom cerró los ojos por un instante.

Y cuando volvió a abrirlos, su expresión era mucho más grave que antes.

—Entonces tenemos un problema. Uno muy serio.

Minutos después, Fénix caminaba lentamente junto a Tom por los largos pasillos de piedra de la catedral.

Cada paso le recordaba la gravedad de sus heridas.

El lado izquierdo de su cuello permanecía rígido y adormecido debido a la mordida. Intentar girar la cabeza le provocaba una punzada desagradable que recorría su hombro y parte de la espalda.

Las vidrieras coloreaban el suelo con tonos rojizos y dorados mientras la luz de la mañana atravesaba el edificio.

El lugar era antiguo.

Mucho más antiguo que cualquier iglesia que Fénix hubiera visto en su pueblo.

El silencio solo era interrumpido por el eco de sus propios pasos.

—Todavía me cuesta creerlo —murmuró Fénix mientras avanzaban—. Lo que vi en el bosque... esa cosa...

Tom caminaba con las manos cruzadas detrás de la espalda.

—Lo sé.

—¿Y realmente sabes qué era?

—Sí.

El anciano continuó avanzando unos metros antes de responder.

—La criatura que te atacó recibe muchos nombres.

Fénix levantó la mirada.

—¿Muchos nombres?

—Demasiados. Los franceses los llaman loup-garou. Algunos pueblos del este los conocen como licántropos. Otros los llaman hijos de la luna. Los más supersticiosos prefieren llamarlos demonios de la noche.

Fénix guardó silencio.

Aquellos nombres le resultaban extraños, pero también inquietantemente familiares, como si hubiera escuchado algunos en viejas historias alrededor de una chimenea.

—¿Y cuál es el correcto?

Tom se detuvo frente a una antigua estatua de piedra.

—Lycan.

La palabra resonó en el enorme pasillo.

—¿Lycan?

—Sí. Es el término más antiguo y más preciso.

Fénix observó al anciano con curiosidad.

—¿De dónde viene?

Tom pasó una mano por su barba antes de responder.

—Hace siglos, mucho antes de que existieran algunos de los reinos actuales, los eruditos estudiaban los relatos sobre hombres que se convertían en bestias. Utilizaban una palabra derivada de antiguas lenguas del Mediterráneo. "Lycos" significaba lobo, y con el paso del tiempo el término evolucionó hasta convertirse en Lycan.

—¿Entonces significa hombre lobo?

Tom negó lentamente.

—Si algo así.

Fénix sintió un escalofrío.

—Entonces hay más como esa cosa que me ataco.

Tom no respondió inmediatamente.

Su silencio fue suficiente.

—Muchos más —admitió finalmente.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Fénix tragó saliva.

Hasta hacía unos días, los monstruos solo existían en cuentos para niños.

Ahora caminaba por una catedral desconocida mientras un anciano le explicaba que las criaturas de las pesadillas eran reales.

Y lo peor de todo...

Era que una de ellas lo había mordido.

Tom reanudó la marcha.

Fénix lo siguió lentamente por el enorme corredor de la catedral, procurando no mover demasiado el cuello.




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