Las luces del parque de diversiones se empezaban a apagar una por una, como estrellas que se morían, la música feliz ya no sonaba, solo se escuchaban los pasos de la gente saliendo, riendo, con sus familias.
Y en el medio de todo, en una banca fría y vieja, se quedaron ellos, Aelira, Thaelor, Nova y Ezrion.
— Ya se fueron todos... — susurró Aelira con la voz chiquita, mirando el piso.
Nova se agarró la barriga que le sonaba durísimo.
— Ya no tenemos plata ni para comer siquiera. ¿Dónde vamos a dormir esta noche?— preguntó Nova
Un silencio feo cayó entre ellos, tenían frío, hambre y miedo.
El señor del puesto de dulces, un viejito que los había visto todo el día, se acercó con una escoba.
— Oigan muchachos... ¿me ayudan a recoger todas las mesas y a guardar todo? Me duele la espalda, si me ayudan, les doy todo lo que me sobró y para el bus, ¿Trato?
Los cuatro se miraron y dijeron ¡SÍ! al tiro.
Mientras recogían, entre cajas y olores dulces, el amor se empezó a asomar.
Thaelor cargaba una caja muy pesada y pasó al lado de Aelira a propósito, se le acercó tanto que solo ella lo escuchó.
— Aelira... — le dijo con la voz temblando — Estamos sin nada, sin plata, sin casa... pero aunque no tengamos ni para comer, ¿te quedarías conmigo siempre?
Aelira se puso roja como un tomate, el corazón le latía a mil, lo miró a los ojos y le dijo que sí con la cabeza, sin palabras, pero con todo su corazón.
Al otro lado del puesto, Ezrion vio la última manzana acaramelada, la más grande y brillante. La escondió rápido en su chaqueta, se acercó a Nova, que estaba cansada.
— Nova... — le dijo — Esta es para ti, por ser la más valiente hoy, por no rendirte nunca.
Nova la agarró y sus dedos rozaron los de él, los dos se sonrojaron.
Comieron ahí mismo, sentados en el suelo del parque ya vacío, algodón de azúcar pegajoso, manzana acaramelada y dos perros calientes que había sobrado. Era la mejor comida de sus vidas porque estaban juntos.
Se estaban riendo, apretados, cuando ¡PUM! Un estruendo fuerte se escuchó. Eran los 4 guardianes, sus papás. Llegaron corriendo, con la cara de preocupación que nunca les habían visto.
— ¡Hijos! — gritó el papá de Thaelor
Todos se levantaron, Aelira corrió a abrazar a su mamá.
— ¿Cómo nos encontraron? — preguntó Thaelor.
El papá de Thaelor los miró a los cuatro, muy serio.
— No hay tiempo para explicar, Rofreya se está muriendo, ¡vengan conmigo!, tengo un lugar.
Los llevó por detrás del parque, entre árboles oscuros, le pidió al papá de Ezrion que abriera un portal donde ya sabía, era un sótano. Un sótano viejo, húmedo, que ellos habían construido hace 19 años por si algún día Seraphine atacaba.
Bajaron por unas escaleras, cuando prendieron la luz, todos se quedaron con la boca abierta.
Las paredes estaban llenas de mapas de Rofreya que brillaban solos, espadas de guardianes y una mesa gigante en el medio con una esfera de cristal en el centro.
Los 4 herederos se sentaron a un lado, los 4 guardianes al otro, por primera vez, herederos y guardianes juntos.
El papá de Aelira golpeó la mesa.
— Seraphine se volvió loca — dijo — Tiene cautiva a la directora en el castillo negro. Está molesta, furiosa, porque no los pudo conseguir a ustedes.
La mamá de Nova activó la esfera, y lo que vieron los hizo llorar.
En la esfera se veía Rofreya, el cielo estaba negro y rojo, el pueblo gritaba, las casas quemándose, los niños corriendo, mucha gente muriendo.
— ¡No! — gritó Aelira tapándose la boca.
— Ese es el caos que desató — dijo el papá de Ezrion — Si no hacemos algo hoy, mañana ya no habrá Rofreya que salvar.
El silencio en el sótano pesaba, se escuchaba solo la respiración de todos.
Nova se paró de golpe, con los ojos llenos de lágrimas pero con rabia.
— Entonces ¿Qué estamos esperando?, ¡Tenemos que viajar YA! ¡Es nuestra casa!
Ezrion se paró a su lado— Nova tiene razón, tenemos miedo, sí, pero Rofreya nos necesita.
Thaelor se levantó también y agarró la mano de Aelira delante de sus papás, sin esconder nada.
— Yo no voy a dejar que destruya nuestro hogar — dijo mirando a Aelira — Vamos todos juntos hasta el final.
— Hasta el final— dijeron todos uniendo sus manos
Los 4 guardianes se miraron entre ellos y sonrieron orgullosos, ya no eran niños.
El papá de Thaelor sacó 4 capas nuevas, con el símbolo de los herederos bordado en oro, y se las entregó.
— Entonces está decidido — dijo con voz fuerte que retumbó en el sótano — Esta misma noche, herederos y guardianes, viajaremos a Rofreya para salvarla, aunque nos cueste la vida.
Los ocho pusieron sus manos en el centro de la mesa, la esfera brilló más fuerte que nunca.
Y el portal de Rofreya empezó a abrirse detrás de ellos.
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